domingo, 5 de julio de 2015

Circular por los ibones de Batisielles y Perramó

Reconozco que desde hace algún tiempo estoy algo saturado y mi nivel de participación en foros de fotografía ha caído drásticamente desde entonces, mucha imitación y poca originalidad es lo habitual hoy en día pero ya pienso que con tanta gente haciendo fotos es difícil que sea de otra manera.

No obstante a pesar de este hartazgo visual mis ganas y mi sed de aventura siguen ahí, dándome guerra. Esa rata de la que hablaba Galen Rowell es la que cada año hace que me escape a los Pirineos cargado con todo el equipo fotográfico y demás enseres para pasar dos días enteros rodeado de montañas y lagos siempre sorprendiéndome por las luces del amanecer y atardecer. Buscando fotografiar paisajes nuevos, casi vírgenes a los ojos de los fotógrafos, pero que son un regalo para aquellos que están dispuestos a sudar un poco y a buscar una visión personal y propia de lo que le rodea, sin imitaciones, sin la urgencia de traerse el "fotón" con el que presumir e ingenuamente sentirse superior a otros. Sólo saciando la sed de aventura y buscando la oxigenación mental que unos días en la montaña, alejado de todo, puede dar.

En esta ocasión el reto era mayor que en anteriores salidas. Los ibones de Batisielles y Perramó, en el parque natural Posets-Maladeta, eran nuestro destino pero para acceder a ellos había que superar más de 1000 m y cargado con 15 kg no iba a ser tarea sencilla. Además, la ola de calor reinante y mi falta de forma física tampoco iban a ayudar precisamente.


A las tres de la tarde comenzamos, mi amigo Patrick y yo, a andar subiendo por la pista que conduce al refugio de Estós con ganas e ilusión buscando todo atisbo de sombra que íbamos encontrando por el camino. Tras salvar un cómodo desnivel de 200 m en una hora nos desviamos del camino principal por un angosto sendero y comenzamos la fuerte subida hasta el bonito ibonet de Batisielles. Lo que tenía de empinada esa subida se compensaba por la sombra que proporcionaba la espesura del bosque. Íbamos francamente cómodos aunque el volumen de nuestras mochilas no dejaba indiferentes a los escasos excursionistas con los que nos íbamos cruzando.

La llegada al ibonet me trajo bonitos recuerdos de una mañana de invierno en el que de la mano de mi amigo Roberto Carlos conocí esta misma laguna en unas condiciones bien diferentes.

Canon EOS 20D, Canon EF-S 10-22 f3,5 - 4,5 USM,
Degradado Neutro -2 Soft, Degradado Neutro -3 Soft, trípode
Fue ese un fin de semana muy especial en el que coincidimos buenos amigos y excelentes fotógrafos: Roberto Carlos, Saúl Santos y Jep Flaqué entre otros.

En esta ocasión no saqué la cámara pues no iba a hacer justicia al lugar y además las moscas y mosquitos reinantes suponían un verdadero calvario. Tras unos breves minutos de descanso tomamos el camino hacia el Gran ibón de Batisielles (2.250 m) siguiendo las marcas rojas y blancas del GR. Nos esperaban 400 m de constante subida con las moscas y mosquitos como única y permanente compañía, una compañía que apenas nos dejaba disfrutar de breves minutos de descanso. Llegados al ibón las vistas de los perfiles montañosos no nos sedujeron del todo. Eso, unido a la falta de un buen lugar para acampar, por lo húmedo del terreno, terminaron por hacernos decidir continuar hasta el siguiente ibón (ibón de l'Aigüeta de Batisielles, 2.330 m) donde el perfil imponente de las agujas de Perramó era por sí solo suficiente motivo para explotar fotográficamente la zona. Eran pasadas las ocho de la tarde cuando estuvimos por fin asentados y pudimos explorar el entorno, momento en el cual aproveché a inmortalizar el juego danzante de luces y sombras de los últimos rayos de sol sobre las grandes moles de roca de las Tucas d'Ixeia (2.837 m) con los contrafuertes de las agujas de Perramó en primer termino.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM, polarizador, trípode
1/4s @ f/22 ISO 100
Bajo el balcón privilegiado en el que íbamos a pasar la noche pude ver a lo lejos, entre los árboles, casi por casualidad, una zona verde surcada por meandros plateados. No lo dudé un segundo y mientras Patrick se quedaba fotografiando las Agujas de Perramó junto a su tienda, decidí bajar a explorar la zona aprovechando los últimos minutos de luz que quedaban. No me equivoqué, curvas de aguas mansas avanzaban sinuosamente entre rododendros y alfombras de fina hierba a los pies de la colosal cara sur de las agujas de Perramó. Por la orientación del sol al amanecer en verano era un enclave ideal para recibir los primeros rayos del día sobre las agujas. Dicho y hecho a la mañana siguiente bajamos sin dudarlo y a pesar de recibirnos un cielo raso la magia del entorno nos mantuvo ocupados más de dos horas cámaras y trípodes en ristre.

Poco antes de que los primeros rayos de sol asomaran ya tenía el encuadre elegido situando el reflejo de las agujas estratégicamente entre los salientes de hierba.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM, degradado neutro -2 hard
polarizador, trípode, 6s @ f/20 ISO 100
Como colocado adrede, un fotogénico pino se recortaba solitario, cual bonsai japones, contra las moles de piedra de las las Tucas d'Ixeia. Imposible no dedicarle unos minutos, más aún cuando los primeros rayos de sol ensalzaban su figura.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM, degradado neutro -2 hard
polarizador, trípode, 1,3s @ f/20 ISO 100
No perdí tampoco la ocasión para inmortalizar los colores llamativos de los rododendros sobre las formas retorcidas de los pinos centenarios que yacían muertos por no se sabe cuanto tiempo.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 2,5s @ f/22 ISO 100
Ya de regreso no quise perder la oportunidad de intentar fotografiar la cascada con la que me topé la tarde anterior. A pesar de la dura luz que se colaba entre las ramas de los árboles y a lo avanzado de la mañana, la manera en que el agua caía y se extendía por las rocas era del todo seductora.
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 1/8s @ f/22 ISO 100
Tras un agradable desayuno, donde Patrick y yo no eramos los únicos que disfrutan de los primeros bocados del día, nos pusimos en marcha. Por suerte, nuestros amigos los mosquitos nos abandonarían poco después de iniciar el recorrido del segundo día que nos llevaría a rodear las agujas de Perramó por su cara norte para descender hasta las inmediaciones del ibón de su mismo nombre. Era este un día para disfrutar, sin prisas, con todas las paradas que nos pidiera el cuerpo. Las vistas y luminosidad del día, nos invitaba saborear cada aroma, cada brizna de aire que refrescara nuestro cuerpo. Tras poco más de una hora de caminata nuestro lugar de destino se reveló ante nuestros ojos y no pudimos por menos que maravillarnos.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, 1/250s @ f/8 ISO 100
En poco más de una hora teníamos los pies en remojo en uno de los pequeños ibones de la zona disfrutando de un más que merecido tentempié y posterior descanso. 

Bastantes horas antes de la puesta de sol comenzamos buscar encuadres en los pequeños ibones que nos rodeaban. A pesar del espejo de sus aguas cristalinas me costó encontrar encuadres que me satisficieran. Para mi desesperación, lo que veía por el visor poco tenía que ver con lo que capturaba el sensor de la cámara. Ya fuera por el escaso rango dinámico, ya fuera por la imposibilidad para registrar los colores que veían mis ojos, mi desesperación iba en aumento. Decidí apostar por una toma clásica pero efectista, sin grandes proezas compositivas pero que de una manera u otra me seducía.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 0,3s @ f/18 ISO 100
No contento del todo con ello seguí exprimiéndome la cabeza sin tirar la toalla, apostando esta vez por una toma más arriesgada donde reflejo y transparencias se unían en una simbiosis especial.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM, polarizador, trípode
2,5s @ f/22 ISO 100
De vuelta al punto de acampada, ya con el sol oculto, los colores vivos de los rododendros y el verde casi fosforescente de las hojas me impidieron pasar de largo.

Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 
8s @ f/20 ISO 100
La siguiente mañana nos recibió de nuevo con cielos limpios y ausencia total de viento. Me dejé casi caer del saco a la orilla del lago donde las primeras luces ya incidían sobre el perfil montañoso de todo el circo glaciar que nos rodeaba. Sin mucho tiempo para composiciones arriesgadas, pues la luz iba perdiendo su magia a ritmos agigantados, jugué con una composición sencilla donde las simetrías y colores complementarios eran los protagonistas.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L IS USM,
polarizador, trípode, 4s @ f/20 ISO 100
Ese día nos esperaba descender los más de 1.000 m que habíamos subido el primer día siguiendo un recorrido de una belleza que será difícil que olvide en mucho tiempo. El Perdiguero con su más de 3.000 m era testigo de nuestra travesía donde el rumor de las aguas precipitándose cientos de metros más abajo se mezclaba con las vistas de los colores turquesa del ibón de Escarpinosa a lo lejos, bajo nuestros pies, escondido entre la espesura del bosque. 


Un año más los Pirineos no nos han defraudado, con sus colores, aromas y picos nevados y la autentica sensación de libertad que uno respira cuando camina y duerme por sus paisajes. No sé si mis fotografías transmitirán algo de lo vivido esos días pero yo me he vuelto con una gran sonrisa en el corazón y con fuerzas renovadas pensando ya en mi próxima visita.

miércoles, 8 de abril de 2015

Atardecer en Famara

No soy muy dado a incluir la figura humana en mis fotografías de paisaje, pero en esta ocasión creo que su inclusión funciona bastante bien. La foto está tomada en la playa de Famara en Lanzarote durante un atardecer esta pasada Semana Santa.

Mi hijo de 8 años cada vez le está cogiendo más el gusto a la fotografía y en esta ocasión, él equipado con una compacta y un pequeño trípode y yo con mi equipo habitual, réflex y trípode, nos acercamos a la orilla una hora antes del atardecer con el fin de buscar motivos y encuadres para cuando el Risco de Famara, al fondo, se tiñera de rojo con las últimas luces del día. Yo me aposté frente a unas rocas que pensé podían constituir un buen motivo. Mientras tanto, mi hijo no dejaba de fotografiar todo aquello que le llamaba la atención. Una mezcla de envidia y alegría me invadía. Alegría porque veía como el gusanillo de la fotografía le había picado. Envidia, porque disparaba sin complejos, sin prejuicios, en el que cada click era un descubrimiento personal.

Cuando el sol empezaba a acariciar el horizonte, y después de haber realizado unas cuantas tomas con el encuadre elegido, pensando ya en rematar la sesión, le pedí a mi hijo que se colocará en cierto lugar de la playa. La inclusión de la figura humana en este caso ayuda a recorrer la imagen de una manera más efectiva conectado el primer plano y el fondo. Es bien sabido que el número tres otorga a las fotografías un atractivo que no tienen ni el 2 ni el 4. En este caso, la figura humana supone la inclusión de ese tercer elemento, que confiere a la vez equilibrio y dinámismo.

domingo, 25 de enero de 2015

"Conjunción astral" en Siete Picos

Aprovechando una conjunción astral, lo que en mi caso significa poder conciliar la fotografía con la vida familiar y con condiciones meteorológicas óptimas, me tiré de la cama (como quien se tira a una piscina) el sábado pasado a eso de las 5:30 de la mañana. He reconocer que cada día me cuesta más madrugar y sólo disfruto de veras de ello estando en la montaña dentro de mi saco. Esta vez no era el caso y el calor y comodidad de mi cama me lo ponían verdaderamente complicado. Una vez hecho lo más difícil de todo el proceso por el que hay que pasar para conseguir una buena foto, es decir, llevar mi tronco de la posición horizontal a la vertical, ya todo fue casi coser y cantar, y digo casi.

A las 7:00 aparcaba en el puerto de Navacerrada, con sólo dos vehículos haciéndome compañía. Cada día es más raro que se den varios días de nieve seguidos por un día soleado con frío y que éste coincida en fin de semana, así que era obligado lanzarse a la aventura aunque fuera sin nada en mente más allá de lo que ya conocía del lugar que pensaba visitar: la pradera que se extiende antes iniciar la subida a Siete Picos, en mi querida sierra de Guadarrama. Este lugar, como ya he comentado en entradas anteriores, es óptimo para capturar una estrella solar, pero sólo es posible durante el invierno, ya que durante el resto del año el sol queda oculto tras La Maliciosa.

Comencé a andar a la luz de la frontal haciendo uso de raquetas ya desde el primer momento. Si por lo menos volvía con las manos vacías (léase tarjeta vacía) me llevaría a casa el disfrute de una ruta con raquetas sobre nieve en polvo recién caída siendo testigo de las primeras luces del día. En eso pensaba para mis adentros mientras miraba el reloj y me abría paso sobre la nieve mientras la oscuridad y los espíritus susurrantes del bosque eran mi única compañía.

Fue complicado, a pesar de conocerme el sitio, encontrar el camino por la gran cantidad de nieve caída, tanto que me pasé sin darme cuenta el desvío deseado. El camino no me resultaba del todo familiar y cuando quise darme cuenta de donde estaba tuve que atajar por una ladera para encontrar finalmente el camino que tenía que haber tomado desde el principio pero en dirección de vuelta. Llegué al sitio deseado muy justo de tiempo para buscar y trabajar una composición, hacía un frío infernal y las ráfagas de viento barrían la nieve en polvo aquí y allá. Se juntaban el disfrute, por ser el único testigo de un paisaje irreal y maravilloso a los ojos, con la incomodidad y dolor del frío penetrando hacía mis extremidades como flechas afiladas.

No disponía de mucho tiempo. Tras de mi la luz rosada ya bañaba la ladera de la montaña. No dejaban de llamarme la atención las formas heladas de piorno que a duras penas asomaban en la nieve y decidí que podrían constituir un buen primer plano. Dicho y hecho, en pocos minutos me aposté cerca de uno que creí suficientemente fotogénico y al instante los primeros rayos de sol empezaron a asomar. No era una situación para polarizadores o filtros degradados neutros, pues quería evitar al máximo todo flare indeseado. Tras varias decenas de tomas, algunas de ellas tapando el sol con el dedo, ya tenía material para lo que pensaba podría ser una foto llamativa de aquella mañana.



El viento seguía barriendo la nieve a mi alrededor y en la distancia se podían ver cortinas de nieve en polvo saltando al vacío iluminadas por un sol a contraluz, todo un espectáculo que no fui capaz de inmortalizar como me hubiera gustado. Sobre las 10:00 se empezaron a ver los primeros excursionistas y con más frío en el cuerpo del que me hubiera gustado decidí que era buen momento para regresar. La luz ya había perdido esa calidez que la hacía tan fotogénica y especial y un suave velo de nubes reducía sobremanera su contraste restando fuerza al blanco paisaje. Cuando llegue al coche éste marcaba -5ºC al sol, quiero pensar que arriba seguramente habría estado a unos -15ºC de sensación térmica. Ya en el coche, bajando el puerto me cruzaba con una fila interminable de coches parados que intentaban llegar como buenamente podían a su ansiado destino sin ser conscientes del "lleno" monumental que les esperaba. A veces me pregunto si la especie humana es tan inteligente como nos creemos.

domingo, 14 de diciembre de 2014

¡Felices Fiestas!

Como cada año os felicito las navidades deseando que el próximo año venga cargado de estupendos momentos, buenas luces y magníficas experiencias.



Sirva como imagen de felicitación este collage con 10 de las mejores fotos que he realizado este año que ya despedimos y como imagen central una foto tomada por mi hijo de 8 años el pasado mes de noviembre en los bosques de Ordesa que rezuma frescura y creatividad.

martes, 4 de noviembre de 2014

Próxima exposición en Fotografía deArte 2014

Desde el próximo sábado 8-nov y hasta el 28-nov dentro del III Encuentro Nacional de Fotografía DeArte, que tendrá lugar en Torrejón de Ardoz, participaré con la exposición "Paisajes, retratos de una belleza escondida" compuesta de 20 obras junto a otros conocidos fotógrafos de naturaleza españoles, que admiro desde hace años, como son Asier Castro y José Benito Ruíz, entre otros, y diversos colectivos de Fotografía como FONAMAD.

La edición de este año, bautizada con el título "PLANETA TIERRA, POESÍA A PROTEGER", estará dedicada a la naturaleza y al medio ambiente. La inauguración tendrá lugar en La Casa de la Cultura de Torrejón (C/ Londres, 5) el día 8-nov a las 18h donde se podrá disfrutar de cuatro magníficas proyecciones de Fotografía, lectura de bellos poemas, maravillosa música en directo de violín y bella danza contemporánea.


Las distintas exposiciones del encuentro estarán repartidas en los distintos centros culturales de Torrejón. Mi trabajo podrá verse parte en la Casa de Cultura donde expondré 3 fotografías junto a las de José Benito y FONAMAD, entre otras y parte en el Centro Cultural El Parque (C/ Hilados s/n) donde expondré 17 de mi obras, junto con las de Asier Castro.



Como parte del encuentro tendrán lugar diversos monográficos de entrada gratuita hasta completar aforo. Entre ellos yo impartiré uno dedicado al "Procesado de fotografía de paisaje" el día 18-nov a las 19:30 en el Centro Cultural El Parque.

AQUÍ tenéis el programa de eventos y exposiciones y AQUÍ los días y horarios de visita de las exposiciones.

Espero veros por allí!



lunes, 3 de noviembre de 2014

Nuevo calendario El Mundo de los Pirineos 2015


He tenido el privilegio y enorme orgullo de colaborar este año con El Mundo de los Pirineos como autor de su nuevo calendario de 2015 con 36 imágenes que os sumergirán en la magia de los Pirineos.

Aquí tenéis una muestra del mismo:



viernes, 18 de julio de 2014

Lagos de Neouvielle: en busca de paisajes propios

Desde hace un tiempo a esta parte resulta casi alarmante, para cualquier asiduo a foros o concursos de fotografía, el gran número de imágenes prácticamente calcos unas de otras. Enclaves que hace unos años eran casi desconocidos hoy son objeto de ordas de visitantes cámara en mano que, como en busca del su particular Santo Grial, se dirigen a esos lugares con la esperanza de volverse a casa con una foto con la que quizá ganar un concurso o presumir de gran fotógrafo entre sus amistades.

No hay duda de que hay parajes naturales que cualquier fotógrafo de naturaleza debería poder visitar al menos una vez en la vida y una vez allí, después de haber recorrido cientos o quizás miles de kilómetros ¿cómo volverse a casa sin esa foto del "Gran Cañon del Colorado", o el "Valle de Yosemite"? ningún fotógrafo en su sano juicio desaprovecharía esa ocasión. El problema surge cuando concibes la fotografía como una caza de imágenes que otros ya descubrieron y un buen año, cuando echas un vistazo a tu porfolio te das cuenta de que hay de todo menos frescura y originalidad, que no eres más que un triste imitador. Muchos se conformarán con (e incluso desearán) esta forma de progresar en fotografía donde el coste (de estrujarse las neuronas) - beneficio (social) les es rentable. En mi caso, lo que me motiva, lo que me llena como persona, fotógrafo y amante de la naturaleza es ser descubridor de mis propios paisajes, donde las vivencias entorno a esos descubrimientos no pueden separarse de las fotos obtenidas. Donde volverse a casa con una visión única y personal vale, cómo fotógrafo, más que cualquier imitación del Snake River de Ansel Adams o las dunas de Namibia por citar algunos ejemplos.

¡Qué emocionante es pensar que quizás seas las primera persona que se dedica a inmortalizar la esencia y carácter de un lugar, y por un momento sentirse como los descubridores y aventureros de antaño!

Con ese deseo, el pasado fin de semana, me encaminé al Pirineo francés, junto con mi hermano Carlos y nuestro buen amigo Patrick, con la intención de ver qué podía descubrirnos, un año más, la zona de Neouvielle. Sí, un año más porque, lo que descubrimos el año pasado nos enamoró.

Nuestra intención no era realizar una travesía acumulando kilómetros bajo nuestras botas, sino disfrutar de la fotografía y la montaña de forma equilibrada sin grandes proezas y cansancio el justo. La primera noche la pasaríamos a 1h de los lagos d'Aumar y d'Aubert y la segunda en los lagos de Madamete ya fuera de la reserva natural a 1h30 del primer lago. El domingo tocaría desandar lo andado los dos días anteriores.

Preparando la escapada no pude encontrar muchas fotos de las zonas a visitar para hacerme una idea sus posibilidades, con lo que no iba con ideas preconcebidas. Esta vez me dejaría sorprender por lo que me fuera encontrando insitu.

Pasadas las 18:00 (pues no está permitido antes de esa hora) subimos con nuestro coche desde el parking del lago Orèdon hasta el parking habilitado entre los lagos d'Aumar y d'Aubert sabiendo que podríamos bajar a cualquier hora el domingo.

Sobre las 19:30 acampábamos en las inmediaciones de la laguna Gourg de Rabas (a casi a 2.400 m), balcón sobre el macizo de Neouvielle. Las nubes iban y venían pero no dejaban entrever las cumbres del macizo dando al traste toda opción de buenas luces al atardecer, pues se agolpaban hacia el oeste.

Mientras Patrick y mi hermano Carlos buscan como retratar el valle a nuestros pies con el lago d'Aumar brillando como una joya entre las altas cumbres, yo me me dirigí, rodeando la laguna a su extremo más occidental. Las cumbres apenas asomaban desde esta posición, pero ¿quién quiere montañas si se tiene unas buenas nubes como telón de fondo? La forma de las rocas sumergidas y los reflejos sobre un agua inmóvil me alentaron a sacar la cámara de su funda y poner todos mis sentidos al servicio de la escena que estaba contemplando.


Fue la única foto que hice esa tarde pensando que quizás el amanecer nos diese más oportunidades.

Amaneció despejado por el este y muy cerrado por el oeste, tanto que el collado (a apenas 200 m sobre nuestras cabezas) que teníamos que atravesar durante la jornada no se veía.

Durante la subida a la laguna el día anterior reparamos en unas pequeñas charcas estacionales que seguro ofrecerían buenas vistas y reflejos del macizo de Neouvielle. Ni cortos ni perezosos a las 6:00 de la mañana comenzamos a bajar, casi medio dormidos, el camino que la tarde anterior subimos. En 20 minutos nos plantamos en lo que era un espejo entre formas sinuosas rodeado de una alfombra verde. Me llamó la atención como el perfil de hierba dibujaba una potente forma en 'S'. Colocando los árboles de forma que no quedasen cortados sólo fue cuestión de esperar a que las primeras luces incidiesen en los picos a lo lejos para empezar a disfrutar.



Esa mañana tuvimos que demorar la subida al collado de Madamete (2.509 m) pues una fina y esporádica lluvia hizo acto de presencia reduciendo la visibilidad considerablemente en el collado. A ratos metido en la tienda, a ratos haciendo alguna foto, pues la forma y volumen de las nubes lo pedían a gritos, pasamos parte de la mañana hasta que a mediodía comenzó a clarear y nos pusimos en marcha. En media hora llegamos al collado y una hora mas tarde nos plantábamos en los lagos de Madamete (a 2.299 m) ya fuera de los límites de la Reserva Natural de Neouvielle.



Dedicamos buena parte de la tarde a explorar el entorno en previsión del atardecer y amanecer del día siguiente, pero un manto sospechoso de nubes hacía presagiar que quizás no tuviéramos las luces deseadas esa tarde. Cansado de no parar desde las 6 de la mañana, a media tarde me metí en la tienda a descansar y hacer algo de tiempo. Sobre las 20:00, cuando saqué la cabeza de la tienda la niebla ocultaba los macizos montañosos que nos rodeaban. ¿Qué hacer? no quedaba otra que adaptarse a lo que había en ese momento. Cogí la cámara y comencé a jugar con primeros planos definidos en la orilla de la laguna y fondos medio ocultos por la niebla que cambiaban al segundo. El contraste, sencillez y limpieza de formas me atrapó hasta pasadas las 22:00. Esa tarde hice quizás una de las fotos más inesperadas que podía haber hecho superando a cualquier de las que hice ese fin de semana en estética y carga emocional.



Tras una noche fresquita pero tranquila, sonó la alarma del reloj a las 6:10, revelándoseme un paisaje limpio y sin rastro alguno de nubes. Tendríamos la posibilidad de inmortalizar las tan ansiadas, por los fotógrafos, luces de montaña. En mi interior no me sentía tan eufórico como lo habría estado hace años, no tenía un encuadre estudiado y tampoco tenía claro si conseguiría algo distinto. En ausencia de un primer plano claro (las rocas que encontraba no me parecían lo suficientemente fotogénicas) decidí jugar con la transparencia del fondo y las formas geométricas de sus rocas pues el efecto algo surrealista no me desagradaba.



Tras unas pocas fotos más la luz dejo de tener la magia deseada y dimos por concluida la sesión fotográfica. Tras un agradable desayuno sobre un marco incomparable recogimos y nos pusimos en marcha en dirección al parking, sin prisas pero sin pausas, disfrutando del aire fresco de la montaña, de sus sonidos, de sus olores y con la alegría de haber descubierto e inmortalizado una vez más nuestros propios paisajes.

De izda. a dcha. Carlos, Patrick yyo.