viernes, 27 de abril de 2012

Fotografía de paisaje y niños


Desde que en el año 2006 nació mi primer hijo el tiempo que puedo dedicar a la fotografía es cada vez más escaso pero de una manera u otra siempre encuentro un huecos y momentos en los que sumergirme en mi pasión. Bien con alguna escapada de fin de semana, en solitario o con algún otro amante (léase loco) de la fotografía, bien con escapadas matutinas y bastante fugaces desde casa o cuando hacemos algún viaje en familia.

Tengo ya muy claro que viajar en familia con niños pequeños no está en absoluto reñido con  la fotografía de paisaje pero es necesario tener las ideas muy claras mucho antes de emprender el viaje.

Es cierto que estaremos mucho más limitados que quienes no viajan con niños, las oportunidades fotográficas serán mucho menores, en ocasiones nos tendremos que contentar con captar únicamente con nuestros ojos bellos atardeceres pero aún así, con una buena preparación y planificación del viaje, podremos maximizar nuestras posibilidades fotográficas y volver a casas con grandes fotos.

El objetivo que siempre me marco es doble. Por un lado seguir manteniendo un mínimo de calidad en mi trabajo pero a la vez dedicar a los nuestros todo el tiempo que merecen. ¿Cómo conseguir esto? El viejo dicho "divide y vencerás" tiene aquí más aplicación que nunca. Tanto la fotografía como la atención que precisan nuestros hijos pequeños requieren estar con los cinco sentidos y solapar ambas situaciones no hará más que dar al traste con cualquier intento de hacer las cosas bien.

Si algo he sacado en claro después de varios años es que si tenemos en mente una serie de pautas tendremos muchas garantías de volvernos casa, no con muchas fotos, pero si de calidad y con la satisfacción de haber aprovechado el viaje en lo que al aspecto fotográfico se refiere. Así pues mis consejos son:
  1. Planifica el viaje teniendo muy claro que los ratos que dediquemos a la fotografía de paisaje interfieran lo menos posible con los minutos que dediquemos a nuestra familia.
  2. Como parte de la planificación del viaje trata de recopilar la máxima información que puedas del lugar que pretendes visitar. Consulta a otros fotógrafos que conocen la zona, busca en Internet fotos que te descubran enclaves con potencial, etc. El objetivo es inspirarte y familiarizarte lo mas posible con uno o dos sitios con posibilidades. Si el destino elegido no te inspira busca otro o es difícil que regreses del viaje con fotos que consideres decentes.
  3. Los momentos más idóneos se dan en los límites del día y la noche, precisamente cuando los pequeños suelen estar durmiendo o a punto de irse a la cama. Los amaneceres serán los momentos más propicios para trabajar en soledad. Los atardeceres pueden ser más problemáticos, porque pueden coincidir con la hora de la cena. Una tercera opción, si tu pareja lo consiente, puede ser salir ya de noche en busca de escenas nocturnas.
  4. Estudia con antelación las horas de salida y puesta de sol. Por dónde saldrá y se ocultará y lo mismo para la luna. En caso de que la zona a visitar sea costera consulta las tablas de mareas y cómo pueden influir en las fotografías que piensas hacer. 
  5. Trata de buscar un alojamiento cercano al sitio a fotografiar. En unos 30-45 min, como mucho, debería permitirte llegar facilmente al lugar elegido. Con ello te aseguras que estarás de vuelta para desayunar con tus peques. Cerciórate antes de salir que en horas fuera de las habituales no hay problemas para salir o entrar del sitio donde te hospedas.
  6. Trata de organizar excursiones con los peques a las zonas elegidas para tener una primera toma de contacto con el lugar y tratar de pensar en posibles encuadres. Llegar de noche a un sitio que no conoces no suele ser muy recomendable y en la mayoría de las ocasiones será el factor determinante entre quedarte en la cama o vencer al Sr. Sueño.
  7. Trata de tener ya varias ideas preconcebidas en tu cabeza antes de salir a hace fotos.  Eso no significa que debas perseguir de forma ciega esas fotos soñadas pero supondrán un incentivo vital para salir con la dosis de ánimo e inspiración que hacen falta sobre todo si pretendemos escaparnos de madrugada.
  8. Durante el tiempo que estes con tu familia no dejes de hacer fotos, pero esta vez centra tu atención en los más pequeños. De esta forma continuarás engrasando el sentido de la percepción fotográfica pero enfrentándote a otros retos.

Conseguir fotos de mis hijos en una situación inusual o con unos gestos llamativos me sigue llenando de satisfación tanto o más que la fotografía de paisaje.

Con todo ello no hay nada asegurado, pero si algo puedo afirmar es que el nivel de planificación previo al viaje y la motivación que tengamos serán determinantes a la hora de volver satisfechos del viaje en lo familiar y en lo fotográfico.

Casi todas estas recomendaciones pueden también aplicarse en viajes sin niños con el fin de no machacar a nuestros acompañantes si no son muy devotos de la fotografía. No hay nada peor que estar aguantando a un pelmazo que dedica más 10min a cada foto. Y no hay nada más desesperante que hacer las fotos con prisas sin dedicarle todo el tiempo que merecen para no enfandar a quien nos está esperando.

Os dejo, a continuación ejemplos de fotos (muchas de ellas ya publicadas en este blog) que he conseguido en escapadas familiares viajando con los peques durante estos últimos años.

Foto tomada al atardecer en la playa de Liencres en Cantabria. Por la mañana aprovechando un paseo familiar descubrí el potencial de esta playa. Con programas como Google Earth o TPE pude averiguar exactamente por dónde se iba a poner el sol al atardecer. El amanecer en esta playa no ofrece tantas posibilides como el atardecer en el mes de abril. Esa misma tarde volvimos a la playa, pero esta vez ya trípode en mano. Tras localizar un encuadre con potencial pedí a mi pareja 10min de concentración total. Esta foto se ha publicado en varios medios y ha ganado algunos de los más prestigiosos concursos de fotografía a nivel nacional (relato ampliado).


Durante la preparación del viaje al Valle de Tena, pregunté por sitios con posibilidades no muy lejos de Sallent de Gallego, donde nos alojábamos, a mi buen amigo y fotógrafo Jesús Arranz. Uno de los recorridos que me sugirió no estaba a más de 15 minutos en coche y media hora andando por una ancha pista forestal. Días antes de tomar esta foto una excursión familiar me permitió tener una toma de contacto con el sitio y con el recorrido. Dos días seguidos me levanté a las 5:30 de la mañana hasta obtener esta foto que tantas alegrías me ha dado. También ha sido publicada en libros y revistas y ha ganado varios concursos de fotografía nacionales (relato ampliado).


La elección de unas vacaciones en la Costa Brava no fue del todo casual, pues tenía claro el potencial de esta zona del Mediterraneo. A poco que se busque en Internet son cientos las fotos que aparecen, en muchos casos con grandes niveles de calidad. Estaba claro que las mejores posibilidades las tendría al amanecer y varias escapadas en los diez días que pasamos allí me permitieron conocer bastante bien tres de las muchas calas con las que cuenta esta costa a tan sólo 15 minutos del hotel donde nos alojábamos. Esta foto en cuestión, de la playa de Belladona, la previsualicé el día anterior cuando ya estaba próximo a regresar al hotel y la luz del sol ya había perdido parte de su magia. Al día siguiente volví dispuesto a inmortalizar la imagen que tenía en mi cabeza. Esta foto aparecerá publicada próximamente. Ya os avisaré.


La playa de Benijo es un lugar que ningún fotógrafo de paisaje puede pasar por alto si visita la isla de Tenerife. Puesto que estaba bastante lejos de donde nos alojábamos no era una opción visitarla con antelación en solitario. No quedaba más remedio que visitarla en familia y ajustar la hora de visita a los momentos más propicios del atarceder. Sólo iba a tener una oportunidad de volverme con una foto de este sito, así que había que aprovechar el momento. Media hora antes de la puesta de sol llegamos a la playa trípode en mano. Tenía muy claro por donde se iba a poner el sol por el estudio previo que había hecho de la zona. A la carrera me separé de mi mujer y mi hijo buscando algo que me llamara la atención. Encontré una roca medio sumergida que convertí en protagonista del único encuadre que me dio tiempo a trabajar antes de que se ocultara el sol. Esta foto estará presente hasta el 2020 en la portada del mapa de la isla que distribuye Tenerife Pearl (relato ampliado)

Con una niña recién nacida y un niño de casi tres años optamos en agosto del 2009 por pasar una semana de vacaciones en Cantabria. Semanas antes de salir estudié bien la posibilidades de la costa Cantabra y lo que vi de la Costa Quebrada me llamó poderosamente la atención. Lo siguente fue buscar una alojamiento no muy lejos de esa zona. Finalmente di con uno que a pocos minutos andando me permitía situarme a los pies de acantilados y urros y en poco más de cinco minutos en coche llegar a otras calas de la zona. En una semana me escapé cuantro mañanas visitando distintos enclaves de este litoral. El último día, con un pronóstico no muy favorable, pues anunciaban lluvias volví a salir temprano y pude llevarme a casa una de las mejores fotos de costa que he hecho hasta la fecha (relato ampliado).
Durante dos Semana Santas consecutivas he tenido la oportunidad de visitar la costa gaditana con Elena y lo niños. El año pasado no encontré el tiempo necesario para buscar información sobre puntos con interés fotográfico. El resultado fue volverme a casa con la tarjeta vacia. Este año, decidí no cometer el mismo error y entre los muchos lugares que localicé bucando en webs como Flickr o Panoramio, la zona del Cabo Trafalgar era una muy buena candidata aunque presentaba dos potenciales problemas. Por una parte estaba como a una hora de donde nos alojábamos (ya que repetimos el mismo alojamiento del año anterior) y por otra no era un sitio muy aconsejable para el amanecer en esta época del año por lo escorado hacia el interior que salía el sol. Pero era esta zona o volverme de nuevo a casa sin fotos. Dos días antes de esta imagen visité el lugar con la familia con lo que puede hacerme una muy buena composición del lugar. De los sitios exactos que presentaban buenas posibilidades y cuál era el camino que tendría que hacer de noche. El día elegido para hacer la foto había pronóstico de cielos casi despejados pero por suerte las nubes fueron las principales protagonístas. Una marea baja dejaba a ras de agua mil y una combinaciones distintas de lineas sinuosas de rocas cubiertas de verdín. Pocos minutos antes de que el sol hiciera su aparición la nubes se tiñeron de sangre para, minutos más tarde, volver a ocultarse para ya no aparecer. A las 9:30 de la mañana ya estaba de vuelta justo cuando los peques comenzaban a despertarse.

Espero que estas experiencias y consejos os animen a salir cámara y trípode en mano, sobre todo si tenéis niños pequeños. Recordad que la perseverancia y una buena planificación previa es la clave para asegurar el éxito.

viernes, 10 de febrero de 2012

Maravillas heladas


Se ha hecho esperar pero el invierno por fin ha llegado y espero que para quedarse una buena temporada.

De las cuatro estaciones, es claramente la que más me atrae y me seduce como fotógrafo de paisaje, pero al mismo tiempo es la más dura de todas.

¿Pero por qué esa atracción? Si algo me atrae de la fotografía es esa búsqueda continuada de la belleza escondida,  a veces como escenas y situaciones inusuales que sólo una mirada atenta, sensible y entrenada es capaz de descubrir o bien momentos futiles que no duran mas que unos pocos segundos y que sólo a través del sacrificio, pasión incombustible y una depurada técnica es posible inmortalizar. Sea como fuere el resultado final son siempre imagenes que habitualmente no se reconocen como reales.

El invierno, más que ninguna otra estación del año, transforma un paisaje cotidiano en algo singular y único. Esa capacidad de transformación, de revelar una belleza que pocos son capaces de contemplar con sus propios ojos, pues dónde mejor se está que al calor de nuestro hogar, ¿verdad?, allana el camino que todo fotógrafo sigue en su búsqueda implacable de registrar instantes y escenas únicas en el tiempo y el espacio.

Pero la magía del invierno no se revela de forma gratuita. Quien desee vislumbrarla deberá estar mentalizado y preparado para pasar más penurias que en niguna otra estación del año.  Resulta básico prestar tanta atención, si no más, a la vestimenta que llevemos como al equipo fotógrafico pues de ello depende que nos olvidemos del frío para concentrar todas nuestras energías en inmortalizar lo especial del entorno.
Canon EOS 5D Mark II, EF70-200mm f/4L USM +1.4x, Polarizador, trípode
0.6s @ f/29 ISO 400

En mi última escapada en plena ola de frío, a penas sentí los -8ºC que me acompañaron toda la mañana mientras remontaba el curso helado de un pequeño riachuelo de montaña en plena sierra madrileña. Aquella mañana la recordaré no por el frío sino porque a cada paso que daba mi mente conectaba con cada roca, cada copo de nieve y cada pedazo de cristal helado buscando patrones, composiciones y formas inusuales. Fue una mañana pausada, de encuentro con uno mismo que disfruté con la máxima intensidad. ¡Que distinto es este tipo de fotografía de la que se hace en momentos previos a un amanecer, donde el estrés se apodera de todo tu cuerpo, donde sabes que cada segundo es crucial. Esa mañana la luz no cambiaba a penas y puede permitirme el lujo de fundirme sosegadamente con el entorno.

Canon EOS 5D Mark II, EF70-200mm f/4L USM, Polarizador, trípode
4s @f/25 ISO400

Ya estoy deseando volver a ser testigo de otro mágico espectáculo que las nieves de estos días me están preparando. Pero para esta ocasión me entregaré al éxtasis  y voragine de las luces cambiantes en la montaña.

viernes, 23 de diciembre de 2011

¡Felices Fiestas!



Un año más os envío mis mejores deseos para estas fiestas. Que el nuevo año que va a dar comienzo venga cargado de ilusiones renovadas y vea cumplidos, si no todos, al menos parte de nuestros sueños y proyectos.

¡Qué la buena luz esté con todos vosotros y... sed felices!

Nuevos mapas de la editorial Alpina


Fieles compañeros de andanzas los mapas de la editorial Alpina me han acompañado en todas mi salidas por la geografía española desde que comencé mi afición por la montaña hace ya casi 20 años.

Ahora me llena de orgullo poder contemplar mis fotos en las portadas de algunos de los mapas más recientes que se han editado.

Espero y deseo que esto sea sólo el comienzo de una buena relación.

Nota: podeís ver las tres fotos que aparecen en cada uno de estos mapas, aquí, aquí y aquí.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Nueva foto en National Geographic Viajes

En el próximo número, 142, de la revista National Geographic Viajes podéis encontrar casi a doble página la foto que acompaña esta entrada.


Es curioso que esta foto no haya tenido cabida en ninguna de las entradas de este blog,... hasta ahora.

La tomé hace un par de años en mi querida sierra de Guadarrama, aprovechando unas nevadas recientes y temperaturas por debajo de los -10ºC.
Son pocos los días del año en los que la salida del sol no queda oculta por la Maliciosa desde Siete Picos. Estaba todo estudiado, pero el tiempo se me echó encima y momentos antes de realizar la foto el estrés rezumaba por todos los poros de mi piel al no encontrar una primer plano fotogénico mientras el sol avanzaba cada vez más en su ascenso. Finalmente di con uno y pude realizar una de mis mejores fotos de invierno hasta la fecha.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Sabores de otoño y montaña

Hacía más de tres años que no visitaba el Valle de Arán. En aquella ocasión lo hice en compañía de un gran amigo y fotógrafo, Saúl Santos.

Mi idea para esta ocasión era combinar los ambientes de los bosques otoñales con el de la alta montaña en un sólo fin de semana. Hay quien podría pensar que siempre es más conveniente centrarse en una zona concreta, sobre todo si hablamos de un fin de semana, pero por una parte los colores del otoño es algo que ningún fotógrafo de naturaleza puede permitirse pasar por alto y por otra, dormir bajo las estrellas en la soledad de la montaña desde hace un tiempo a esta parte se me hace irresistible. Así que ¿cómo iba a desaprovechar tal oportunidad?.

Las condiciones meteorológicas iban a condicionar qué visitar primero. Un frente salía de la península ese mismo fin de semana, así que se preveían lluvias para el viernes-sábado y tiempo tranquilo para el sábado-domingo. Esto dejaba claro que lo mejor era visitar en primer lugar los valles cubiertos de hayas y terminar con la jornada de montaña.

El plan para el primer día no terminaba de tenerlo rematado en  mi cabeza, quería huir de los lugares más emblemáticos y en concreto de aquellos que ya visité la vez anterior, Artiga de Lin, Valle de Varrados,... Era esta una ocasión perfecta para intentar conocer nuevos  enclaves.

Tras una rápida incursión el viernes por la tarde, casi de noche, por el bosque de Conangles para una primera toma de contacto determiné que el sábado por la mañana comenzaría precisamente por este lugar, de camino al barranco de Salenques.

Sólo dispondría de la mañana pues a mediodía tendría que dirigirme camino del Circo de Colomers. Zona elegida por haberla recorrido hacía algo más de año y medio, aunque en aquella ocasión la nieve cubría todo el paisaje.

Nada más comenzar mi incursión por el bosque de Conangles y mirar alrededor, me di cuenta de que el otoño estaba en su máximo apogeo, el colorido del bosque era increíble y a cada paso me paraba para estudiar posibles composiciones. La fotografía de zonas boscosas siempre me resulta muy complicada desde el punto de vista de la composición. Extraer una mínima sensación de orden de todo el caos que te rodea es a la vez un desafío y un estimulo.

Avanzaba a lentamente, disfrutando de las mil y una sensaciones que me reportaba el bosque, aunque las fotos realizadas eran más bien pocas. No deja de resultarme curioso que no es hasta que uno se detiene y comienza a inspeccionar 360 grados a su alrededor que las ideas y composiciones comienzan a aparecer. Fue así como en la distancia, bajo la suave luz tamizada por el manto de nubes sobre mi cabeza, me llamó la atención cómo las líneas verticales de unos finos troncos se alternaban con el follaje multicolor distribuido en capas horizontales. Después de hacer varias tomas variando encuadres seguí mi camino.


Eran ya las 11:00 y mi plan de recorrerme el barranco de Salenques se tornaba complicado. Decidí dejarlo para mejor ocasión y aprovechar las horas que aún tenía por delante para conocer otro valle del que había oído hablar, el valle de Toran.

Me dio rabia el poco tiempo que le pude dedicar a este valle. Hice alguna foto de rigor aprovechando los colores del otoño pero nada que merezca realmente la pena. Me sorpredió la sensación de paz que me transmitió. Es este un valle que habría que recorrer todo un día entero a pie para sacarle el máximo provecho. Queda pendiente para otra ocasión.

Eran ya más de la una del mediodía cuando inicié el regreso con parada en Vielha para comer algo y continuar  hasta el Valle de Aiguamoix. Dejando el coche aparcado al final de pista que recorre dicho valle preveía una hora de camino hasta el Lac Long, lugar elegido para pasar la noche.

Dicha pista está abierta a la circulación en cualquier época del año hasta el parking de los Baños de Tredós, si la nieve lo permite, y fuera de la época estival (01-jul al 30-oct) hasta el parking al final de la pista. Durante el verano este último tramo sólo se puede hacer a pie (3h) o tomando alguno de la taxis autorizados.

La época del año elegida resultaba ideal, por una parte la pista estaba transitable y abierta para llegar hasta el final con el coche y por otra las primeras nieves ya habían hecho acto de presencia en las cumbres. En unas semanas las nieves harían intransitable esta pista hasta el próximo mes de junio. Había que aprovechar la ocasión.

El camino hasta el Lac Long es muy sencillo y no supone grandes desniveles (unos 100m). ¿Por qué este lugar? porque si la meteorología acompaña se tienen buenas opciones tanto de amanecer como de atardecer con vistas a cumbres cercanas a las 3.000 m. Desde el propio Lac Long y hacia el este se alza el Pic de Ratera (2.862 m). Mi propósito era fotografiarlo con las últimas luces del día incidiendo sobre su cumbre nevada reflejándose en el lago.

Para el amanecer y a 5 minutos se encuentra el Lac des Cabidornats con vistas hacia el oeste donde se alzan las cumbres que delimitan el Circo de Colomers, con el Gran Tuc de Colomes (2.933 m) como protagonista.

Así pues todo estaba planificado, inicio de la ruta, tiempo estable y sin vientos (ideal para pasar una buena noche y para jugar con reflejos) y nieves en las cumbres. Sólo faltaba que la suerte colaborara un poquito.

Sobre las 16:30 me planté a orillas del Lac Long con el Pic de Ratera efectivamente nevado reflejándose en el espejo que era el lago. A pesar del denso manto de nubes, que no hacía presagiar el atardecer que tenía en mi cabeza, me quedé extasiado por la escena que se abría ante mi vista. No había mejor sitio en el mundo donde estar en esos momentos. Comencé a buscar composiciones con el fin de estar preparado por si la magia hacía acto de presencia. Pasaron las horas y apenas nada cambiaba conforme alzaba la mirada al cielo. Los reflejos eran lo más aprovechable fotográficamente.


Determiné que tenía tiempo para inspeccionar el Lac des Cabidornats. La llegada al lago fue sencilla pero en la primera toma de contacto me desilusionaron las posibilidades de encuadre. Mi meta era llegar a la orilla este del lago para tener frente a mi todo el cordal montañoso y que por otra parte resultaba más llana y no tan en pendiente. Tras dedicar más de media hora a recorrer diversos senderos me dí cuenta de que llegar a dicho extremo del lago iba a resultar más complicado de lo que yo creía y en caso de llegar perdería la oportunidad de estar cerca del Lac Long. Así que abandoné la posibilidad de llegar a dicha orilla y me conformaría con la zona que tenía más a mano.

El cielo seguía sin cambiar y las nubes seguían tapando el cielo sin ningún atisbo de abrirse mirara donde mirara.

Tras montar a tienda con vistas al Lac Long me dispuse a gastar los últimos cartuchos, planté el trípode en el lugar que ya tenía fijado comencé a realizar composiciones verticales y horizontales y fotos de detalle con el 70-200.

Angulares extremos no se prestan muy bien en este lugar porque el Pic de ratera, protagonista indiscutible de cada toma, queda muy empequeñecido. Focales entorno a los 40mm es lo ideal. Durante unos minutos pude comprobar que las nubes adquirían unas tonalidades cálidas de forma casi imperceptible. El degradado neutro y el procesado que hacía la cámara de las fotos realizadas los potenciaban hasta hacerlos más que evidentes. En este tipo de fotos no es la primera vez que el uso de filtros degradados marca la diferencia y es el motivo por el que aún me resisto a eliminarlos de mi equipo, pese a que la opinión cada vez más generalizada sea que es lo mismo que hacer blending de varias exposiciones. Mi opinión es que no es exactamente lo mismo.


Las sutiles tonalidades desaparecieron al cabo de unos minutos y ya no había mucho más que hacer pese a mi resistencia a abandonar la zona. Aún quedaba algo de luz y me encaminé de nuevo al Lac de Cabidornats con el fin de buscar encuadres para la mañana siguiente. No hay nada más desesperante y frustrante para un fotógrafo de paisaje que llegar a un sitio con una luces únicas y tener que dedicarse a buscar una composición satisfactoria mientras el espectáculo de luz y color va cambiando ante sus narices. Si se tiene ya una idea clara de lo que se puede hacer se enfrenta uno mucho más tranquilo permitiéndose la realización de varias composiciones e ideas sin la presión de perder el momento.

Llegué al lago y recorrí el estrecho sendero que bordea su orilla hasta dar con una zona donde los reflejos de las cumbres nevadas quedaban suficientemente separadas de la orilla.

Apenas había luz para componer y mucho menos para enfocar. Sentado en la orilla, con el trípode extendido sobre mis piernas  y como sonido de fondo el rumor de los saltos de agua de la zona, la noche me iba envolviendo y yo me sentía feliz y afortunado de poder atrapar con cada poro de mi piel la magia el momento. El viento reinaba por su ausencia y las aguas del lago se abrían ante mi como un espejo reflejando las cumbres nevadas.

Con ayuda del Liveview de la cámara para enfocar y afinar el encuadre hice unas primeras tomas que me descubrieron tonalidades que mis ojos eran incapaces de percibir. La vegetación mostraba unos colores cálidas que destacaban de forma especial sobre los azules del resto de la escena. Dediqué varios minutos de verdaderos éxtasis fotográfico a perfeccionar esas primeras tomas iniciales.



Prácticamente de noche inicié el regreso a la tienda con la idea clara de que el amanecer lo haría desde este mismo sitio si amanecía despejado.

Tras una tranquila cena arropado por el silencio de la noche dediqué parte de las horas siguientes, antes de meterme en la tienda, a experimentar y jugar cámara y frontal en mano. Fueron horas que transcurrieron como minutos, probando todo aquello que pasaba por mi imaginación, sin ninguna pretensión, sin ninguna presión, sólo por el mero hecho de disfrutar y pasar el rato.

Tras fijar la alarma del móvil una hora antes del amanecer me entregué al sueño tranquilo y confiado de que todo estaba bajo control. A pesar de despertarme en un par de ocasiones durante la noche no miré el reloj en ningún momento. No me hacía falta, el móvil sonaría a la hora convenida. Cuando abrí los ojos y me dí cuenta que la luz que había dentro de la tienda no era normal salté de la tienda con la adrenalina a tope. Faltaban pocos minutos para la salida del sol! Y el móvil muerto!. El frío en el interior de la tienda había consumido la batería con más rapidez de lo normal. De esta lección aprendo, me dije para mis adentros. Con el corazón en un puño y agarrando trípode y riñonera con la cámara y objetivos salí corriendo hacia el Lac de Cabidornats. Mi mente le decía a mis piernas que siguieran corriendo pero estas se negaban a ir más rápido. El sol aún no incidía en las cumbres pero sabía que era cuestión de pocos minutos. Entre saltos y trompicones maldije mi mala suerte. Estaba convencido de que había perdido la ocasión de inmortalizar el Pic de Ratera con unas luces que si bien no habían sido espectaculares si lo suficientemente fotogénicas, a tenor de las nubes que había sobre él, como para obtener algo especial.

A tiempo llegué al lugar que ya conocía de la tarde anterior. Mientras extendía las patas del trípode los picos comenzaban a encenderse. No había tiempo para pensar mucho y me afané por buscar la misma composición que ya conocía. Todo listo, pero al mirar por el visor me doy cuenta de que el filtro está empañado. Los minutos pasan, limpio el filtro y al coger el degradado con la mano este también se empaña. Vaya! probaremos un degradado neutro digital... Tras unos minutos y con el filtro ya desempañado hago algo algunas tomas con el degradado neutro. Las fotos no me disgustan pero retrospectivamente me quedo con la de la tarde anterior, más dramática, más equilibrada y menos esperada.



La calidez de la luz duró poco y abandoné el lugar para dirigirme de nuevo al Lac Long con la esperanza de gastar los últimos cartuchos antes de desayunar, desmontar la tienda y emprender el regreso.

Las nubes sobre el Pic de Ratera tenían su gracia pero la luz era ya muy fuerte y el contraluz complicaba mucho la exposición. El perfil montañoso hacía que el uso del filtro degradado neutro no fuera lo más adecuado en esta ocasión, así que elegido un primer plano realice cinco exposiciones que luego combinaría en casa.



Con esta foto daba por terminada la escapada. Me quedé con un sabor de boca agridulce por lo pocó que me ofreció la tarde anterior y las grandes expectativas que tenía, pero por otra parte no existe mejor reclamo para volver a un sitio que no ver materializada la foto que uno tiene en la cabeza

lunes, 7 de noviembre de 2011

Presentación del libro Natura y curso gratuito de fotografía de paisaje


Durante este mes de noviembre tendré el honor de participar en dos actos relacionados con la fotografía de Naturaleza.
 

El primero de ellos el próximo 26 de noviembre en el CENEAM (Valsaín, Segovia) con motivo de la presentación del libro "Natura: Regards Créatifs sur la Nature" dentro programa de actividades de la VII Asamblea de FONAMAD. Si os acercais de 13:30 a 14:00 podréis ver un audiovisual sobre el libro y por su puesto adquirirlo allí mismo con mi firma. Toda la información de lo que acontencerá durante ese fin de semana la podéis encontrar AQUÍ.
 


El segundo acto tendrá lugar el 30 de noviembre de 18:30 a 20:30 en la facultad de Ciencias Biológicas de Madrid, Universidad Complutense, donde impartiré un curso de Introducción a la Fotografia de Paisaje, totalmente gratuito. Espero veros por allí y compartir dudas e inquietudes que podáis tener.