martes, 23 de marzo de 2010

El arte del procesado (parte III)

En esta tercera y última parte sobre "El arte del procesado" vamos a meternos de lleno en las distintas decisiones que tomé a la hora de procesar la foto con la que inicie esta serie. No hay un camino único para retocar una foto y la mayoría de las veces las decisiones que tomamos obedecen más a motivos estéticos que a razones puramente técnicas (limpieza de manchas, eliminación de ruido, etc)


Partimos de la imagen con ya unos mínimos retoques en Lightroom. Básicamente algo de Vibrance y enfoque para paisaje (40/0,8/50/0). Consideré que en el caso concreto de esta imagen el resto de retoques era mejor hacerlos en Photoshop porque siempre ofrece más flexibilidad y potencia.

De un vistazo rápido a la imagen lo primero que ví que necesitaba mejorar era ese cielo que, a pesar de haber utilizado un filtro degradado neutro, quedaba aún sobreexpuesto. Lo segundo que me chirriaba un poco eran las tonalidades tan frías que presentaba.

Identificadas las dos cosas a trabajar en la imagen, ya sólo era cuestión de ir desmenuzándolas en tareas más pequeñas.

Cielo sobreexpuesto

Como afortunadamente había realizado otra toma dos pasos subexpuesta tenía material con el que jugar para recuperar la zonas quemadas del cielo. Además conseguí una tercera imagen con la que trabajar generando un HDR con Photomatix Pro a partir la toma sobrexpuesta y subexpuesta.


Como se puede comprobar el HDR está lejos de dar los resultado deseados. La zona del cielo por encima del sol queda bien, equilibrando el azul del cielo con las zonas más oscuras de las nubes en la esquina superior izquierda, pero las nubes justo debajo del sol quedan empastadas y sin volumen. Además las rocas en la mitad inferior de la imagen quedan muy artificiales, con poco contraste y muy saturadas. En teoría para solucionar estos problemas sólo hubiera hecho falta jugar con la toma sobreexpuesta y el HDR aplicando máscaras, pero en la práctica tuve que añadir la imagen subexpuesta y la máscara correspondiente.

El pintado sobre las máscaras es puramente subjetivo ateniéndome a decisiones meramente estéticas difíciles de explicar y seguramente de hacerlo ahora de nuevas lo haría de otra forma.

Quedaban, no obstante, un par mejoras por hacer. En primer lugar aclarar algo ese cielo para equilibrarlo con la luminosidad del primer plano. Para ello tiré de niveles con una máscara para que afectara únicamente a todo el área por encima de la franja de árboles excluyendo la zona del sol.

En segundo lugar oscurecer y aclarar muy ligeramente ciertas partes de las nubes para dar así más sensación de volumen. Esto lo conseguí creando una nueva capa (Layer->New Layer) en modo Overlay, rellenándola con gris neutro al 50% y pintando con el pincel sobre ella, algo oscuro si quiero oscurecer y algo claro si quiero aclarar.

El resultado final es el que véis a continuación:


Tonalidades frías

Solucionado el primer problema era hora de abordar la cuestión de las tonalidades frías. Lo más fácil para mi a la hora de aportar calidez es jugar con las curvas, restando color azul y añadiendo rojo. En este caso sólo lo aplicaría a la zona de las rocas pues no quería perder las tonalidades frías de las nubes.

Llegado a este punto seguía sin estar aún conforme con el resultado. La foto necesitaba algo de contraste, pero no de forma global, sino únicamente en las zonas oscuras. Para ello lo más fácil era usar una acción de Máscara de Luminosidad de Tony Kuyper para las zonas oscuras. Esta máscara aplicada a una curva en forma de 'S' me proporcionó el efecto buscado.

La imagen ganaba pero aún necesitaba algo más de contraste, sobretodo en la zona de las rocas. Decidí aplicar la técnica de mejora del contaste en los tonos medios. Para ello hay que crear una capa nueva, resultado de acoplar todas las demás (MAY+CTRL+ALT+E) y aplicar un filtro High Pass con un radio de 10 píxeles, a continuación se dessatura la imagen resultante y se fusiona en modo Color Burn con una opacidad entre el 5-10%. Sólo faltaba aplicar la máscara correspondiente para excluir las zonas más oscuras. El resultado obtenido, ahora sí, se iba acercando un poco más a lo que tenía en la cabeza.

Os muestro ahora el resultado de ir aplicando sucesivamente los tres pasos anteriores (calidez con curvas, contraste con curvas y contraste en los tonos medios)


Llegados a este punto decidí potenciar aún más los cálidos pero esta vez saturándolos. Para ello recurrí a la herramienta de Color Selectivo y jugué con los valores del canal amarillo. De esta forma los anaranjados entorno al sol ganaron fuerza y los verdes de las rocas se tornaron algo más cobrizos.

La franja intermedia de nubes bajo el sol seguía sin ser de mi agrado, la veía con poco volumen. Así que cogí una versión de la toma subexpuesta sobrexponiéndola paso y medio y aplicando una máscara de capa la incorporé a la imagen actual. Del resto de pasos que fuí añadiendo, los más relevantes fueron un efecto Velvia para saturar la foto de forma global (es una acción que llevo años utilizando, aunque seguramente ya existan alternativas mejores), unas curvas para aportar algo más calidez a la mitad inferior (aún la seguía viendo algo fría) y una mejora adicional de contraste a través de una máscara de enfoque con valores (20/60/2). Este último paso es algo que aplico a todas mis fotos ya que, aunque de forma muy sutil, proporciona una claridad en los detalles que no deja de sorprenderme.

Sólo cuando el tratamiento de la imagen ya lo doy por acabado es cuando me ocupo del enfoque. Las técnicas a utilizar varían dependiendo de si es para web o para una impresión. Los detalles los dejaré para otro artículo más adelante.

Para los que seais usuarios avanzados veréis que no he comentado nada sobre Smart Filters. Lo he hecho así por consideralo no relevante para el discurso que quería dar y porque no quería liar en exceso el texto. De nuevo, este tema da sufiente de sí como para ser objeto de una nueva entrada en el blog en algún momento, aunque en Internet hay información abundante sobre cómo utilizarlos.

Como habréis podido comprobar mi forma de procesar una foto al final se compone, habitualmente, de muchos pasos pero con cambios muy sutiles entre paso y paso para al final conseguir un efecto bastante diferenciador.


Consideraciones finales

El uso de capas y máscaras conforman los pilares sobre los que se sustenta mi forma de trabajar las fotografías por lo que dominarlos resulta básico. Es tambien importante, aunque en un segundo orden, conocer acciones y "trucos" de terceros e incorportarlos al "recetario" personal en función de nuestras preferenicas personales. Por supuesto no hay una forma o método único para conseguir cierto efecto, los caminos pueden ser varios y a la hora de elegir uno es cuando cada cual tira de su listado particular. Lo que tiene que quedar claro es que antes de utilizar una herramienta concreta hay que plantearse cuál es la necesidad a cubrir, qué quiero conseguir y sólo entonces empezar a pensar en el cómo.

Seguramente después de tanta descripción muchos os hayáis perdido, asi que lo mejor es que os descargeis este PSD en baja resolución para que vayais viendo el efecto de ir aplicando cada capa y cada máscara.

Espero que tanto esta entrada como las otras dos anteriores de esta misma serie os hayan sido ilustrativas y os hayan aportado ideas e inpiración en vuestra forma de enfrentaros a la fotografía de paisaje.


domingo, 14 de marzo de 2010

Recibiendo un nuevo día

No sé que tienen los primeros rayos de sol (o los últimos) reflejados en la nieve que me atraen sobremanera.

Esta que veis es de este mismo fin de semana de una escapada rápida a Cotos en mi querida sierra de Guadarrama. Llegué media hora tarde (¡cómo cuesta eso de levantarse a las 5:00!) y en una búsqueda rápida pude componer lo que veis. La ejecución de la toma fue sencilla pero con el sol en contra recurrí a un viejo truco a fin de reducir al máximo el flare y la pérdida de calidad de imagen que produce un sol directo sobre el objetivo. Hice dos tomas, una exponiendo para el primer plano, ocultado el tercio superior con la mano y otra exponiendo para el cielo. Por supuesto con el polarizador quitado.

Ya en casa no fue difícil hacer el blending. Al principio la toma no me atrajo mucho (primer plano clásico, un cielo bastante sosillo y el tema del sol estrellado algo ya trillado) pero hoy, con un día de por medio, la he vuelto a observar y me llama algo más. Las texturas de la nieve y sus tonalidades cálidas recibiendo el nuevo día me hacen revivir esos momentos de soledad arriba en la montaña de una manera profunda. Por ser testigo de instantes como estos vale la pena uno y mil madrugones.

lunes, 22 de febrero de 2010

El arte del procesado (parte II)

Cuando escribí la primera parte de "El arte del procesado" mi intención era terminar con una segunda parte. Tras escribir lo que leeréis a continuación lo he reconsiderado y en aras de no hacer un post muy largo habrá una tercera entrega. La que a continuación se presenta abarca el conjunto de toma de decisiones en campo a que dio lugar la foto que aparecía en la primera parte. La tercera parte se centrará en la toma de decisiones en tiempo de post-procesado.

Aquel día inicié la caminata a la luz de la frontal con una niebla que lo más que me dejaba ver era la punta de mis botas. El recorrido me lo conocía por haberlo realizado hacía unas pocas semanas, aunque en aquella ocasión había bastante más nieve, para mi alegría. No obstante en un par de ocasiones la niebla cerrada me hizo salirme del camino y tuve que tirar de GPS para poder retomar de nuevo el sendero. Tenía la esperanza de que a medida que el día clarease la niebla se levantaría y tendría opciones de ver un precioso amanecer. Estas ilusiones e imágenes mentales son las que a la gran mayoría, sino a todos los fotógrafos de naturaleza que conozco, nos empujan a hacer locuras, "locuras" desde el punto de vista, claro está, de los que no están mentidos en este mundillo.

Así pues ahí me encontraba yo, subiendo por una pendiente cubierta de nieve en plena noche, el viento soplando a mi alrededor, y una fina aguanieve cayendo sobre mis hombros. El día clareó muy tímidamente y tras 45 minutos de caminata llegué finalmente a mi destino. Las nubes bajas que me habían envuelto desde el comienzo seguían sin levantarse. Pasados ya 15 minutos desde la hora prevista para el amanecer la cosa no daba señales de mejorar y decidí con todo mi pesar y sin haber sacado siquiera la cámara de mi mochila, regresar sobre mis pasos. En mi regreso trataba de sacar lo positivo de aquel día diciéndome a que a pesar del madrugón y las inclemencias meteorológicas la experiencia de recibir el día en plena montaña había valido la pena. No había recorrido 500 m cuando vislumbré un tímido claro en el cielo al mirar hacia atrás sobre mi hombro derecho (siempre es bueno echar la vista atrás). A la carrera volví al lugar que había dejado hacía 10 minutos. Mágicamente el panorama a mi alrededor se había despejado dejando al descubierto la orografía y vegetación del collado donde me encontraba. Sin embargo las nubes, veloces, seguían ocultando las cumbres cercanas. Sabía que en cualquier momento el sol podría hacer acto de presencia.

Habiendo estado hacía dos semanas en el mismo lugar totalmente cubierto de nieve (foto), lo que me encontré no voy a negar que me resultó algo decepcionante, pues ni por asomo me recordaba al espectáculo que en su momento vi. La nieve era sólo un bonito recuerdo así que tuve que recomponer mis esquemas mentales. Dediqué los minutos siguientes a buscar algo que me llamara la atención, siempre sin perder de vista el sol tras las nubes. A lo lejos un promontorio rocoso me llamó la atención como buena atalaya para conseguir un punto de vista elevado. Tras llegar y estudiar el emplazamiento empecé a ver el potencial que tenía ya que las rocas presentaban orificios llenos de agua que podrían funcionar muy bien como primer plano. Sólo faltaba que el sol cooperase. Las nubes se movían raudas y el sol aparecía y desaparecía cada pocos segundos, las montañas frente a mi quedaban totalmente ocultas y al instante volvían a aparecer. La forma de la pequeña depresión en la roca que tenía bajo mis pies la consideré suficientemente fotogénica como para funcionar como motivo del primer plano que andaba buscando. Era una composición poco arriesgada, demasiado estereotipada quizás, pero era lo mejor que vi en esos momentos. Si seguía buscando algo mejor quizás perdería una oportunidad de oro irrepetible. Como apoyo a la composición otros orificios en las rocas adyacentes ayudaban a dirigir la mirada en dirección al sol. Composicionalmente la imagen funcionaba ahora sólo falta que los aspectos meteorológicos colaborasen. A esperar...

Soy de la opinión de que lo que más hay que trabajar en una fotografía es la composición. Si esta falla la foto falla y no hay programa de retoque que lo pueda solucionar. La exposición es otro cantar. En este caso funcionaba así que era obligado dedicarle unos minutos para no pasar por alto ningún detalle. Además, un paisaje tan dinámico con unas nubes tan cambiantes sabía que proporcionaría una foto irrepetible.

Una vez determiné el encuadre que quería cámara en mano sólo quedaba montar el trípode respetando la misma posición y mismo encuadre. Acto seguido conecto el cable disparador, coloco el nivel de burbuja, afino en encuadre al milímetro y bloqueo el enfoque al punto más alejado de la roca del primer plano. Todo listo, todo preparado. Ahora es cuando surge la duda ¿qué filtro degradado utilizar? Pruebo con uno de tres pasos de transición fuerte. Activo el Liveview de la cámara, sujeto con la mano el filtro degradado delante del objetivo con la zona de transición por encima de la línea arbolada y, en manual, ajusto a ojo el tiempo de exposición para f/19, ISO 100 hasta que veo la imagen correcta en el display y el histograma suficientemente centrado. Atrás quedó el medir en distintas partes de la foto para cuadrar la exposición, ahora todo es más sencillo y dedico más tiempo a otros aspectos de la fotografía, como son el momento y el uso de los filtros degradados.

El sol permanece oculto pero empiezo a hacer fotos moviendo el filtro degradado pegado al objetivo para ir calentado motores. El sol sigue sin salir y el perfil montañoso permanece oculto. De repente, el astro rey parece querer abrirse paso y retomo la secuencia de fotos, pero ha salido muy rápido y a pesar del degradado de tres pasos aparece muy quemado con rastros de flare en el encuadre. Lo necesito algo más tamizado. Así que espero. Las nubes empiezan de nuevo a fluir delante del sol restándole fuerza. ¡Esta es la mía! Sigo haciendo fotos, mismo encuadre, pero esta vez para asegurar hago varias tomas variando la exposición varios pasos arriba y abajo. Miro en display de la cámara. Creo que tengo la foto. Ya en casa trabajaré, la zona del sol y sacaré detalles en las zonas más oscuras del conjunto de fotos que he hecho.

El resto de la jornada no hizo más que comenzar aquí y dio pie a fotos con un estilo totalmente distinto del que he mostrado en este artículo. Pero esta es otra historia.


viernes, 12 de febrero de 2010

El arte del procesado (parte I)

A menudo he oído el comentario de que "he procesado tal o cual foto con la intención de dejarla lo más fielmente posible a lo que vi en el momento de hacer la foto". Creo que hasta yo mismo en alguna ocasión lo he dicho. Pero, recapacitemos, ¿realmente es así? ¿Nos acordamos de verdad de la gama de tonos, luces y sombras que vimos insitu? Yo, por mi parte no, no tengo tanta memoria fotográfica. Entonces, ¿qué directrices seguimos a la hora de retocar una fotografía?, ¿de saturar en mayor o en menor medida unos colores?, ¿de aplicar tal o cual balance de blancos? Desde luego dejar la foto como lo que vimos, no. Más bien la respuesta tiene que ver con un deseo de satisfacer unas necesidades estéticas más que con la representación fiel de la realidad.

Concibo una fotografía, en última instancia, como una sucesión de toma de decisiones cuyo resultado queda plasmado o registrado en un soporte bidimensional con el fin de reflejar una visión del mundo real. Si excluimos la parte de previsualización, la primera toma de decisiones comienza en el lugar donde tomamos la foto. Cualquiera con un mínimo de experiencia en fotografía sabe de qué estoy hablando: ¿es ahora el mejor momento para hacer la fotografía que quiero? ¿es adecuada la luz que hay? Si es así, ¿me satisface este primer plano? ¿El cielo tiene el potencial que necesito? ¿Es mejor volver en otra época del año? Una vez resueltas estas primeras dudas debemos enfrentarnos a unas decisiones más técnicas: el encuadre, velocidades de obturación y diafragma, filtros, ISOs, balance de blancos, etc. Finalmente hacemos click y ya tenemos nuestra ansiada foto registrada en nuestro soporte fotográfico, tarjeta, diapositiva o negativo.

Pero aquí, afortunadamente, no acaba la toma decisiones. Empieza ahora la segunda parte del proceso creativo que nos conducirá a la foto que ansiamos. Estoy hablando del retoque, procesado, realzado, o como lo queramos llamar, de la fotografía.

Sinceramente creo que en la actualidad se sigue infravalorando esta fase o al menos no se le da la importancia que merece, o no se le quiere dar. Hace algo menos de dos años tuve la oportunidad de impartir un curso sobre procesado de fotos con Photoshop, donde mi intención fue compartir con los asistentes mi forma de trabajar. Repartí ejercicios, la gente tomó notas y respondí a todas las dudas que me plantearon. En resumen, la gente salió del taller contenta y con una serie de recetas para mejorar sus fotografías que, en su mayoría, no conocían. De lo que me di cuenta allí fue que la mayor parte de los asistentes, a la hora de poner en práctica las herramientas aprendidas, no destinaban un tiempo previo a reflexionar sobre qué tipo de procesado era el más conveniente para su fotografía. Directamente se dedicaban a aplicar los conocimientos adquiridos sin un propósito claro y definido. No me cansé de repetir que lo importante no era tanto conocer las herramientas como saber qué quiero transmitir con mi fotografía, qué aspectos resaltar, cuáles minimizar. Esto para mi es lo complicado, porque en ello reside el aspecto creativo del procesado. Lo primero es fácilmente encontrable en libros o en la web. Lo segundo no y es muy particular de nuestras preferencias personales.

Por tanto, antes de decidir qué herramientas aplicar debemos pararnos, mirar la foto y reflexionar sobre lo que queremos conseguir y no lanzarnos a utilizar el recetario de herramientas que tan bien creemos que nos funciona y que en tal libro o curso que dimos nos demostraron los milagros de que eran capaces. Una vez tengamos lo primero claro será entonces cuando podremos comenzar con la selección de herramientas que me permitirán, paso a paso, alcanzar el resultado deseado.

En un próximo post, segunda parte de este que he comenzado, me he propuesto desmenuzar el conjunto de toma de decisiones, tanto en tiempo de captura como de procesado, de la fotografía que acompaña este post. Espero que sea instructivo.

jueves, 7 de enero de 2010

Las mejores del 2009


Con este montaje resumo las que considero mis mejores fotos del 2009.
Un año, todo hay que decirlo, muy escaso en fotos pero con momentos inolvidables.

No pongo información de cada foto porque casi todas ellas las he ido mostrando en este blog.

¡Que momentos y luces nos deparará el 2010! Como se suele decir... stay tuned

martes, 5 de enero de 2010

La última foto del año

No quería despedir el año sin una última foto pero este tiempo tan lluvioso que no nos da tregua dificulta mucho las cosas.

En mi cabeza no dejaba de estar presente la ya archiconocida frase entre los fotógrafos de naturaleza de "El mal tiempo es buen tiempo" así que había que sacarle partido y ni corto ni perezoso, después de devanarme la cabeza durante unos cuantos días buscando un lugar propicio a dónde ir decidí que la orilla más oriental del embalse de la Pinilla era un buen sitio para intentar hacer alguna cosilla con ciertas garantías de éxito. ¿Por qué este lugar? Principalmente por su orientación en invierno, ya que el sol se esconde prácticamente al fondo del embalse desde mi ubicación, tiene unas de las mejores vistas de toda la sierra con Peñalara (el pico más alto de la Comunidad de Madrid) y Cabezas de Hierro con sus cumbres nevadas como telón de fondo alzándose a ambos lados del embalse. Además me apetecía recorrer una zona nueva que no conocía y a escasos metros del coche. Por tanto ideal para unas buenas luces de atardecer, pero en caso de lluvia muy cerquita del coche.

La tarde no empezó bien pues a mi llegada no hacía más que llover y a punto estuve de arrancar de nuevo el coche y batirme en retirada. Pero ya que estaba ahí no iba a desperdiciar la ocasión para al menos andar por la zona, aunque fuera sin cámara y ver qué posibilidades tenía. Esto es algo que tengo pendiente hacer con más zonas de la sierra madrileña, me refiero a descubrir nuevos enclaves y sus posibilidades sin cámara alguna, en cuanto disponga de algo de tiempo.

Como era de esperar con el tiempo tan desapacible que hacía no había ni un alma, pero la meteorología quiso hacerme un guiño y poco a poco empezó a dejar de llover y tímidos rayos de sol se empezaron colar por entre las nubes, así que ya no había dudas, el resto del reconocimiento de la zona sería cámara y trípode en mano.

Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM,
degradado Neutro -2 Hard, polarizador, densidad Neutra -3, trípode


Lo primero que me llamó la atención (y a decir verdad, lo único) fueron unos troncos medio sumergidos. La tarde se estaba cerrando cada vez más y los tímidos rayos que antes se habían dejado asomar habían desaparecido definitivamente. Peñalara y el resto del perfil montañoso de la sierra quedaban totalmente cubiertos. En resumen, el panorama ante mi era el de un día totalmente gris sin ninguna gracia, con un cielo cubierto amenazante, ninguna posibilidad de luces al atardecer, ningún perfil montañoso con el que crear un buen fondo y como único motivo interesante unos troncos medio sumergidos que aislados convenientemente serían el punto de interés de la foto. Todo ello se prestaba a una foto en B&N en toda regla.

Mi intención a la hora de realizar una foto no es tanto retratar o documentar un lugar como el de crear una imagen singular, distinta y a poder ser que nadie conocedor de la zona atribuiría a la misma. En el momento de ver los troncos medio sumergidos varias imagenes, de las miles que ya han pasado por delante de mi retina, se agolparon en mi cabeza y sabía que lo que mejor funcionaría iba a ser una toma con cierto matiz de irrealidad, por lo que una exposición larga que borrase todo rastro de textura en el agua funcionaría muy bien. Así pues el filtro neutro de 3 pasos era obligado. Por otra parte en tomas de este tipo, con cielos cubiertos y un primer plano de agua, la diferencia de rango dinámico no suele ser muy acusada por lo que un filtro degradado neutro de 2 pasos suele ser el indicado para compensar la diferencia de luminosidad entre ambos planos. Como ya es norma en mi forma de trabajar sujete el filtro degradado con la mano y lo fui moviendo arriba y abajo durante los 30 segundos de exposición para borrar toda evidencia de utilización de este filtro. Es curiodo que a pesar de hacer el chequeo de cómo iba a quedar la toma mediente el liveview de la cámara poco se parece lo que vi a la toma final precisamente por la larga exposición. La toma conseguida era precisamente lo que tenía en mi cabeza pero lo que más me llamó la atención y sorprendió fueron los reflejos de los troncos que parecían auténticas pinceladas al óleo. En cuanto a la composición sólo tuve que aislar el grupo de troncos que más valor estético ofrececía (dicho así parece que sólo fue cuestión de pocos minutos dar con el encuadre y nada más lejos de la realidad) y vigilar que no se solaparan con el horizonte, así que altura del trípode en este caso fue un aspecto crítico de la toma.

En los minutos que siguieron hice algunas tomas más, horizontales, detalles de los troncos, etc pero ninguna destacaba como la vertical. La jornada tocó a su fin en cuanto la lluvia volvió a hacer acto de presencia y entonces sí, fue el momento de batirse en retirada.

martes, 10 de noviembre de 2009

Restos del otoño

Mis últimas escapadas a los hayedos próximos a Madrid (Pedrosa y Tejera Negra) no habían sido todo lo fructíferas que yo esperaba. La tan ansiada niebla no había hecho acto de presencia y no quería despedirme del otoño sin ella. Un tiempo borrascoso me propició una última oportunidad y en hora y media de viaje dejaba el coche aparcado al borde de la carretera a los pies del sendero que se incursiona en el pequeño hayedo de la Pedrosa. El tiempo era fantástico para mis objetivos, porque las nubes bajas eran las auténticas protagonistas y como compañeros el viento, el frío, la lluvia y las primeras nieves cubriendo la tupida alfombra de hojas. Pero el otoño prácticamente ya se había despedido. Únicamente restos aislados de color recordaban el fantástico espectáculo que debió ser el lugar hacía pocas semanas.

La niebla cambia radicalmente un paisaje, simplificando el caos reinante de formas, líneas y texturas pero no por ello se hace más sencilla la tarea del fotógrafo en su ansiada búsqueda de composiciones limpias y con un mensaje claro.

Tengo que decir que me costó un enorme de esfuerzo empezar a ver posibles motivos a fotografiar y la labor se hacía más dura si cabe debido a las inclemencias meteorológicas. Soy de los que se pasan muchos minutos con el trípode en la misma posición jugando con diferentes encuadres, velocidades, diafragmas, etc. y cuando parecía que por fin algo me llamaba la atención descubría gotas de lluvia en la lente del objetivo, no cuento ya cuál era la situación cuando trataba de hacer uso de un degradado neutro. Será la falta de práctica en estas situaciones pero ese día reconozco que no iba cien por cien preparado. En poco tiempo todo lo que tenía para limpiar el equipo acabo empapado convirtiéndose la simple tarea de limpiar la lente el objetivo en una misión imposible. Desesperado tuve que regresar sobre mis pasos hasta el coche para buscar con qué limpiar los objetivos. Para la próxima vez tomo nota de llevar parasoles, toallitas en abundancia y si puede ser hasta algún artilugio para poder sujetar un paraguas sin hacer uso de las manos.

Cuando volví a sumergirme en el caótico mundo de formas retorcidas mi percepción de lo que podía funcionar o no se había afinado muchísimo más y veía posibilidades casi en cualquier rincón donde miraba. Volví a buscar unos troncos cuyas curvas sugerentes salpicadas por el color de sus hojas se me antojó que tenía posibilidades. Empecé haciendo encuadres más abiertos para ir cerrándolos hasta quedarme con lo que realmente me atraía eliminado de esta forma posibles distracciones:

Canon EOS 5D Mark II, EF70-200mm f/4L USM, trípode
0.05 s@f/8 ISO 800


Conseguí así una toma aparentemente sencilla en su ejecución. Aparentemente, porque varios fueron los obstáculos a superar. Hacía viento pero no tanto como para conseguir un movimiento de las hojas sugerente. Así que opté por una velocidad rápida. Pero tenía que llegar a un compromiso entre el ISO y el diafragma empleados. Si abría mucho el diafragma me quedaba sin profundidad de campo y tampoco quería hacer uso de sensibilidades muy altas. Al final 1/20 segundo a f/8 e ISO 800 fueron los valores de compromiso, pero con un coste: tuve que hacer varias tomas cambiando el punto de enfoque en diferentes partes de la composición para luego fusionarlas en PS. Para llevar esto a cabo nada mejor que hacer uso del Liveview de la cámara aumentando al máximo y enfocando en manual. Para la fusión probé con la característica de auto-blending focus del CS4 pero me destrozaba la imagen. No he llegado a probar aún otros programas como el Helicon Focus, porque lo que conseguí de forma manual me dejó bastante satisfecho.

Hacer fotos de detalles está bien pero quería llevarme a casa tomas que reflejaran el ambiente y carácter del lugar. A pocos metros de la foto anterior se me reveló la escena que buscaba. Un aislado brote de hojas otoñales como colgando de un hilo me llamó poderosamente la atención, pero no menos que el entorno donde se enmarcaban: unos trocos de formas carismáticas cubiertos de un musgo ancestral y salpicados por las primeras nieves daban la sensación de recibir al incauto espectador para adentrarle en un mundo de formas fantasmagóricas. Al mirar por el LCD (cada día soy más propenso a hacer uso del Liveview que a mirar por el visor) vi que aquella toma funcionaba.

Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, trípode
0.5 s@f/13 ISO 400


Ya en casa poco procesamiento tuve que hacer a la foto, lo más destacable ha sido un enfoque por zonas para resaltar los árboles del primer plano y el musgo potenciando el efecto de tridimensionalidad que ya de por sí confiere la niebla.

Eran casi las tres de la tarde y no había probado bocado, satisfecho decidí que ya era hora de volver a coche y llevarme algo a la boca, pero a cada paso la siempre presente posibilidad de dar con una composición o motivo que se me hubiera pasado por alto me hacia detenerme y mirar 360 grados a mi alrededor. Cuando llegué al inicio del camino reparé en que los troncos de esta zona del hayedo tenían formas más solemnes en un espacio más abierto y despejado. No quise dar por terminada la jornada sin una toma más reflejando esta particularidad del lugar donde me hallaba, con la niebla siempre presente, como una musa inspiradora.

Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, trípode
2 s @f/19 ISO 100