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sábado, 13 de julio de 2013

Sol y hielo en Neouvielle - 2ª parte


LA TRAVESIA


Caminando cerca del lago de Aumar (iPhone 5)
No hay cosa que alegre más el espíritu que caminar sobre un paisaje nevado una día soleado. A pesar del peso sobre nuestros hombros, fue una auténtica delicia abrirse paso sobre la nieve en manga corta dejando atrás los dos lagos que nos habían acompañado durante las últimas horas. Las raquetas que llevábamos nos hicieron más cómodo el recorrido en esta ocasión.

Nos tomamos sin prisas la travesía, con la calma de aquellos que saben que el día es largo, con la tranquilidad de quienes quieren atrapar con cada poro de su ser la esencia del lugar. Tras una hora de camino y una breve parada para tomar un tentempié iniciamos el estrecho sendero que discurría por la falda de una ladera directo a la Hourquette d'Aubert alternando entre zonas de nieve y sendero. 

Hacia la Hourquette d'Aubert (iPhone 5)
(collado en el centro de la imagen)
A medida que superábamos la cota de los últimos pinos la vista hacía el paisaje que dejábamos atrás no podía ser más hermosa. Cumbres nevadas, un cielo azul intenso donde tímidas nubes danzaban al son de una ligera brisa, y bajo nuestros pies, perdiéndose en la distancia, los lagos de Aubert y de Aumar reluciendo como dos gemas encajadas entre montañas tapizadas de una alfombra de coníferas.

En poco tiempo llegamos al punto más conflictivo de la travesía, pues un gran nevero cortaba el camino y no había huellas que indicaran que otros ya lo hubieran atravesado. Un pequeño resbalón sobre la pendiente de 45º que debíamos atravesar longitudinalmente significaría caer varias centenas de metros sobre la nieve. Convinimos que lo más sensato en esta ocasión era hacer uso de los crampones. Y así lo hicimos. Yo en primer lugar, mi hermano Carlos tras de mi, y cerrando la comitiva, Patric. Atravesar aquella lengua de nieve se nos hizo más larga y requirió más esfuerzo del que pensamos, tanto por la tensión de no cometer ningún error y clavar bien los crampones como por el peso que cargábamos, pero el esfuerzo valió la pena.

Llegando a la Hourquette d'Aubert
Lago de Aubert al fondo (iPhone 5)

Superada esta dificultad ascendimos fuera de sendero unas decenas de metros ya por roca y hierba salvado otro nevero unos metros abajo hasta llegar al collado. La vista de lo que sería nuestro lugar de pernocta no podía ser más espectacular, pues el valle, al estar orientado al norte, estaba totalmente cubierto de nieve y los lagos a penas se dejaban ver.

Descendiendo hasta lago Estagnol (iPhone 5)
Tras un merecido descanso tomamos el sendero que bajaba al valle, claramente marcado y por el momento sin nieve. ¿Hasta cuándo? A la media hora lo supimos, pues quedaba interrumpido por otra lengua de nieve. Comencé a avanzar con cuidado, sin crampones ni raquetas. Cuando me quise dar cuenta estaba con el culo sobre la nieve descendiendo a toda velocidad. El sobresalto del primer segundo dio paso al jubilo de lo que se había repentinamente convertido en una diversión y en una forma más rápida y segura de bajar al fondo del valle. Carlos y Patric, atónitos, sólo vieron como descendía rápidamente varios metros para a continuación desaparecer. Al no oír ningún grito, decidieron imitarme. Ese descenso se convirtió en la anécdota del viaje.




Llegados los tres al fondo del valle con una sonrisa dibujada en la cara, comenzamos a recorrerlo en suave descenso. Eran poco más de las tres de la tarde y lo primero que teníamos que hacer era buscar un emplazamiento para las tiendas. Mi idea era acampar cerca del Lago Nère, segundo lago según el recorrido que llevábamos. Mi hermano Carlos se había quedado prendado por las vistas que se tenían desde la Hourquette d'Aubert y estaba decidido a hacer el atardecer, por lo que lo más sensato era montar las tiendas poco antes de llegar al primer lago, Lago Estagnol (2.235 m).

La calidad de la nieve, bastante compactada, no ofreció ninguna dificultad para montar las tiendas. Unas bolsas de basura que trajo Patric, dispuestas sobre la nieve, nos sirvieron de aislante para evitar que el suelo de las tiendas se mojase si a la nieve le daba por derretirse en exceso. Las piquetas, dispuestas en forma de 'T' y bien metidas en la nieve, hicieron perfectamente su función.

Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
1/200 @ f/8.0, ISO 100

A las 6 de la tarde, tras un merecido descanso en la tienda, donde casi nos abandonamos al sueño, bajamos hasta al lago Estagnol, a 10 min de donde nos encontrábamos con la idea de reconocer el terreno de cara al amanecer. El lago estaba aún medio congelado con el Pico de Astazou (2.622 m) alzándose imponente sobre él. Formas heladas blanquecinas sobresalían sobre la superficie helada. Al contemplar la escena deformada por el gran angular dichas formas convergían cual estrella de 6 puntas. La hora se me echaba encima y no había tiempo de seguir buscando composiciones. Carlos y Patric ya estaban en las tiendas y pronto tendríamos que salir para recibir los últimos rayos de sol en la Hourquette d'Aubert. La subida hasta las tiendas fue más agotadora de lo que en un principio hubiera pensado debido al cansancio acumulado en las piernas. Una hora más tarde, mi hermano yo deshacíamos el camino del mediodía por una ruta alternativa para no tener que subir lo que de forma tan divertida habíamos descendido. Patric, decidió quedarse en las tiendas para recuperar fuerzas para el día siguiente.

A pesar de ir cargados sólo con el equipo fotográfico, la subida se me hizo eterna, pero el pensamiento de lo que podían ser las últimas luces del día sobre los lagos nevados me daba las fuerzas y las ganas necesarias para no renunciar. A nuestras espaldas las nubes bajas iban invadiendo los valles a lo lejos y no podía quitarme de la cabeza como nos quedaríamos si una vez arriba resultaba que un mar de nubes tapaba completamente los lagos. Llegamos con tiempo suficiente para comprobar que los lagos eran perfectamente visibles y buscar un buen encuadre, aunque al ser una vista elevada tampoco es que hubiera muchas opciones.

Con el devenir de los minutos las sombras iban poco a poco haciéndose dueñas del paisaje, sólo las cumbres más altas se resistían a ser engullidas por ellas. Las nubes, que tapaban los valles a lo lejos cuando llegamos, fueron avanzando de forma casi imperceptible hasta casi cubrir los lagos de Aubert y de Aumar. En este tipo de situaciones, me gusta siempre experimentar con velocidades lentas haciendo uso de filtros neutros y ver el efecto que consiguen las nubes.

Canon EOS 5D Mark II,  EF17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
filtro degradado neutro -2 transición fuerte, densidad neutra 6 pasos,
exp 1: 4s @ f/22, ISO 100 / exp 2: 30s @f/22 ISO 50
Cuando la franja de picos sobre el horizonte quedó en sombras decidimos recoger y bajar. Las nubes no daban visos de que fueran a coger mejor color y además, queríamos recorrer todo lo que pudiéramos del camino de vuelta con algo de luz. Eran poco más de las 10 de la noche cuando comenzamos a caminar no sin antes inmortalizar con las últimas luces del día el valle que era nuestro hogar.

Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
HDR de 4 exposiciones: 5s, 2s, 0.8s, 1/4s @f/22, ISO 100
La vuelta a las tiendas, donde Patric nos esperaba, transcurrió sin incidentes y no pudimos resistirnos a repetir el mismo tipo de descenso que la vez anterior con la misma sensación de euforia.

La noche iba cayendo y sólo podía imaginarme mi pasta boloñesa calentita seguida por rica una infusión.

A las once y media de la noche con la tripa llena y un cielo totalmente estrellado empezamos la sesión de nocturnas. Una de la fotos que no quería dejar de hacer era la de nuestras tiendas iluminadas con la Vía Láctea como telón de fondo. Con la ayuda de mis compañeros iluminando cada uno de ellos una tienda conseguí la foto que deseaba.

Canon EOS 5D Mark II, EF 14mm f/2.8L II USM, trípode,
exp1:30s @ f/2.8, ISO 6400 / exp2: 4min @f2.8, ISO 1600 (para detalles en las rocas)
Iluminación con frontal en el interior de la tiendas durante 4s
Tener todo el valle sólo para nosotros, con la nieve bajo nuestros pies y con las estrellas como únicos testigos de nuestra presencia, es una sensación que todo el mundo debería experimentar al menos una vez en la vida. Esa noche nos acostamos cerca de la una de la madrugada. El doble aislante bajo nuestros sacos cumplió perfectamente su función y no notamos el frío de la nieve bajo nuestros cuerpos en ningún momento. A las 5:45 sonó la alarma del reloj. El frío de la noche había endurecido la nieve por lo que nos calzamos los crampones para bajar hasta el lago con seguridad.

Llegado al lugar estudiado la tarde anterior, sólo tuve que esperar a que el sol comenzara a iluminar el Pico de Astazou para inmortalizar la escena que había visualizado.

Canon EOS 5D Mark II,  EF17-40mm f/4L USM, polarizador,
filtro degradado neutro -2 transición fuerte, trípode

2s @ f/22, ISO 100
Decidí recorrer la margen del lago para ver qué sorpresas me depararía. Había zonas que claramente no soportarían mi peso, pero en cambio otras no presentaban problemas. Avancé sobre la laguna helada cuando, para mi sorpresa, llegué a una grieta donde infinidad de pequeños universos de burbujas atrapadas en el hielo me dejaron absolutamente maravillado. La fisura no tendría más de cincuenta centímetros de ancho y a través de la fina capa de hielo se veían claramente, a los lados, los bloques de hielo bajo mis pies de varios metros de espesor. En el centro, una negrura, revelaba que en esa zona el lago era bastante profundo. La combinación de azules era increíble, desde azul más oscuro hasta el turquesa más intenso.

Canon EOS 5D Mark II, 17-40mm EF f/4L a mano alzada
1/30s @ f/5.6, ISO 200
Lo ideal hubiera sido colocar el trípode sobre la fina capa de hielo perpendicular a ella para conseguir tener enfocado mayor parte de encuadre, pero estaba seguro de que no aguantaría. Además, sólo podía hacer uso del gran angular pues había dejado el 70-200 en la tienda. No me quedó otra opción que hacer las fotos sujetando la cámara con la mano, con el brazo extendido y en el borde mismo de la fisura componiendo con el Liveview. Hice muchas fotos confiando en que alguna quedara mínimamente enfocada, pero la escasa profundidad de campo con la que jugaba hizo difícil, por no decir imposible, la tarea de conseguir una foto enfocada de esquina a esquina.

Canon EOS 5D Mark II, 17-40mm EF f/4L a mano alzada
1/40s @ f/6.3, ISO 400
Me hubiera quedado unas cuantas horas más pero no podíamos salir muy tarde pues teníamos por delante una larga jornada. De regreso, no quise desperdiciar la ocasión de componer una panorámica del lago con el pico Astazou como gran protagonista.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador,
panorámica de 11 fotos verticales y de 4 a 2 exposiciones por encuadre
Eran casi las 9:30 cuando llegué a las tiendas. Carlos y Patric ya habían desayunado. Tomando mi café con leche y mi par de barritas con cereales, disfrutaba, por última vez, de las vistas que se abrían ante mi, entrando en calor con los rayos del sol de la mañana y preguntándome si volvería, en un futuro no muy lejano, a contemplar estos bellos parajes.

De regreso hacia la Hourquette d'Aubert
(iPhone 5)
A las 10:45 salíamos rumbo a la Hourquette d'Aubert y tras deshacer el camino del día anterior, atravesar la lengua de nieve, esta vez ya con claras huellas marcadas, llegamos al parking del Lago d'Aubert poco antes de las 13:30. Media hora más tarde el taxi de la reserva natural nos dejaba en el parking del lago Oredón junto al coche.

El fin de semana no podía haber sido más fructífero, en lo fotográfico y en lo que a la travesía se refiere. Habíamos tenido nubes, sol, nieve, hielo, estrellas y los tres habíamos acabado igual de bien que cuando comenzamos, si exceptuamos el dolor de hombros por el peso de las mochilas.

Lago Oredón desde el Parking (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
Antes de coger carretera de regreso a Madrid, quisimos darnos un buen homenaje de despedida parando en Bielsa para disfrutar de una comida que nos supo a gloria, después de dos días a base de comida liofilizada, barritas y frutos secos.

De camino a casa no podía evitar pensar en una próxima salida, quizás por otros lagos cercanos a Neouvielle pues este paraíso esconde verdaderos lugares de ensueño.


martes, 9 de julio de 2013

Sol y hielo en Neouvielle - 1ª parte


LOS PREPARATIVOS

A la vuelta de Semana Santa comencé a planificar mi escapada estival al Pirineo después de varios meses sin tocar la cámara. Esta vez deseaba ir un poco más allá respecto a salidas anteriores. Quería que la nieve fuese la protagonista de mis fotos. Una escapada a los Pirineos con equipo para dos noches durmiendo a la intemperie no es precisamente sinónimo de viaje ligero, más aún si le sumas los trastos que los fotógrafos de paisaje acostumbramos a llevar. Si además añadimos el factor nieve la cosa se complica mucho más.

Las condiciones que deseaba para mis fotos las tenía claras, pero el momento era otro cantar. Siempre me han llamado poderosamente la atención los instantes previos a los calores veraniegos cuando la nieve comienza a revelar lo que ha dejado oculto durante los meses de invierno, cuando el líquido vital de los lagos y arroyos de montaña comienza a dejarse ver y alterna con los paisajes nevados.

Ese momento de transición era el que quería presenciar, el que deseaba inmortalizar y captar con mi cámara. Así pues, tras informarme decidí que el momento preciso para la escapada sería a comienzos de mayo. El lugar elegido, tras sopesar diferentes opciones, sería la Reserva natural de Neouvielle, en el Pirineo francés. Visitar un lugar que no conoces siempre tiene su atractivo y, por qué no decirlo, sus riesgos. La configuración de dos sus lagos principales, el lago de Aumar (2.192 m) y el lago de Aubert (2.148 m), a los pies de todopoderoso pico Neouvielle (3.091 m) lo hacían especialmente atractivo. A diferencia de otros lagos del Pirineo, estos lagos no tienen la apariencia de lagos hundidos como calderas de un  volcán, en cambio los pinos adornan sus riberas y sus orillas forman pequeñas playas que hacen la delicia del fotógrafo.

La fácil accesibilidad a estos lagos, cuando las nieves dejan libres las carreteras, unido a la fotogenia del entorno determinaba que fuera el punto elegido para pasar la primera noche. Pese a la belleza de este lugar son pocas las fotografías que encontré más allá de las típicas instantáneas realizadas por excursionistas y amantes de la montaña. Pocos fotógrafos, con claro interés artístico y armados con trípode y demás enseres fotográficos, se han acercado a sus orillas, a diferencia de otros enclaves del Pirineo. Eso lo hacía más atractivo si cabe. Aún así, los alrededores de los lagos de Aumar y de Aubert son, con mucho, los lugares más fotografiados de toda la Reserva Natural y alrededores.

Quedaba elegir dónde pasaría la segunda noche. Tras estudiar los mapas de la zona me decanté por un valle orientado al norte donde varios lagos se dan cita en sucesión, como miembros de una gran familia cogidos de la mano. El acceso desde los lagos de Aubert y de Aumar sólo requería salvar un desnivel de algo más de 300 metros y unas tres horas de recorrido. Este valle, abierto hacia norte, está presidido desde lo lejos por el mítico Midi de Bigorre (2.876 m) que, con sus inconfundibles antenas, preside todo el entorno. Al sur, los grandes contrafuertes del pico Neouvielle y al este y oeste sus hermanos menores (Pic d'Astazou (2.622 m) y Pic dets Goubous (2.541 m)) envuelven el valle. Esta orientación lo hacía ideal para fotografiar el atardecer y el amanecer durante los meses centrales del año.

Esquema del recorrido y puntos de acampada
Según se aproximaba la fecha fui consciente de que las condiciones excepcionales de innivación de este año me iban a obligar a retrasar la fecha un mes. Una semana antes del 8 de junio, segunda fecha elegida para salir, había más de 3 metros de nieve en el entorno de Neouvielle y los lagos estaban totalmente tapados. No eran las condiciones que estaba buscando. Decidí, pues, retrasar el viaje un mes más. El espesor de la nieve fue bajando hasta quedar a unos escasos 2 metros. Una semana antes de partir las recientes lluvias sumadas al deshielo produjeron cortes de carreteras en todo el Pirineo, y la carretera de los lagos, que debía tomar, no fue una excepción. El buen tiempo que siguió permitió acelerar las reparaciones y el 28 de junio, junto a mi hermano Carlos y el amigo Patric salíamos rumbo a Neouvielle, con unas condiciones atmosféricas que hacían presagiar un fin de semana y una aventura inolvidable.


COMIENZA EL VIAJE

Parking del lago Oredón (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
Llegamos al parking del lago Oredón sobre las 16:00h, donde nos informaron que el acceso con vehículo particular a los lagos de Aumar y de Aubert estaba cerrado pero sí que se podía subir con el servicio de taxis previo pago (4€ ida y vuelta por persona). La alternativa era cargar cada uno de nosotros con 24kg a nuestras espaldas durante hora y media salvado un desnivel de 300 metros. Tras debatirlo, decidimos pasar por caja y ahorrar así fuerzas para los próximos días.

A tenor de la predicción meteorológica sabíamos que si llovía algo sería esa tarde, tal y como hacía presagiar el cielo cubierto que tapaba las cumbres que nos rodeaban, y que el resto del fin de semana sería soleado.

Llegados al parking situado entre los lagos de Aubert y de Aumar buscamos un lugar donde poner la tienda. La acampada entorno a estos lagos está prohibida fuera del área de vivac junto a la presa del lago de Aubert, pero dada la gran cantidad de nieve que aún quedaba nos dieron cierta flexibilidad a la hora buscar emplazamiento.

Lago de Aubert (panorámica con iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
El ambiente era tal y como me lo había imaginado, las cumbres nevadas, los lagos con bloques de hielo aún flotando y grandes extensiones de nieve primavera que alternaba en zonas con la roca húmeda y la vegetación que comenzaba a despertar de su largo letargo invernal. A los tres nos daba la sensación de haber sido teletransportados a miles de kilómetros, quizás a las Rocosas Canadienses o puede que a un paraje islandés. Estaba claro que habíamos acertado de lleno con las fechas elegidas.

Emplazamiento primera noche (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
A orillas del lago de Aumar, y a escasos minutos del lugar que tenía elegido para hacer el atardecer y el amanecer, encontramos una cabaña cerrada a cal y canto pero con una extensión plana de hierba despejada de nieve al abrigo de una de las paredes laterales, con la suficiente amplitud como para poder poner las dos tiendas que llevábamos.

Sobre las siete de la tarde, cargados únicamente con el equipo fotográfico, nos dirigimos, siguiendo el curso de la carretera (aún con 1,5 metros de nieve a los lados) a inspeccionar el extremo oriental del lago de Aumar que, a priori, ofrecía excelentes posibilidades tanto para el amanecer como para el atardecer. Un bloque de hielo medio sumergido cercano a la orilla al instante atrapó nuestra atención. No podíamos haber imaginado mejor entretenimiento para esa tarde y mejor primer plano, con el Pico Neouvielle de fondo, para nuestras fotos.
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM
polarizador, HDR de 5 fotos (8s, 3,2s, 1s, 0,4s, 1/8s
@ f/20 ISO100)
Tener tal cantidad de nieve a finales de junio, era todo un regalo, era algo excepcional, quizás irrepetible en muchos años, y nos sentíamos auténticos privilegiados estando allí. Teníamos que aprovechar esas circunstancias como fuera. Apenas nos encontramos un alma esa tarde y la sensación de tener todo el paisaje sólo para nosotros hacía que disfrutáramos de cada instante aún con más intensidad.

Laguna helada (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
Las nubes, aferradas al pico Neouvielle, no lo querían soltar y el sol tímidamente se dejaba ver muy de vez en cuando cuando la masa nubosa se lo permitía. A nuestras espaldas, escondidos entre pequeñas lomas, no lejos de la carretera que bajaba al lago Oredón, pequeños lagos escondían grandes tesoros como no tardamos en descubrir. Bloques de hielo medio sumergidos cubrían la mitad de una pequeña laguna y se dejaban entrever con un azul intenso. El perfil de hielo cubierto de nieve mostraba sugerentes formas que enseguida nos cautivaron.

El ambiente gris de la tarde, con un cielo amenazador, combinado con el toque de color azul intenso que otorgaba a nuestras fotos el hielo de formas sugerentes bajo el agua, era hipnotizador, casi surrealista.

Nos nos movimos de allí hasta pasadas las 10 de la noche, cuando la luz comenzó a escasear y el cielo aún cubierto no nos ofreció ya garantía alguna de buenas luces. Regresamos a las tiendas con la idea clara de repetir los mismos encuadres al amanecer pues el sol incidiría en la cumbres de forma lateral. La combinación de naranjas, azules intensos y el blanco de la nieve se me hacía de lo más sugerente. 

Tras una noche tranquila a las 5:15 sonó la alarma del reloj, saqué la cabeza a través de la cremallera de la tienda para constatar que no había rastros de nubes. La luz de una luna alta aportaba suficiente claridad al paisaje para ser consciente de la maravilla que teníamos ante nuestros ojos. No había tiempo que perder, en 50 minutos el sol haría acto de presencia. Según nos aproximábamos a la zona convenida comprobamos como el bloque de hielo que tanto juego nos dio la tarde anterior se había separado bastante de la orilla. Ya no podríamos incluirlo en nuestros encuadres. Tras las primeras fotos de rigor en la llamada "hora azul" con el pico Neouvielle reflejado, ahora visible en toda su magnitud, me dirigí al pequeño lago cubierto de hielo de la tarde anterior. No quedaba mucho para que el sol comenzara a incidir sobre el trío de cumbres. El encuadre estaba claro, sólo era cuestión de esperar.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM
polarizador, degradado neutro 2 pasos de transición fuerte
6s @ f/22 ISO100
Tenía una foto que realmente, por si sola, hacía merecer todo el esfuerzo de haber preparado el viaje. Me resistía a abandonar este lugar, que casi consideraba mágico, haciendo varias tomas más para montar alguna panorámica vertical incluyendo la luna.

Volví a orillas de lago de Aumar, con la intención de fotografiar el pico Neouvielle contra un cielo azul intenso y vestido con sus mejores galas, ya bañado por la luz matutina. Las composiciones desde este lugar no tienen mucho misterio, casi me atrevería a decir que son sota, caballo y rey. Quizás son las condiciones atmosféricas las que pueden conseguir que una u otra foto tenga más o menor magia.

La luz ya comenzaba a ser dura tras llenar mi tarjeta con varios encuadres que me apetecía tener, no tanto por su originalidad como por los recuerdos que me iban a suscitar.

Tras probar con el iPhone una panorámica de 180º, que me sorprendió (el iPhone ha resultado ser una pieza del equipo fotográfico, en este viaje, casi imprescindible para documentar el mismo, sobre todo con el tema de las panorámicas) decidí repetir la misma con la reflex. Tenía configurado el Magic Lantern para que me ejecutara de forma automática las exposiciones necesarias para cada encuadre, de forma que, ya en casa, podría hacer blending o HDR de cada una de ellas antes de montar la panorámica. Hacerlo así resultó de lo más cómodo, un disparo por encuadre daba lugar de forma automática a N exposiciones asegurando que cubría todo el rango dinámico de la escena.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM
polarizador, panorámica de 9 fotos verticales
y de 4 a 2 exposiciones por encuadre)
Sobre las 10:00 de la mañana volvimos sobre nuestros pasos a las tiendas para desayunar y rehacer las mochilas. Nos esperaba una travesía interesante hasta el Lago Nère pasando por la Hourquette d'Aubert (2.498m), pero esta historia tendrá que esperar a una próxima entrada.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Costa Quebrada

Con este nombre "Costa Quebrada" es como se conoce la zona del litoral Cántabro al oeste de Santander que se extiende desde la Isla de la Virgen del Mar hasta la punta de Somocuevas. En poco más de 5 kilómetros es posible encontrar una gran diversidad de accidentes geológicos (playas salvajes, islotes o " urros ", tómbolos, istmos y acantilados) lo que confiere a esta zona un valor paisajístico excepcional. Todas estas formas litorales son la reminiscencia del antiguo litoral costero que se formó hace unos 100 millones de años durante el Cretácico.

Este era el lugar de destino elegido para pasar una semana de vacaciones, merecida, por otra parte, tras pasar un mes dentro de las mismas cuatro paredes con motivo del nacimiento de mi hija Lucía.

Tenía claro que irse de vacaciones con un niño a punto de cumplir los tres años y una niña con un mes recién cumplido no me iba a dejar mucho tiempo para la fotografía de paisaje tal y como la concibo y me gusta disfrutar: en soledad y concentración al cien por cien. Sólo tendría opción de los amaneceres y como no tenía ni idea de cómo iban a transcurrir las noches con la niña tenía claro que el alojamiento no debía estar muy alejado de la zona a fotografiar. Finalmente después de mucho mirar localicé una apartamento, precisamente no tirado de precio, que en 10 minutos andando me ponía en pleno centro de la Costa Quebrada, y en 5 minutos en coche me llevaba a otros enclaves de la misma costa algo más alejados para ir a pié.

Como suele ser costumbre tenía estudiado las horas y ángulo de salida del sol. En este sentido encontré muy interesante el programa "The Photographer's Ephemeris" que haciendo uso de Google Maps te traza directamente la líneas de salida y puesta de sol, y también para la luna. El programa permite hacer más cosas pero para descubrirlo os invito a que os lo instaléis y juguéis con él. La documentación está en ingles pero aún así es una herramienta que considero bastante útil.

De las siete mañanas posibles el tiempo y los quehaceres familiares sólo me permitieron salir cuatro, que no está nada mal. El mismo día de la llegada me di una vuelta con mi hijo por la zona de acantilados próxima al apartamento sobre la playa de Portio para familiarizarme con el camino que tendría que seguir a la luz del crepúsculo a la mañana siguiente.

Amaneció y mientras caminaba por el sendero por mi cabeza paseaban las distintas fotografías y encuadres que había visto por Internet mientras preparaba el viaje en casa. Algunas eran buenas, otras no tanto y las menos, como las de Asier Castro, excepcionales. Era difícil eliminar estas imágenes de mi cabeza y no verse obligado a buscar encuadres ya descubiertos por otros.

El día amaneció totalmente despejado y una franja anaranjada se levantaba sobre el horizonte allá donde la línea de costa se perdía en la distancia. Una primera toma con las moles de piedra a contraluz se me antojó complicada y de poco atractivo estético, así que la dejé pasar para mejor ocasión. Mientras andaba en dirección este sobre una delgada senda al filo del acantilado las moles de piedra iban cambiando de forma pero aún había muy poca luz para intentar siquiera sacar la cámara. La neblina sobre el horizonte amortiguó algo los primeros rayos de sol mientras estudiaba composiciones enmarcando uno de los urros más llamativos de la zona y que desde la primera vez que lo vi retratado había sentido un magnetismo especial hacia él.

Como sabía que sólo iba a poder retratarlo con la luz del amanecer tenía claro, por la orientación del sol, que una foto curiosa sería aquella en la que los primeros rayos incidiesen sobre el urro con su luz cálida. Con esa imagen en mi cabeza salí de Madrid y justo en esos momentos se hacía realidad.

Urros, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, densidad Neutra -3, polarizador, trípode
8s @ f/19 ISO 100

Más que tratar de reflejar la fuerza del mar y un aspecto realista del mismo quería conseguir una ambientación más mística y para ello hice uso de un filtro de densidad neutra de 3 pasos que mostrara un aspecto más sedoso del mar y un polarizador para oscurecer y saturar el azul del océano. Quería una toma sencilla con el mínimo de distracciones y por eso decidí no sacar la línea del horizonte. Después de varias tomas me dí cuenta que un toque de originalidad lo tendría si lograba una toma en la que hubiera una cantidad importante de espuma entorno a las rocas como si enmarcaran dicho monumento pétreo. Al final conseguí lo que quería, una toma sencilla de unas formaciones rocosas muy impactantes por sí solas, que combina las tonalidades azules del mar con los cálidos del sol reflejado en una ambientación un tanto alejada de la realidad y de lo que los ojos ven a simple vista. Esta foto quizás tenga un lugar reservado en alguna pared de casa...

No quería irme sin probar alguna composición con algún elemento en primer plano y busca que te busca encontré varias plantas entre las rocas cuyo color verde armonizaba muy bien con el resto de colores de la escena. Al final di con una cuya forma se ajustaba muy bien con el encuadre que buscaba guiando la vista desde una de las esquinas hasta la esquina opuesta donde situé a los urros. Tuve de nuevo la suerte de que el sol empezó a dar sobre la roca y las plantas y sus tonos cálidos de nuevo aportan un toque de color que hacen que la foto tenga algo especial.

Urros, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, densidad Neutra -3, polarizador, trípode
8s @ f/19 ISO 100



A mi regreso el sol estaba incidiendo sobre los monolitos rocosos que había dejado pasar durante el crepúsculo. Ahora sí que valía la pena dedicarle unos minutos. Hice bastantes tomas con diferentes encuadres pero ya en casa compruebo que ninguna me satisface lo suficiente.

Para el siguiente día el pronóstico era de cielos cubiertos y lluvia por lo que decidí no salir y recuperar, si era posible, algo de sueño. Efectivamente, cuando me levanté, a una hora no tan intempestiva, llovía incesantemente y la visibilidad dejaba mucho que desear. Para el tercer día se anunciaban nubes al principio de la mañana pero sin lluvia, así que el madrugón era obligado.

El sitio elegido y las posibilidades que tenía las había visto ya en una foto y tenía bastante claro cómo llegar. Cinco minutos de coche y otros cinco andando me situaron donde yo quería. La vista era fantástica y un cielo cubierto se cernía sobre mi cabeza. No obstante tenía la esperanza de que algún rayo de sol se escapase y pintase ese dramático cielo. Como en la última salida, quería seguir experimentando con velocidades lentas para dar un toque de irrealidad al mar. Colocado el trípode y seleccionado el encuadre comencé a probar con diferentes velocidades. Las fotos no me disgustaban pero quería algo más. El sol iba subiendo por encima del horizonte y no se dejaba ver cubierto por el manto espeso de nubes. De repente las nubes empezaron a adquirir unas suaves tonalidades malvas que al hacer uso del filtro degradado neutro se potenciaban. Esta capacidad de saturar algo más los colores es una de las principales razones por las que aún sigo primando el uso de estos filtros degradados frente a técnicas como el HDR o el degradado neutro digital. Eso no quita que cuando sea necesario haga uso de ellas, pero hoy por hoy cada técnica tiene un hueco específico en mi fotografía. Lo inteligente es saber cuándo hay que hacer uso de ellas e incluso cuándo combinarlas.

El resultado era espectacular combinado con la velocidad lenta de veinte segundos que me proporcionaba el filtro neutro. Pero incluso con el 17-40 no abarcaba toda la extensión de cielo que quería incluir en el encuadre. Así que opté por ensayar diferentes tomas para luego montar una panorámica. Primero probé en vertical pero lo que mejor resultado me dio fue hacer varias tomas horizontales que luego uní en tiempo de post-procesado con PS. La foto obtenida podría imprimirse a tamaño 70cm x 70cm a 200ppp.


Costa Quebrada, Playa de Somocuevas
Canon EOS 5D Mark II, Canon EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro -2 Hard, densidad Neutra -3, polarizador, trípode
20s @ f/19 ISO 200
Panorámica de tres fotos horizontales

La jornada fotográfica había concluido prácticamente. Como aún era pronto decidí coger el coche y acercarme hasta la playa de Arnía a menos de 10 minutos de donde me encontraba con el fin familiarizarme con la zona para el día siguiente. La búsqueda de encuadres que me satisficieran no fue muy fructífera a excepción de una zona que hasta no estar metido en harina no terminaría de saber si funcionaría o no. El acceso a la playa se hace a pie a través de una pista asfaltada en pocos minutos. Es una playa de arena y sólo el extremo izquierdo presenta formaciones rocosas con algo de gracia. El atractivo de esta playa, desde el punto de vista paisajístico, lo proporciona el islote conocido como Isla del Castro a 500 metros de la orilla. Así que éste tenía que ser indiscutiblemente parte protagonista de las fotografías.

Llegó el día siguiente, tercera salida y cuarto día de mi estancia por tierras cántabras. En diez minutos tras salir del apartamento ya sentía la arena de la playa de Arnía bajo mis pies. El cielo estaba totalmente despejado lo que no me agradaba demasiado. La búsqueda de encuadres me ataban irremisiblemente a dos rocas que hacían las veces de líneas de fuga hacia la Isla del Castro. De todos los puntos de vista que probé sólo uno me decía algo pero el cielo raso restaba puntos a la toma y la composición con filtros degradados se hacía extremadamente compleja por lo irregular del perfil. Hice muchas tomas, primero con ISOs bajos, para pasar a probar con ISOs más altos. Tenía claro que lo que daría fuerza a la foto sería alguna ola al penetrar entre las dos rocas. Un diafragma cerrado casi a tope para maximizar la profundidad de campo y la poca luz reinante me obligaban a disparar con ISO 1600 si quería utilizar velocidades por debajo del segundo para congelar el movimiento del agua. Probé con filtros degradados, hice varias tomas sin ellos para luego hacer un HDR y desde luego hice muchos intentos hasta congelar la estela de agua como yo quería. Al final lo conseguí pero no terminé de estar del todo contento con la foto. Los minutos posteriores, ya con un sol más elevado, me dediqué a recorrer la zona y a hacer alguna que otra toma pero sin mucho éxito. El día estaba echado y era hora de tocar retirada y marcharse a desayunar con la familia.

Durante el post-procesado hice pruebas con el HDR pero el resultado se mostraba algo artificial. Cogí uno de los RAWs que hice con un buen balance de exposición. El ruido a ISO 1600 era bastante aceptable. Con la 40D que tenía antes esta foto hubiera ido directamente a la basura. tras unos ajustes en Lightroom conseguí un primer revelado muy aceptable y con el que estaba contento, sacando detalles en las sombras y colorido en el cielo. El procesado en Photoshop terminó de rematar la foto combinándola con la toma HDR generada como una capa más y jugando con máscaras para seleccionar distintas zonas de una capa u otra donde fuera necesario.

La foto una vez procesada, al final, me convence tanto en composición como en estética con la estela de agua imprimiendo dinamismo a la toma y resultando un poderoso primer plano. El cielo, aunque sin nubes, tiene su atractivo por la gradación de colores con origen en la Isla del Castro. Si tengo que poner un pero a la toma quizás sería lo justo que la veo por abajo.


Atrapada, Playa de Arnía, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro Inverso -3, polarizador, trípode
0.7s @ f/19 ISO 1600


Los dos días siguientes, uno por planificación familiar y otro por lluvias, no tuve opción de escaparme, pero cuando ya casi me había mentalizado de que no habría más ocasiones de salir, el parte meteorológico para el último día no anunciaba lluvias y únicamente cielos cubiertos durante las primeras horas del día. Ideal para un último intento.

El día anterior, en una tregua que nos dio la meteorología, recorrí en compañía de la familia los caminos que dan a los acantilados próximos a la playa de Arnía. La vista era espectacular y decidí que ese sería en principio el sitio elegido para el último día. Pero una vez aparqué el coche y comencé a andar pensé que la foto que obtendría sería muy parecida en estilo a la del segundo día, y tenía clavada la espinita de no haber retratado los monolitos de roca que el primer día aparecían a contraluz. Con cielos cubiertos la luz es muy difusa y estimé que era ideal para retratarlos sin el problema del contraluz. Así que sobre la marcha cambié de planes y desandando lo andado me dirigí en dirección contraria. Una vez llegué al sitio que tenía en mente el cielo seguía cubierto pero empezaba a adquirir unas tonalidades rosáceas que me recordaban a las del segundo día. Rápidamente monté todo el tinglado, hice un par de fotos cuya luz era fuera de lo común por las tonalidades malvas que adquiría todo el paisaje, pero por las prisas la composición elegida dejaba mucho que desear. Además la velocidad lenta que utilicé restaba personalidad a la toma. En el tiempo que tardé en buscar un encuadre que me satisficiera la luz se había ido y sólo queda un cielo mortecino y una luz de lo mas común. No obstante me empeñé en seguir haciendo fotos variando muy ligeramente el encuadre. El mar estaba más salvaje que los días anteriores y determiné que tenía que capturar la fuerza del mar y la explosión de las olas contra las rocas. Para ello probé con una velocidad algo por debajo del segundo que habitualmente suele dar buenos resultados. Como el encuadre elegido no demandaba una excesiva profundidad de campo, pues el primer plano me quedaba como a dos metros de distancia, determiné que f/13 e ISO200 serían un buen compromiso entre ruido de ISO y definición en las rocas más alejadas.

En el tiempo que estuve haciendo una foto tras otra comprobando como quedaban en el estupendo LCD de la 5D Mark II el sol se iba alzando cada vez más sobre un horizonte cubierto. De repente unos claros parecían querer abrirse. Yo seguía haciendo fotos con el filtro degradado inverso moviéndolo con la mano para tratar de minimizar al máximo su efecto sobre las rocas. Entonces comprobé en el LCD las maravillosas tonalidades anaranjadas que estaba proporcionando el cielo y que aportaban el toque justo de calidez a la toma. Me dijé que, o aprovechaba estos momentos o ya no habría más. Así que como el encuadre ya estaba determinado me empeñé en pillar una ola rompiendo sobre el monolito grande de la izquierda para poner la guinda a la foto.

Furia de Gigantes, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro Inverso -3, polarizador, trípode
0.7s @ f/13 ISO 200

El post-procesado no ha sido complicado pero sí me he permitido la licencia de combinar dos fotos. Una de ellas es esencialmente la que se ve y de la otra he clonado la explosión de agua sobre la roca. Perfectamente podría haber utilizado una única foto, en la que aparece dicha explosión pero no me terminan de convencer tanto las texturas del agua como en esta que veis.

Aún tenía una hora por delante antes de volver al apartamento y no quería regresar a casa sin una foto de mis queridos urros, que retraté el primer día, esta vez en formato vertical. Eché a andar por la senda y en veinte minutos ya me encontraba frente a él. Sea por lo que fuere esta vez no me costó mucho encontrar una composición con la que sentí cómodo, a diferencia el primer día que, por más que lo intenté, no daba con ninguna.

Lo que me atrajo principalmente fue el colorido amarillento que salpicaba la roca del primer plano y como contrastaba con el azul del mar lo que proporcionaba un juego de contrastes especialmente atractivo. Por otra parte, la toma era sencilla, con pocas distracciones y eso siempre me gusta. El uso del un filtro degradado neutro de transición suave fue esencial para obtener unos azules intensos y un buen contraste en el extremo azul de la foto.

Urros enmarcados, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, degradado Neutro -3 Soft. polarizador, trípode
0.7s @ f/19 ISO 100

Al final el día salió mejor de lo esperado y la intuición, la espera y la paciencia dieron sus frutos.

En la siguiente imagen tenéis una vista global de la distribución de localizaciones de las fotos realizadas. Pinchando sobre la imagen la veréis ampliada y pinchando AQUÍ podéis acceder directamente al mapa en Google Maps.


Parte del éxito fotográfico de esta escapada fotográfica a Cantabria, con niños pequeños, se debe a una buena planificación antes del inicio del viaje. Una buena selección del alojamiento muy cercano al área a fotografiar fue clave, así como el estudio que hice en casa de las posibilidades fotográficas de la zona.

En este artículo tenéis una descripción de lo que aconteció en mi primera visita a Liencres también con niños pequeños.

miércoles, 3 de junio de 2009

Mejora del rango tonal con HDR

Las técnicas de control del rango dinámico son cada vez más populares entre los amantes de la fotografía. A prácticamente ya nadie que esté un poco al día le suena a chino las siglas HDR, o qué es un degradado neutro digital. La información de cómo aplicar estas técnicas es abundante en Internet. El termino HDR se ha vuelto tan popular que ahora, lamentablemente, cuando se ve una fotografía con una situación complicada de luz, automáticamente se piensa que se trata de una "imagen HDR". Incluso muchas veces se le asigna este calificativo de forma peyorativa, ya que hoy por hoy se ha abusado tanto de esta técnica que parejo a estas siglas va unida la idea de que HDR = falta de realismo. Es quizás por estos motivos que nunca me he sentido muy atraído por estas técnicas.

No hace mucho, en mi empeño por resolver situaciones complicadas de luz en las que el simple uso de filtros degradados físicos es insuficiente, decidí ahondar en lo que el HDR podía ofrecerme pero siempre procurando que la foto final fuera lo más realista posible. Jugando con el software de Photomatix Pro, y de rebote, todo hay que decirlo, descubrí que era capaz de recuperar las tonalidades en el extremo del rojo que por diversas causas se habían perdido en el RAW original. Esta situación es muy frecuente al amanecer y atardecer donde dichas tonalidades cobran tal intensidad que suelen exceder los límites de lo que el sensor es capaz de registrar. Antes de dar con esta forma de recuperarlas la única solución era jugar con las herramientas de saturación y tonalidad de Lightroom o Adobe Camera Raw pero siempre me veía obligado a ajustarlas en sus valores máximos con la perdida de calidad que esto supone.

Los resultados obtenidos haciendo uso de los algoritmos de procesado HDR proporcionan resultados más naturales y más parecidos a los observados en la realidad. Los pasos a seguir para aplicar esta técnica los detallo en el siguiente tutorial que espero lo encontréis útil.