miércoles, 28 de octubre de 2009

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Se puede decir que hoy me estreno oficialmente en Twitter. Este será el vehículo para dar a conocer de forma más asidua lo que hago y dejo de hacer, lo que me gusta y me disgusta dentro del mundo de la fotografía. Allí nos vemos....

viernes, 23 de octubre de 2009

Fotografiando el otoño en Pedrosa y Tejera Negra

Como cada año por estas fechas el otoño viste de colorido el paisaje y no hay fotógrafo de naturaleza que se resista a sus encantos. Quehaceres familiares no me han permitido una escapada como me hubiera gustado al norte del país, donde los hayedos muestran mejores trajes de gala. No obstante, ha sido la excusa perfecta para acercarme a dos hayedos cercanos en provincias limítrofes a Madrid que no visitaba desde hacía muchos años: El hayedo de la Pedrosa, en Segovia, y el Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra en Guadalajara. Su situación tan meridional los hace muy singulares pero por estar en el límite de su zona de influencia las hayas no tienen el porte y las dimensiones que alcanzan en zonas más septentrionales como Pirineos.

He tenido ocasión de fotografiar estos hayedos y en concreto el de Tejera Negra, dos días con condiciones medioambientales bien distintas (despejado y cubierto) y desde dos perspectivas también distintas (perspectiva aérea y dentro del hayedo). Es curioso que sintiendo más atracción por visitar los hayedos durante días cubiertos y lluviosos me siento más satisfecho con las fotos que hice el primer día con cielos despejados.

En mi web tenéis una selección de las fotos que hice.

En la primera escapada mi intención era la de fotografíar el otoño en el valle del río Zarzas con las luces del amanecer. Para ello tenía que recorrer kilómetro y medio hasta la Tiñosa (1935m) en plena noche con la ayuda del GPS sin la experiencia previa de haberlo visitado antes. Como era lógico llegué muy justo de tiempo para buscar una composición que me gustase y perdí la ocasión. No obstante, el otoño ya había moteado de color el valle y se prestaba muy bien retratar detalles del mismo con el 70-200. Haciendo de parasol con la mano conseguí una de las mejores fotos de aquella jornada:

Canon EOS 5D Mark II, EF70-200mm f/4L USM, Polarizador, trípode
1,5s@f/19 ISO 100

Seguramente repita la excursión en invierno pues la ruta se presta muy bien a unas raquetas y este mismo encuadre del valle recién nevado puede resultar muy atractivo.

De regreso hice una incursión por el hayedo de la Pedrosa, aún en sombra en algunas zonas, lo que favorecía la toma de algunas fotos pues el rango dinámico no era excesivo, pero muy seco por la ausencia prolongada de lluvias. Había zonas de auténtica explosión otoñal, pero resulta tan difícil componer en el interior de un bosque, más si es tan pequeño como este, que la mayoría de las veces resulta frustrante. La niebla es el único factor meteorológico que ayuda a mitigar ese caos de formas, líneas y texturas superpuestas, pero era algo con lo que ese día no contaba. De hecho la cosa podía empeorar si el sol comenzaba a asomar.

Como fotógrafo de naturaleza uno tiene que ver más allá de lo evidente y situarse en otro plano mental y creativo si quiere producir algo medianamente artístico. No buscaba, pues, una foto que representara el entorno en el que me encontraba, como el 90% de las personas que por allí han pasado seguro que han hecho. No, mi mente se hallaba receptiva a cualquier matiz sugerente de formas singulares y contrastes de colores y texturas. Simplemente buscaba algo que me hablase (en este enlace podéis leer un inspirador artículo del fotógrafo Ian Plant sobre cómo plantear una fotografía creativa de paisaje esforzándose por huir de lo evidente). Así fue como me topé con unos troncos cuya monocromía resaltaba sobre el juego de texturas verdes, amarillas y naranjas, con el complemento ideal y que realmente fue lo que me hizo ver que podía haber posibilidades de foto: como telón de fondo la pared aún a la sombra de un pequeño risco que sabía aportaría una tonalidad azulada que complementaría el colorido de la escena. Entre lo abrupto del lugar y la búsqueda de una composición agradable prácticamente sólo me dió tiempo a hacer una foto antes de que el sol asomase impactando de lleno en el objetivo con el consiguiente flare y pérdida absoluta de calidad. Fui buscando otros encuadres en los que trataba de ocultar el sol tras la roca pero ya eran otras composiciones...

Canon EOS 5D Mark II, EF70-200mm f/4L USM, Polarizador, trípode
2s@f/16 ISO 100


El procesado de la foto tiene sus peculiaridades paro resaltar los troncos y crear cierto ambiente místico. Quién quiera saber los detalles no tiene más que comentármelo.

La jornada había llegado a su fin y me había quedado con ganas de pisar un hayedo un típico día gris y lluvioso de otoño. Así que ni corto ni perezoso arreglé las cosas para poder hacer una visita al hayedo de Tejera Negra entre semana aprovechando la borrasca que teníamos en el centro de la península.

La visita en días laborables es la única forma de tener opciones de poder recorrerlo sin reserva previa dejando el coche en el parking, huyendo, además, de las multitudes que suelen asolar el parque natural durante los fines de semana de otoño.

Al final, las fotos que me traje me gustan menos que las del primer día pero el recuerdo que tengo de pisar la alfrombra de hojas mojadas, el ruido de las hojas mecidas por el viento y el descubrir en soledad pequeños rincones donde la luz dorada que se filtra a través de las hojas otorga una magia única al lugar, que difícilmente se me borrara en mucho tiempo.

Cuando las fotos no llaman a tu puerta siempre queda la experiencia vivida que muchas veces es más intensa y perdurará más en el tiempo que cualquier retrato que nos llevemos casa.

Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, Polarizador, trípode
10s@f/16 ISO 100

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Costa Quebrada

Con este nombre "Costa Quebrada" es como se conoce la zona del litoral Cántabro al oeste de Santander que se extiende desde la Isla de la Virgen del Mar hasta la punta de Somocuevas. En poco más de 5 kilómetros es posible encontrar una gran diversidad de accidentes geológicos (playas salvajes, islotes o " urros ", tómbolos, istmos y acantilados) lo que confiere a esta zona un valor paisajístico excepcional. Todas estas formas litorales son la reminiscencia del antiguo litoral costero que se formó hace unos 100 millones de años durante el Cretácico.

Este era el lugar de destino elegido para pasar una semana de vacaciones, merecida, por otra parte, tras pasar un mes dentro de las mismas cuatro paredes con motivo del nacimiento de mi hija Lucía.

Tenía claro que irse de vacaciones con un niño a punto de cumplir los tres años y una niña con un mes recién cumplido no me iba a dejar mucho tiempo para la fotografía de paisaje tal y como la concibo y me gusta disfrutar: en soledad y concentración al cien por cien. Sólo tendría opción de los amaneceres y como no tenía ni idea de cómo iban a transcurrir las noches con la niña tenía claro que el alojamiento no debía estar muy alejado de la zona a fotografiar. Finalmente después de mucho mirar localicé una apartamento, precisamente no tirado de precio, que en 10 minutos andando me ponía en pleno centro de la Costa Quebrada, y en 5 minutos en coche me llevaba a otros enclaves de la misma costa algo más alejados para ir a pié.

Como suele ser costumbre tenía estudiado las horas y ángulo de salida del sol. En este sentido encontré muy interesante el programa "The Photographer's Ephemeris" que haciendo uso de Google Maps te traza directamente la líneas de salida y puesta de sol, y también para la luna. El programa permite hacer más cosas pero para descubrirlo os invito a que os lo instaléis y juguéis con él. La documentación está en ingles pero aún así es una herramienta que considero bastante útil.

De las siete mañanas posibles el tiempo y los quehaceres familiares sólo me permitieron salir cuatro, que no está nada mal. El mismo día de la llegada me di una vuelta con mi hijo por la zona de acantilados próxima al apartamento sobre la playa de Portio para familiarizarme con el camino que tendría que seguir a la luz del crepúsculo a la mañana siguiente.

Amaneció y mientras caminaba por el sendero por mi cabeza paseaban las distintas fotografías y encuadres que había visto por Internet mientras preparaba el viaje en casa. Algunas eran buenas, otras no tanto y las menos, como las de Asier Castro, excepcionales. Era difícil eliminar estas imágenes de mi cabeza y no verse obligado a buscar encuadres ya descubiertos por otros.

El día amaneció totalmente despejado y una franja anaranjada se levantaba sobre el horizonte allá donde la línea de costa se perdía en la distancia. Una primera toma con las moles de piedra a contraluz se me antojó complicada y de poco atractivo estético, así que la dejé pasar para mejor ocasión. Mientras andaba en dirección este sobre una delgada senda al filo del acantilado las moles de piedra iban cambiando de forma pero aún había muy poca luz para intentar siquiera sacar la cámara. La neblina sobre el horizonte amortiguó algo los primeros rayos de sol mientras estudiaba composiciones enmarcando uno de los urros más llamativos de la zona y que desde la primera vez que lo vi retratado había sentido un magnetismo especial hacia él.

Como sabía que sólo iba a poder retratarlo con la luz del amanecer tenía claro, por la orientación del sol, que una foto curiosa sería aquella en la que los primeros rayos incidiesen sobre el urro con su luz cálida. Con esa imagen en mi cabeza salí de Madrid y justo en esos momentos se hacía realidad.

Urros, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, densidad Neutra -3, polarizador, trípode
8s @ f/19 ISO 100

Más que tratar de reflejar la fuerza del mar y un aspecto realista del mismo quería conseguir una ambientación más mística y para ello hice uso de un filtro de densidad neutra de 3 pasos que mostrara un aspecto más sedoso del mar y un polarizador para oscurecer y saturar el azul del océano. Quería una toma sencilla con el mínimo de distracciones y por eso decidí no sacar la línea del horizonte. Después de varias tomas me dí cuenta que un toque de originalidad lo tendría si lograba una toma en la que hubiera una cantidad importante de espuma entorno a las rocas como si enmarcaran dicho monumento pétreo. Al final conseguí lo que quería, una toma sencilla de unas formaciones rocosas muy impactantes por sí solas, que combina las tonalidades azules del mar con los cálidos del sol reflejado en una ambientación un tanto alejada de la realidad y de lo que los ojos ven a simple vista. Esta foto quizás tenga un lugar reservado en alguna pared de casa...

No quería irme sin probar alguna composición con algún elemento en primer plano y busca que te busca encontré varias plantas entre las rocas cuyo color verde armonizaba muy bien con el resto de colores de la escena. Al final di con una cuya forma se ajustaba muy bien con el encuadre que buscaba guiando la vista desde una de las esquinas hasta la esquina opuesta donde situé a los urros. Tuve de nuevo la suerte de que el sol empezó a dar sobre la roca y las plantas y sus tonos cálidos de nuevo aportan un toque de color que hacen que la foto tenga algo especial.

Urros, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, densidad Neutra -3, polarizador, trípode
8s @ f/19 ISO 100



A mi regreso el sol estaba incidiendo sobre los monolitos rocosos que había dejado pasar durante el crepúsculo. Ahora sí que valía la pena dedicarle unos minutos. Hice bastantes tomas con diferentes encuadres pero ya en casa compruebo que ninguna me satisface lo suficiente.

Para el siguiente día el pronóstico era de cielos cubiertos y lluvia por lo que decidí no salir y recuperar, si era posible, algo de sueño. Efectivamente, cuando me levanté, a una hora no tan intempestiva, llovía incesantemente y la visibilidad dejaba mucho que desear. Para el tercer día se anunciaban nubes al principio de la mañana pero sin lluvia, así que el madrugón era obligado.

El sitio elegido y las posibilidades que tenía las había visto ya en una foto y tenía bastante claro cómo llegar. Cinco minutos de coche y otros cinco andando me situaron donde yo quería. La vista era fantástica y un cielo cubierto se cernía sobre mi cabeza. No obstante tenía la esperanza de que algún rayo de sol se escapase y pintase ese dramático cielo. Como en la última salida, quería seguir experimentando con velocidades lentas para dar un toque de irrealidad al mar. Colocado el trípode y seleccionado el encuadre comencé a probar con diferentes velocidades. Las fotos no me disgustaban pero quería algo más. El sol iba subiendo por encima del horizonte y no se dejaba ver cubierto por el manto espeso de nubes. De repente las nubes empezaron a adquirir unas suaves tonalidades malvas que al hacer uso del filtro degradado neutro se potenciaban. Esta capacidad de saturar algo más los colores es una de las principales razones por las que aún sigo primando el uso de estos filtros degradados frente a técnicas como el HDR o el degradado neutro digital. Eso no quita que cuando sea necesario haga uso de ellas, pero hoy por hoy cada técnica tiene un hueco específico en mi fotografía. Lo inteligente es saber cuándo hay que hacer uso de ellas e incluso cuándo combinarlas.

El resultado era espectacular combinado con la velocidad lenta de veinte segundos que me proporcionaba el filtro neutro. Pero incluso con el 17-40 no abarcaba toda la extensión de cielo que quería incluir en el encuadre. Así que opté por ensayar diferentes tomas para luego montar una panorámica. Primero probé en vertical pero lo que mejor resultado me dio fue hacer varias tomas horizontales que luego uní en tiempo de post-procesado con PS. La foto obtenida podría imprimirse a tamaño 70cm x 70cm a 200ppp.


Costa Quebrada, Playa de Somocuevas
Canon EOS 5D Mark II, Canon EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro -2 Hard, densidad Neutra -3, polarizador, trípode
20s @ f/19 ISO 200
Panorámica de tres fotos horizontales

La jornada fotográfica había concluido prácticamente. Como aún era pronto decidí coger el coche y acercarme hasta la playa de Arnía a menos de 10 minutos de donde me encontraba con el fin familiarizarme con la zona para el día siguiente. La búsqueda de encuadres que me satisficieran no fue muy fructífera a excepción de una zona que hasta no estar metido en harina no terminaría de saber si funcionaría o no. El acceso a la playa se hace a pie a través de una pista asfaltada en pocos minutos. Es una playa de arena y sólo el extremo izquierdo presenta formaciones rocosas con algo de gracia. El atractivo de esta playa, desde el punto de vista paisajístico, lo proporciona el islote conocido como Isla del Castro a 500 metros de la orilla. Así que éste tenía que ser indiscutiblemente parte protagonista de las fotografías.

Llegó el día siguiente, tercera salida y cuarto día de mi estancia por tierras cántabras. En diez minutos tras salir del apartamento ya sentía la arena de la playa de Arnía bajo mis pies. El cielo estaba totalmente despejado lo que no me agradaba demasiado. La búsqueda de encuadres me ataban irremisiblemente a dos rocas que hacían las veces de líneas de fuga hacia la Isla del Castro. De todos los puntos de vista que probé sólo uno me decía algo pero el cielo raso restaba puntos a la toma y la composición con filtros degradados se hacía extremadamente compleja por lo irregular del perfil. Hice muchas tomas, primero con ISOs bajos, para pasar a probar con ISOs más altos. Tenía claro que lo que daría fuerza a la foto sería alguna ola al penetrar entre las dos rocas. Un diafragma cerrado casi a tope para maximizar la profundidad de campo y la poca luz reinante me obligaban a disparar con ISO 1600 si quería utilizar velocidades por debajo del segundo para congelar el movimiento del agua. Probé con filtros degradados, hice varias tomas sin ellos para luego hacer un HDR y desde luego hice muchos intentos hasta congelar la estela de agua como yo quería. Al final lo conseguí pero no terminé de estar del todo contento con la foto. Los minutos posteriores, ya con un sol más elevado, me dediqué a recorrer la zona y a hacer alguna que otra toma pero sin mucho éxito. El día estaba echado y era hora de tocar retirada y marcharse a desayunar con la familia.

Durante el post-procesado hice pruebas con el HDR pero el resultado se mostraba algo artificial. Cogí uno de los RAWs que hice con un buen balance de exposición. El ruido a ISO 1600 era bastante aceptable. Con la 40D que tenía antes esta foto hubiera ido directamente a la basura. tras unos ajustes en Lightroom conseguí un primer revelado muy aceptable y con el que estaba contento, sacando detalles en las sombras y colorido en el cielo. El procesado en Photoshop terminó de rematar la foto combinándola con la toma HDR generada como una capa más y jugando con máscaras para seleccionar distintas zonas de una capa u otra donde fuera necesario.

La foto una vez procesada, al final, me convence tanto en composición como en estética con la estela de agua imprimiendo dinamismo a la toma y resultando un poderoso primer plano. El cielo, aunque sin nubes, tiene su atractivo por la gradación de colores con origen en la Isla del Castro. Si tengo que poner un pero a la toma quizás sería lo justo que la veo por abajo.


Atrapada, Playa de Arnía, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro Inverso -3, polarizador, trípode
0.7s @ f/19 ISO 1600


Los dos días siguientes, uno por planificación familiar y otro por lluvias, no tuve opción de escaparme, pero cuando ya casi me había mentalizado de que no habría más ocasiones de salir, el parte meteorológico para el último día no anunciaba lluvias y únicamente cielos cubiertos durante las primeras horas del día. Ideal para un último intento.

El día anterior, en una tregua que nos dio la meteorología, recorrí en compañía de la familia los caminos que dan a los acantilados próximos a la playa de Arnía. La vista era espectacular y decidí que ese sería en principio el sitio elegido para el último día. Pero una vez aparqué el coche y comencé a andar pensé que la foto que obtendría sería muy parecida en estilo a la del segundo día, y tenía clavada la espinita de no haber retratado los monolitos de roca que el primer día aparecían a contraluz. Con cielos cubiertos la luz es muy difusa y estimé que era ideal para retratarlos sin el problema del contraluz. Así que sobre la marcha cambié de planes y desandando lo andado me dirigí en dirección contraria. Una vez llegué al sitio que tenía en mente el cielo seguía cubierto pero empezaba a adquirir unas tonalidades rosáceas que me recordaban a las del segundo día. Rápidamente monté todo el tinglado, hice un par de fotos cuya luz era fuera de lo común por las tonalidades malvas que adquiría todo el paisaje, pero por las prisas la composición elegida dejaba mucho que desear. Además la velocidad lenta que utilicé restaba personalidad a la toma. En el tiempo que tardé en buscar un encuadre que me satisficiera la luz se había ido y sólo queda un cielo mortecino y una luz de lo mas común. No obstante me empeñé en seguir haciendo fotos variando muy ligeramente el encuadre. El mar estaba más salvaje que los días anteriores y determiné que tenía que capturar la fuerza del mar y la explosión de las olas contra las rocas. Para ello probé con una velocidad algo por debajo del segundo que habitualmente suele dar buenos resultados. Como el encuadre elegido no demandaba una excesiva profundidad de campo, pues el primer plano me quedaba como a dos metros de distancia, determiné que f/13 e ISO200 serían un buen compromiso entre ruido de ISO y definición en las rocas más alejadas.

En el tiempo que estuve haciendo una foto tras otra comprobando como quedaban en el estupendo LCD de la 5D Mark II el sol se iba alzando cada vez más sobre un horizonte cubierto. De repente unos claros parecían querer abrirse. Yo seguía haciendo fotos con el filtro degradado inverso moviéndolo con la mano para tratar de minimizar al máximo su efecto sobre las rocas. Entonces comprobé en el LCD las maravillosas tonalidades anaranjadas que estaba proporcionando el cielo y que aportaban el toque justo de calidez a la toma. Me dijé que, o aprovechaba estos momentos o ya no habría más. Así que como el encuadre ya estaba determinado me empeñé en pillar una ola rompiendo sobre el monolito grande de la izquierda para poner la guinda a la foto.

Furia de Gigantes, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro Inverso -3, polarizador, trípode
0.7s @ f/13 ISO 200

El post-procesado no ha sido complicado pero sí me he permitido la licencia de combinar dos fotos. Una de ellas es esencialmente la que se ve y de la otra he clonado la explosión de agua sobre la roca. Perfectamente podría haber utilizado una única foto, en la que aparece dicha explosión pero no me terminan de convencer tanto las texturas del agua como en esta que veis.

Aún tenía una hora por delante antes de volver al apartamento y no quería regresar a casa sin una foto de mis queridos urros, que retraté el primer día, esta vez en formato vertical. Eché a andar por la senda y en veinte minutos ya me encontraba frente a él. Sea por lo que fuere esta vez no me costó mucho encontrar una composición con la que sentí cómodo, a diferencia el primer día que, por más que lo intenté, no daba con ninguna.

Lo que me atrajo principalmente fue el colorido amarillento que salpicaba la roca del primer plano y como contrastaba con el azul del mar lo que proporcionaba un juego de contrastes especialmente atractivo. Por otra parte, la toma era sencilla, con pocas distracciones y eso siempre me gusta. El uso del un filtro degradado neutro de transición suave fue esencial para obtener unos azules intensos y un buen contraste en el extremo azul de la foto.

Urros enmarcados, Costa quebrada, Cantabria
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, degradado Neutro -3 Soft. polarizador, trípode
0.7s @ f/19 ISO 100

Al final el día salió mejor de lo esperado y la intuición, la espera y la paciencia dieron sus frutos.

En la siguiente imagen tenéis una vista global de la distribución de localizaciones de las fotos realizadas. Pinchando sobre la imagen la veréis ampliada y pinchando AQUÍ podéis acceder directamente al mapa en Google Maps.


Parte del éxito fotográfico de esta escapada fotográfica a Cantabria, con niños pequeños, se debe a una buena planificación antes del inicio del viaje. Una buena selección del alojamiento muy cercano al área a fotografiar fue clave, así como el estudio que hice en casa de las posibilidades fotográficas de la zona.

En este artículo tenéis una descripción de lo que aconteció en mi primera visita a Liencres también con niños pequeños.

lunes, 7 de septiembre de 2009

GDT European Wildlife Photographer of the Year 2009

Estas dos fotos que os presento han quedado finalistas en el prestigioso concurso alemán GDT European Wildlife Photographer of the Year 2009













Es la primera vez que me presentaba a este concurso y ha sido toda una alegría conocer la noticia que quiero compartir con todos vosotros.

jueves, 6 de agosto de 2009

Viaje a Vietnam. Un recorrido de Norte a Sur.

Un recorrido de No...
By Enrique Fernandez ...

Hoy he recibido de Blurb la copia del libro de fotografías del viaje a Vietnam que mi mujer y yo hicimos hace ya 4 años. La idea de un libro rondó en mi cabeza desde entonces, pero no fue hasta hace un mes que decí tomármelo en serio y lo que en su dia fue un proyecto hoy ya se ha hecho relidad.

Estoy muy satisfecho con el resultado y desde luego, ver y sentir las fotos impresas en un libro no tiene nada que ver con verlas en la pantalla del ordenador. Con mucha seguridad habrá más libros centrados en la fotografía de paisaje.


El libro se ha estructurado de forma que aprovecha al máximo la orientación vertical del mismo a la hora de mostrar las fotografías que contiene. La primera mitad está destinada a leerse en formato horizontal y la segunda mitad en orientación vertical. En las diferentes páginas se presenta un texto descriptivo de la fotografía a la que acompaña. En cada mitad del libro la secuencia de fotos sigue un orden cronológico con la fecha y lugar donde fueron tomadas.

Es mi deseo que este libro, aparte de ser un recuerdo personal, sea útil a todo aquel viajero y fotógrafo que se decida a visitar esta bella región del mundo.

Más información sobre cómo conseguir una copia del libro AQUÍ.


viernes, 17 de julio de 2009

Experiencias nocturnas

El miércoles, pues el martes tuve que hacer lo que dejé pendiente el día anterior, me propuse marchar hacia los embalses de la Barranca. Sacar una bella foto del atardecer no figuraba entre mis expectativas, principalmente porque no conocía el lugar, lo que es básico para maximizar las oportunidades. Pero también, porque ya hay magníficas fotos como las de Rafael Ferrando, perfecto conocedor de la zona y que parece que la magia del lugar y él se han hecho íntimos amigos. Hacer algo que hiciera justicia a esta zona del Guadarrama sería conseguir algo que compitiese en calidad expresiva con el trabajo de este magnífico fotógrafo y hacer eso el primer día, como que no.

Mis intenciones eran principalmente otras. Tenía ganas desde hace tiempo de probar hacer un rastro de estrellas entorno a la estrella polar. Para ello necesitaba que se reunieran tres condiciones: cielo totalmente despejado, poca contaminación lumínica y ausencia de luna durante el tiempo de exposición. El día y lugar elegidos reunían las tres condiciones. Como sólo se trataba de una prueba no me preocupaba de forma especial, un cuarto detalle (no menos importante que los anteriores): un primer plano potente y fotogénico (esto aún lo tengo que buscar). Así que no esperaba una foto super llamativa.

La idea era hacer una foto de 2 horas. Más tiempo era ya atentar ya no sólo contra la irresponsabilidad sino contra la estupidez, puesto que a la mañana siguiente tenía que ir a currar. Calculé que la exposición duraría aproximadamente desde las 11:00 de la noche hasta la 1:00 de la madrugada y mientras tendría tiempo más que de sobra para cenar algo.

Con Google Earth calculé que el embalse más al norte miraba justamente en dirección norte. Al llegar, aún de día y con luz para intentar alguna foto al atardecer comprobé, ya brújula en mano, que efectivamente la estrella polar estaría justo enfrente de mi en la pasarela del embalse. Hecho los deberes preliminares, decidí recorrer algo los alrededores de los embalses con las últimas luces aún incidiendo sobre la Maliciosa. Intenté una foto clásica con un primer plano que me gustaba. La foto sin ser nada del otro mundo me gusta porque muestra un lugar de una belleza y frondosidad que me sorprendió muy gratamente y creo que la foto lo transmite.

Al ver la imagen en el visor decidí que ese primer plano de roca y tallos con los reflejos dorados de la Maliciosa bien valía dedicarle un rato a ver qué podía sacar. Tras numerosas fotos, en vertical, en horizontal, con encuadres más cerrados y más abiertos di con la composición que quería. Al final se trata, como una vez leí a Art Wolfe, de ir conociendo al motivo de la foto mientras le haces fotos, como si de un escritor tomando notas se tratara. No sabes la foto que quieres hasta que la has hecho. Pero mientras no la has hecho sabes que aún tienes que encontrarla. Cuando algo tiene potencial hay que exprimirlo hasta quedar satisfecho.

Cuando la intensidad del sol sobre la maliciosa perdió fuerza fue momento de iniciar los preparativos para la toma nocturna. En principio este tipo de tomas no son complicadas pero requieren de unos pasos previos. En primer lugar hay que desactivar la opción de reducción de ruido en larga exposiciones de la cámara. En segundo lugar hace falta un intervalómetro como el TC-80N3 de Canon. El plan consistía en hacer tomas de 5 minutos a ISO 400 y f5,6 durante dos horas. Para ello tuve que configurar el intervalómetro para que hiciera 24 tomas de 5 minutos a intervalos de 1s. Empecé a hacer tomas de prueba una hora después de la puesta de sol con los parámetros anteriores y vi que el cielo se me quemaba pero que tenía detalle en la zona arbolada. Estas tomas me servirían para combinarlas con la final y así poder mostrar algo de detalle en el primer plano. Programé el intervalómetro para que iniciara la sesión de tomas 45 minutas más tarde y me fui a cenar.

Dos horas más tarde, poco antes de llegar su terminó, comprobé que la batería recién cargada que tenía reservada para esta sesión (la coloqué justo antes de iniciar las 24 tomas) me había aguantado toda la sesión. Por otra parte también me quedó claro qué campo visual tiene el 10-22 en tomas de este tipo y a qué altura dentro del encuadre queda situada la estrella polar.

Recomiendo esta lectura, que ha sido sobre la que me he basado para preparar la salida, pero sobre todo para el post-procesado.

Así es como ha quedado la foto una vez procesada. Sustituyendo el plano inferior por otro más atractivo seguro que se puede conseguir una foto muy interesante, ahora sólo hay que encontrarlo y buscar el día adecuado.

Siguiendo la intuición

Hacía ya dos meses que no cogía cámara y trípode en busca de esos instantes que sólo la naturaleza es capaz de brindarte. La inminente llegada de un nuevo miembro en la familia y la atención a los que ya la forman poco tiempo me ha dejado para realizar escapadas. Los madrugones se hacen bastante difíciles de compaginar durante los meses de verano ya que me veo obligado a tener que levantarme a las 4:00 de la mañana, lo que significa 4 horas de sueño en el mejor de los casos.

Una semana de trabajo sin la familia en casa me ha permitido hacer un par de escapadas por las tardes que, a tenor de los resultados, considero fructíferas. En ambas he sacado lecciones de provecho.

El lunes por la tarde no tenía intención de coger la cámara ya que me había impuesto ciertas obligaciones que quería zanjar cuanto antes para así tener el resto de la semana lo más desocupada posible. Sin embargo a eso de las 5 de la tarde cuando regresaba del trabajo unas nubes sobre la sierra de lo más sospechosas, en el buen sentido, hicieron que no las perdiera de vista durante el resto de la tarde. Aún así debía zanjar mis obligaciones, ya tendría tiempo de ir a hacer fotos al día siguiente. De camino al centro de la capital sobre las 7 de la tarde veía como las nubes iban adquiriendo aún más carácter y un algo dentro de mí me roía y me hacía debatirme entre seguir o darme la vuelta para casa, coger los bártulos y salir derecho hacia la sierra. Como atado por una soga invisible que tiraba de mi me adentraba en la capital y perdía de vista toda referencia del estado del cielo. En mi interior sabía que dado las predicciones que había para el resto de la semana estas nubes podrían no repetirse. Tras un breve debate interno, pues no había mucho tiempo para decidirse, decidí abortar mi cometido y dar media vuelta hacia casa, coger el equipo y marchar para el embalse de Navacerrada, lugar que encuentro especialmente fotogénico y con muchas posibilidades.

A la vista de las fotos está claro que tomé la decisión correcta. En ningún otro día de la semana se han vuelto a repetir las condiciones de este lunes.



Sobre las fotos no hay detalles especialmente relevantes que comentar. En la primera foto me llamó la atención la forma de las rocas y su disposición, como piezas de un puzzle, dirigiendo la mirada hacia el horizonte. Quise resaltar estas formas y por eso utilicé un filtro neutro para suavizar al máximo la textura del agua que de lo contrarío, con sus brillos y texturas marcadas hubiera restado protagonismo a las rocas. El sol me quedaba la derecha por lo que el uso del polarizador era obligado para oscurecer el cielo y resaltar las nubes. Por supuesto un filtro degradado neutro inverso fue necesario para equilibrar las luces del fondo y del primer plano y presentar esas nubes en todo su potencial.



Con el sol casi oculto y más a la carrera que de otro modo buscaba otros motivos que me inspirasen y que sacaran provecho de las fantásticas luces que me estaba regalando el atardecer. Sería una pena no aprovecharlas hasta el último momento. En mi paseo por la orilla me topé con estos montículos de roca y el pequeño arbusto agitado por el viento. Un encuadre con la línea de la orilla en sentido horizontal habría producido una toma muy estática, así que busqué un punto de vista con dicha línea en posición oblicua. Esto hace las rocas parezcan que están mirando hacia el sol tras las montañas ofreciendo un recorrido visual desde la esquina inferior izquierda hasta el centro derecho de la imagen y de ahí hacia la esquina superior izquierda. recorriendo así todos los detalles del cielo. Creo que la imagen funciona y lo que es mejor transmite cierta serenidad por la calidez de sus luces y las personificación de las rocas como entes vivos que disfrutan de la puesta de sol.

Hasta aquí lo que dio de sí la primera escapada de la semana. Como lección aprendida saco que muchas veces hay que dejarse guiar por la intuición aunque ello signifique romper con planes prefijados.

En un próximo post os comentatré la segunda salida y mis experiencias nocturnas....