viernes, 15 de julio de 2016

Escapada pirenaica a los Lacs de Rius. Parte II

Continuación de la primera parte...

Vista del Besiberri Norte desde la zona de vivaq
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM,
degradado Neutro -2 Hard,  polarizador, trípode
2.5s@f/22 ISO100
Dedicamos el resto de la mañana a inspeccionar la zona y a descansar con el arrullo de los arroyos cercanos y la llamada de alguna ave oteando desde las alturas como únicos acompañantes. Mientras hacíamos tiempo para comenzar la subida hasta el collado no quise desperdiciar la ocasión de fotografiar detalles vegetales cercanos cuyo cromatismo atrapaba poderosamente mi atención.

Canon EOS 5D Mark II, EF 70-200mm f/4L USM, polarizador, trípode
2.5@f/45 ISO100
Sobre las siete de la tarde nos pusimos en marcha hacia el collado con el equipo justo para fotografiar el atardecer. En menos de una hora habíamos llegado arriba y la vista de los lagos desde allí con las nubes que entraban y salían lateralmente del valle hacían presagiar un buen espectáculo. Había momentos en los que te veías envuelto en una dorada niebla para segundos más tarde volver a ver toda la profundidad del valle.

Vista del Lac de Tòrt de Rius desde el collado del Lac de Mar
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM,
degradado Neutro -2 Hard,  polarizador
1/400s@f/5.6 ISO100
Pero mis expectativas estaban sobretodo depositadas un poco más adelante, al otro lado del collado en dirección este. Cuando llegamos descubrimos que un espeso mar de nubes tapaba por completo el Lac de Mar.

Patrick contemplando el mar de nubes sobre el Lac de Mar
iPhone 6S
Puesto que la luz aún era algo fuerte decidimos volver sobre nuestros pasos y concentrarnos en la vista hacia al oeste con los lagos brillando como pequeños espejos mientras las nubes no dejaban de ejecutar su particular coreografía.

Busque una ubicación saltando entre las rocas que permitiera obtener una vista despejada del valle y no incluyera en el encuadre ninguno de los múltiples neveros que aún aguantaban desde el invierno. Ya se sabe que el blanco atrapa poderosamente la atención si se muestra como elemento aislado, y yo quería hacer una foto donde la luz y los lagos fueran los protagonistas. Esto fue así hasta que se me ocurrió la idea de incluirme en el encuadre y pasar a formar parte del paisaje. Así que dicho y hecho coloqué la cámara en un punto alto sobre una roca, esperé a que las nubes recorrieran el encuadre de izda. a dcha. y cuando las tuve donde quería hice la primera exposición. Acto seguido programé el temporizador del mando para hacer una segunda foto 30s más tarde de exactamente el mismo encuadre pero apareciendo yo. Lograr la imagen final que tenía en mente ya sólo fue cuestión de combinar ambas fotos en Photoshop.

Autorretrato
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM,
degradado Neutro -2 Hard,  polarizador, trípode
0.5s@f/22 ISO100
Enseguida me subí arriba para ver como andaba el espectáculo sobre el Montardo y Besiberri norte. Subí a toda prisa hasta quedarme casi sin aliento. Algo me decía que me estaba perdiendo un gran espectáculo. El mar de nubes ahí seguía cuando llegué pero los picos y las nubes estaban en su punto álgido de color. Sabía que en este tipo de situaciones los azules de las nubes en sombra y los picos anaranjados suelen ofrecer una combinación muy llamativa. Comencé a llamar a Patrick a grito pelado pero no me oyó, aunque subió unos minutos más tarde. Sin perder un segundo busqué una roca con un punto de vista despejado y me concentré al máximo en lo que quería conseguir. Se me ocurrió que era una ocasión fantástica para hacer una panorámica de varias fotos en vertical para así lograr una toma con gran detalle de un momento único.

Panorámica con vistas al Montardo y Besiberris desde el collado del Lac de Mar
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, degradado Neutro -2 Hard,
polarizador, trípode, panorama de 5 fotos verticales.
0.5s@f/20 ISO400
Cuando las luces sobre los picos ya se habían esfumado aún se podían hacer fotos. Jugando con el degradado neutro conseguí intensificar los colores magentas del cielo que contrastaban armoniosamente los azules del Lac de Mar que ya empezaba a vislumbrarse con su característica isla en el centro.

Crepúsculo sobre el Lac de Mar
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro -2 Hard,  polarizador, trípode
13s@f/18 ISO100
Nos dieron las diez y media de la noche cuando comenzamos a bajar siguiendo los hitos a base de iluminarlos con la frontal y atravesando varios neveros que se resistían a desaparecer. A las once y media llegamos al lugar donde supuestamente dejamos la tienda para descubrir que no estaba donde esperábamos. Seguimos un poco mas adelante hasta cerciorarnos de que efectivamente nos habíamos pasado. ¡Como cambia todo cuando es de noche! Eramos incapaces de dar con el lugar exacto. Mirando el GPS tenía una idea aproximada de donde podía estar pero no una localización clara pues cometí el fallo de no marcar su ubicación antes de partir. Después de media hora de búsqueda infructuosa retrocediendo sobre nuestros pasos y con varias falsas alarmas la encontramos. Era media noche y un cielo estrellado nos recibía con todos los honores. Estaba claro que esta noche sí que iba a caer una foto de la Vía Láctea, así que después de cenar, ya cerca de la una de la madrugada y junto a la tienda, nos pusimos a la tarea. No disponía de un objetivo luminoso, lo más el 17-40 f4, así que enseguida resolví que la mejor forma de capturar la Vía Láctea debía ser con dos exposiciones, una para el cielo a ISO máximo 26.500 y otra a ISO 800 durante media hora para las montañas y el primer plano. Las zonas cubiertas de agua a escasos metros de nosotros formaban un primer plano ideal para jugar con el reflejo de las estrellas. Tras varias tomas de prueba para determinar el mejor encuadre, pasé a hacer la toma de 30 min. y me fui al saco. Casi una hora más tarde, me levante y guardé los bártulos tras comprobar que la toma había quedado bien.

Vía Láctea sobre el Besiberri Norte desde el lugar de vivaq
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, trípode, blending de 2 fotos
Exposición Vía Láctea: 30s@f/4 ISO 25600
Exposición montañas y primer plano: 30min@f/4 ISO800
Al día siguiente al amanecer no me compliqué gran cosa y tras la foto de recuerdo de rigor recogimos y cuatro horas más tarde llegábamos al coche, cansados, doloridos pero contentos. Felices por la experiencia, por los momentos vividos y por recuerdos grabados en mi memoria que siempre quedarán ahí.

Despedida
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM,
degradado Neutro -2 Hard,  polarizador, trípode
2.5@f/20 ISO100

jueves, 14 de julio de 2016

Escapada pirenaica a los Lacs de Rius. Parte I

Como cada año por estas fechas no perdono una escapada fotográfica a mis queridos Pirineos. En un primer momento la teníamos planificada a principios de junio para aprovechar las últimas nieves primaverales, pero por cuestiones climatológicas y familiares decidimos, mi compañero Patrick y yo, retrasarla un mes.

La zona elegida en esta ocasión iba a ser la comprendida por los lacs de Rius en el Valle de Arán, una extensión de lagos a más de 2.300m con varios picos muy fotogénicos alzándose sobre ellos, como el Tossau de Mar (de 2.751m y uno de los objetivos claros a inmortalizar) y el Besiberri Norte (3.008 m).


La previsión del tiempo para ese fin de semana no era mala teniendo en siempre en mente la fotografía. El viernes, día de inicio, se esperaban tormentas a primera hora de la tarde. Eso siempre puede significar dos cosas, o unos cielos de infarto si a la hora de la puesta de sol el cielo se abre o una tarde y noche lluviosas si las tormentas se prolongan. Para el sábado y el domingo se esperaban cielos cada vez más despejados.

Iniciamos el ascenso desde el Espitau de Vielha (1.668m) sobre las tres de la tarde con uno cielo amenazante pero con una temperatura muy agradable para el esfuerzo que íbamos a tener que realizar durante las siguientes horas, superar algo más de 700 metros de desnivel con más de 25 kg a la espalda. Subimos sin mucha complicación, siempre es más cómodo subir que bajar, y 2 horas más tarde ya íbamos llegando al final del tramo de subida, el Port de Rius (2.344m). A partir de ahí comenzaríamos a bordear el primer lago, el Lac de Rius, y una hora más tarde la idea era llegar a donde teníamos pensado poner la tienda. Esa era la idea, así que lo gordo ya estaba hecho. Pero la cosa no iba a ser tan fácil, hacía ya media hora que los truenos no dejaban de rugir sobre nuestras cabezas y a lo lejos las montañas del fondo quedaban medio visibles por las cortinas de lluvia, cortinas que sabíamos que de un momento a otro nos alcanzarían pues el viento iba en dirección nuestra. Justo cuando iniciábamos el tramo llano comenzó la fiesta, pues como cubos de agua arrojados desde el cielo nos vimos en medio de un autentico aguacero. -En fin, esto es la montaña, -pensamos-, y no quedaba otra que aguantar. Sin ningún lugar donde guarecernos, seguimos nuestra ruta prevista con el deseo de que el chaparrón pasara pronto. En media hora la lluvia había bajado considerablemente de intensidad y 15 minutos más tarde comenzaron a abrirse pequeños claros en el cielo por el oeste.

Tenía una idea aproximada de la zona donde pernoctar con lo que había visto por Internet cuando planifique la escapada: junto a la orilla oriental del Lac Rius, no muy lejos del Lac Tòrt de Rius desde cuyas orillas esperábamos disfrutar de las últimas luces sobre el Tossau de Mar aquella tarde.
Vistas del Tossau de Mar desde la orilla occidental del Lac Tòrt de Rius
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, degradado Neutro -2 Hard,  polarizador, trípode
3.2s @ f/22 ISO100
Eran ya casi cerca de las ocho cuando dejamos todo listo para pasar la noche y nos acercamos al Lac Tòrt de Rius para despedir el día. Desde la orilla el Tossau de Mar se alzaba imponente y era el auténtico protagonista del lugar. Estaba pidiendo a gritos ser inmortalizado. Me costó encontrar una composición que me satisficiera. Finalmente medio tumbado sobre gran una roca y en precario equilibrio, con opciones de caerme de cabeza al lago, pude hacer algo que me convenció. Así seguimos, buscando nuevas composiciones hasta que el sol se ocultó tras el horizonte. Pero a nuestras espaldas, en dirección oeste, la fiesta continuaba. En una pequeña laguna de aguas inmóviles, el cielo, encendido en fuego, se reflejaba mientras el perfil del Tuc de Sarrahera (2.643m) se dibujaba amenazante. No nos podíamos ir de allí sin inmortalizar ese momento.

Tuc de Sarrahera reflejado al atardecer
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM,  polarizador, trípode, blending de 3 fotos
1s@f/22 ISO100

Llegamos a las tiendas ya sin luz listos para echarnos al cuerpo algo calentito y pasar nuestra primera noche. Tengo que reconocer que estábamos machacados, no habíamos parado desde hacía siete horas, con otras tantas horas previas de coche, y en el fondo me alegré de ver como el cielo se cubría de nubes para no tener la excusa de tener que levantarme para fotografiar la Vía Láctea.

A las 5:45 sonaba la alarma del despertador tras una noche en la que apenas pegué ojo. Viendo que en el cielo no había muchas nubes nos acercamos a ver al aspecto del Tossau de Mar y como no había ni una nube entorno a él que pudiera coger color decidimos que no valía la pena esperar y regresamos sobre nuestros pasos a la zona de vivaq. Al final la mejor opción, o al menos la mejor que en ese momento se nos ocurrió, fue inmortalizar la tienda mientras el Tuc de Conangles (2.783 m), tras ella imponente, cogía color.

Primer luces sobre el Tuc de Conangles y lugar de vivaq
Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM,
degradado Neutro -2 Hard,  polarizador, trípode
1s@f/22 ISO100
Esperar a que los primeros rayos de sol dieran en el Tuc de Sarrahera justo a otro lado del Lac de Rius frente a nosotros, hubiera podido ser una opción de no ser porque en esta época del año las luces le inciden muy lateralmente y muy tarde.

Tras el merecido desayuno nos pusimos de nuevo en marcha con todo el equipo. La idea para este día era movernos a la zona más oriental del Lac Tòrt Rius, que estaba a poco más de 1h30 de donde nos encontrábamos. Desde allí, si el tiempo lo permitía, subiríamos ya por la tarde hasta el collado de Lac de Mar (2.510 m) para fotografiar la puesta de sol en ambas direcciones: de espaldas al sol el Montardo y Besiberris encendidos con el Lac de Mar bajo nuestro pies, y en dirección opuesta la vista de los Lacs de Rius destacando en el fondo del valle con el sol poniéndose sobre el horizonte.

Patrick contemplando las cumbres (de dcha a izda) Tuc de Conangles (2.783m),
Tuc des Estanhets (2.887m) y Tossal de Molar Gran (2.885m) con el Lac Tòrt de Rius enfrente

Panorámica con iPhone 6S

Próximamente la segunda parte....

lunes, 18 de enero de 2016

Jugando con simetrías

Los conceptos de simetría y belleza han estado siempre unidos. Desde la época de los antiguos filósofos griegos hasta en las modernas teorías físicas la simetría ha guiado siempre al ser humano en la búsqueda de la verdad última dejándose llevar por la noción de belleza.

Aunando estos dos conceptos he querido dar una vuelta de tuerca a mi habitual concepto de la fotografía de naturaleza y este ha sido el resultado.

Pinchar sobre la imagen para verla más grande
Después de una reciente escapada por uno de los ya, por lo menos para mí, habituales "lugares de peregrinación" durante los fríos meses del invierno por la sierra madrileña, y sin otro afán que imbuir mi mente en el ritual que supone sumergirse en los mil y un detalles y formas que crea el hielo, me volví a casa con menos material del que me hubiera gustado. El frío aún no había calado lo suficiente en el paisaje y buscar formas heladas fotogénicas era a la par un desafío y un divertimento.

Tras analizar la única foto en la tarjeta que merecía invertir algo de tiempo, el cuerpo me pedía simetrías al contemplarla para que realmente aquella toma me hablase y me comunicara algo.

Decidí pues jugar un poco con el material que tenía y ver qué podía obtener de todo aquello. Probé a dividir la foto en cuatro secciones idénticas y a coger cada una de ellas y replicarlas simétricamente según el eje horizontal y vertical sin aplican ningún procesado adicional. Por cada cuadrante fui obtenido una foto que en nada se parecía a la anterior y que no me iban dejando indiferente. Las cuatro fotos, cuando se observan en conjunto, forman una serie, que por lo menos a mi, me resulta intrigante y seductora.

Pero, como ya se sabe, la belleza está en el ojo del observador, así que vosotros diréis que os parece...el experimento...

miércoles, 6 de enero de 2016

La estética de las nubes

Las nubes siempre me han parecido uno de los elementos con más fuerza y carácter a incluir en la fotografía de paisaje, tanto que muchas veces no hacen falta más elementos para conseguir fotografías con gran atractivo estético.

Después de muchos días de cielos sosos y sin muchas nubes llegaron las tan ansiadas lluvias y vientos que limpiaron la atmósfera. Al día siguiente los cúmulos eran los protagonistas de los cielos y no pude evitar desde mi ventana, desde el confort de mi hogar, buscar composiciones entre sus elegantes formas que cambiaban cada pocos segundos.



Eran escenas no para disfrutar en color sino para dejarse llevar por los contrastes y claroscuros. Fueron pocos minutos pero los suficientes para volver a disfrutar de la fotografía como hacía meses que no hacía.



Con estas escenas empiezo el año 2016, fotográficamente hablando, y espero que sea preludio de un año rico en experiencias y si son fotográficas mucho mejor.



jueves, 17 de diciembre de 2015

¡Feliz Navidad!

Como cada año os felicito las navidades deseando que el próximo año venga cargado de estupendos momentos, buenas luces y magníficas experiencias.

martes, 1 de septiembre de 2015

Paisajes de Escocia

Retomo el blog con algunas fotos de este verano.

Hacía mucho tiempo que quería visitar Escocia así que las Highlands Escocesas han sido el destino de las vacaciones familiares de este año. A pesar de ser un viaje donde el tiempo en familia y las fotos familiares iban a primar por encima de todo, decidí llevarme la réflex y el trípode para inmortalizar aquellas escenas que largamente deseaba contemplar con mis propios ojos.

The Quiraing, Isla de Skye
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, polarizador, trípode
Kilt Rock, Isla de Skye
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
Old Man of Storr, Isla Skye
Canon EOS 5D Mark II, EF24-105mm f/4L IS USM, polarizador, trípode
Loch Achtriochtan, Glen Coe
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, densidad neutra -6, polarizador, trípode
En general no ha habido amaneceres ni luces crepusculares puesto que el cuerpo no me pedía levantarme a horas intempestivas (en verano en Escocia amanece sobre las 5 de la mañana). Además si algo hay en Escocia, y en este viaje no ha sido una excepción, es la lluvia, y si hay lluvia hay nubes. Así que si hay un protagonista presente en casi todas las fotos de este viaje han sido las nubes, unas nubes que por el dramatismo y carácter que imprimen constituyen una parte importante de cada foto.

Glen Coe
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
Buachaille Etive Mor
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
Como digo, ha sido un viaje familiar, lo que limita bastante a la hora de buscar composiciones personales y poco trilladas, así que, como tampoco era cuestión de estresarse con esto de la fotografía, decidí, en la mayoría de las ocasiones, fotografiar aquello que tenía en mente, la mayoría de las veces prestando más atención a los niños que correteaban a mi alrededor, que a lo que veía por el visor. Aunque no fueron muchas también se me presentaron ocasiones de inmortalizar escenas que no tenía previstas, donde, de nuevo, sucumbí al encanto seductor de las nubes de Escocia.

Costa de Skye
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador, degradado neutro -2 hard, trípode
Stormy Cuillin, Elgol, Isla de Skye
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
Glen Coe
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
Si estáis pensando en hacer algún viaje a Escocia podéis preguntarme sin problemas y os responderé en la medida de mis posibilidades.

domingo, 5 de julio de 2015

Circular por los ibones de Batisielles y Perramó

Reconozco que desde hace algún tiempo estoy algo saturado y mi nivel de participación en foros de fotografía ha caído drásticamente desde entonces, mucha imitación y poca originalidad es lo habitual hoy en día pero ya pienso que con tanta gente haciendo fotos es difícil que sea de otra manera.

No obstante a pesar de este hartazgo visual mis ganas y mi sed de aventura siguen ahí, dándome guerra. Esa rata de la que hablaba Galen Rowell es la que cada año hace que me escape a los Pirineos cargado con todo el equipo fotográfico y demás enseres para pasar dos días enteros rodeado de montañas y lagos siempre sorprendiéndome por las luces del amanecer y atardecer. Buscando fotografiar paisajes nuevos, casi vírgenes a los ojos de los fotógrafos, pero que son un regalo para aquellos que están dispuestos a sudar un poco y a buscar una visión personal y propia de lo que le rodea, sin imitaciones, sin la urgencia de traerse el "fotón" con el que presumir e ingenuamente sentirse superior a otros. Sólo saciando la sed de aventura y buscando la oxigenación mental que unos días en la montaña, alejado de todo, puede dar.

En esta ocasión el reto era mayor que en anteriores salidas. Los ibones de Batisielles y Perramó, en el parque natural Posets-Maladeta, eran nuestro destino pero para acceder a ellos había que superar más de 1000 m y cargado con 15 kg no iba a ser tarea sencilla. Además, la ola de calor reinante y mi falta de forma física tampoco iban a ayudar precisamente.


A las tres de la tarde comenzamos, mi amigo Patrick y yo, a andar subiendo por la pista que conduce al refugio de Estós con ganas e ilusión buscando todo atisbo de sombra que íbamos encontrando por el camino. Tras salvar un cómodo desnivel de 200 m en una hora nos desviamos del camino principal por un angosto sendero y comenzamos la fuerte subida hasta el bonito ibonet de Batisielles. Lo que tenía de empinada esa subida se compensaba por la sombra que proporcionaba la espesura del bosque. Íbamos francamente cómodos aunque el volumen de nuestras mochilas no dejaba indiferentes a los escasos excursionistas con los que nos íbamos cruzando.

La llegada al ibonet me trajo bonitos recuerdos de una mañana de invierno en el que de la mano de mi amigo Roberto Carlos conocí esta misma laguna en unas condiciones bien diferentes.

Canon EOS 20D, Canon EF-S 10-22 f3,5 - 4,5 USM,
Degradado Neutro -2 Soft, Degradado Neutro -3 Soft, trípode
Fue ese un fin de semana muy especial en el que coincidimos buenos amigos y excelentes fotógrafos: Roberto Carlos, Saúl Santos y Jep Flaqué entre otros.

En esta ocasión no saqué la cámara pues no iba a hacer justicia al lugar y además las moscas y mosquitos reinantes suponían un verdadero calvario. Tras unos breves minutos de descanso tomamos el camino hacia el Gran ibón de Batisielles (2.250 m) siguiendo las marcas rojas y blancas del GR. Nos esperaban 400 m de constante subida con las moscas y mosquitos como única y permanente compañía, una compañía que apenas nos dejaba disfrutar de breves minutos de descanso. Llegados al ibón las vistas de los perfiles montañosos no nos sedujeron del todo. Eso, unido a la falta de un buen lugar para acampar, por lo húmedo del terreno, terminaron por hacernos decidir continuar hasta el siguiente ibón (ibón de l'Aigüeta de Batisielles, 2.330 m) donde el perfil imponente de las agujas de Perramó era por sí solo suficiente motivo para explotar fotográficamente la zona. Eran pasadas las ocho de la tarde cuando estuvimos por fin asentados y pudimos explorar el entorno, momento en el cual aproveché a inmortalizar el juego danzante de luces y sombras de los últimos rayos de sol sobre las grandes moles de roca de las Tucas d'Ixeia (2.837 m) con los contrafuertes de las agujas de Perramó en primer termino.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM, polarizador, trípode
1/4s @ f/22 ISO 100
Bajo el balcón privilegiado en el que íbamos a pasar la noche pude ver a lo lejos, entre los árboles, casi por casualidad, una zona verde surcada por meandros plateados. No lo dudé un segundo y mientras Patrick se quedaba fotografiando las Agujas de Perramó junto a su tienda, decidí bajar a explorar la zona aprovechando los últimos minutos de luz que quedaban. No me equivoqué, curvas de aguas mansas avanzaban sinuosamente entre rododendros y alfombras de fina hierba a los pies de la colosal cara sur de las agujas de Perramó. Por la orientación del sol al amanecer en verano era un enclave ideal para recibir los primeros rayos del día sobre las agujas. Dicho y hecho a la mañana siguiente bajamos sin dudarlo y a pesar de recibirnos un cielo raso la magia del entorno nos mantuvo ocupados más de dos horas cámaras y trípodes en ristre.

Poco antes de que los primeros rayos de sol asomaran ya tenía el encuadre elegido situando el reflejo de las agujas estratégicamente entre los salientes de hierba.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM, degradado neutro -2 hard
polarizador, trípode, 6s @ f/20 ISO 100
Como colocado adrede, un fotogénico pino se recortaba solitario, cual bonsai japones, contra las moles de piedra de las las Tucas d'Ixeia. Imposible no dedicarle unos minutos, más aún cuando los primeros rayos de sol ensalzaban su figura.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM, degradado neutro -2 hard
polarizador, trípode, 1,3s @ f/20 ISO 100
No perdí tampoco la ocasión para inmortalizar los colores llamativos de los rododendros sobre las formas retorcidas de los pinos centenarios que yacían muertos por no se sabe cuanto tiempo.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 2,5s @ f/22 ISO 100
Ya de regreso no quise perder la oportunidad de intentar fotografiar la cascada con la que me topé la tarde anterior. A pesar de la dura luz que se colaba entre las ramas de los árboles y a lo avanzado de la mañana, la manera en que el agua caía y se extendía por las rocas era del todo seductora.
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 1/8s @ f/22 ISO 100
Tras un agradable desayuno, donde Patrick y yo no eramos los únicos que disfrutan de los primeros bocados del día, nos pusimos en marcha. Por suerte, nuestros amigos los mosquitos nos abandonarían poco después de iniciar el recorrido del segundo día que nos llevaría a rodear las agujas de Perramó por su cara norte para descender hasta las inmediaciones del ibón de su mismo nombre. Era este un día para disfrutar, sin prisas, con todas las paradas que nos pidiera el cuerpo. Las vistas y luminosidad del día, nos invitaba saborear cada aroma, cada brizna de aire que refrescara nuestro cuerpo. Tras poco más de una hora de caminata nuestro lugar de destino se reveló ante nuestros ojos y no pudimos por menos que maravillarnos.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, 1/250s @ f/8 ISO 100
En poco más de una hora teníamos los pies en remojo en uno de los pequeños ibones de la zona disfrutando de un más que merecido tentempié y posterior descanso. 

Bastantes horas antes de la puesta de sol comenzamos buscar encuadres en los pequeños ibones que nos rodeaban. A pesar del espejo de sus aguas cristalinas me costó encontrar encuadres que me satisficieran. Para mi desesperación, lo que veía por el visor poco tenía que ver con lo que capturaba el sensor de la cámara. Ya fuera por el escaso rango dinámico, ya fuera por la imposibilidad para registrar los colores que veían mis ojos, mi desesperación iba en aumento. Decidí apostar por una toma clásica pero efectista, sin grandes proezas compositivas pero que de una manera u otra me seducía.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 0,3s @ f/18 ISO 100
No contento del todo con ello seguí exprimiéndome la cabeza sin tirar la toalla, apostando esta vez por una toma más arriesgada donde reflejo y transparencias se unían en una simbiosis especial.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM, polarizador, trípode
2,5s @ f/22 ISO 100
De vuelta al punto de acampada, ya con el sol oculto, los colores vivos de los rododendros y el verde casi fosforescente de las hojas me impidieron pasar de largo.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 
8s @ f/20 ISO 100
La siguiente mañana nos recibió de nuevo con cielos limpios y ausencia total de viento. Me dejé casi caer del saco a la orilla del lago donde las primeras luces ya incidían sobre el perfil montañoso de todo el circo glaciar que nos rodeaba. Sin mucho tiempo para composiciones arriesgadas, pues la luz iba perdiendo su magia a ritmos agigantados, jugué con una composición sencilla donde las simetrías y colores complementarios eran los protagonistas.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 4s @ f/20 ISO 100
Ese día nos esperaba descender los más de 1.000 m que habíamos subido el primer día siguiendo un recorrido de una belleza que será difícil que olvide en mucho tiempo. El Perdiguero con su más de 3.000 m era testigo de nuestra travesía donde el rumor de las aguas precipitándose cientos de metros más abajo se mezclaba con las vistas de los colores turquesa del ibón de Escarpinosa a lo lejos, bajo nuestros pies, escondido entre la espesura del bosque. 


Un año más los Pirineos no nos han defraudado, con sus colores, aromas y picos nevados y la autentica sensación de libertad que uno respira cuando camina y duerme por sus paisajes. No sé si mis fotografías transmitirán algo de lo vivido esos días pero yo me he vuelto con una gran sonrisa en el corazón y con fuerzas renovadas pensando ya en mi próxima visita.