miércoles, 4 de diciembre de 2013

El arte de descartar

Se dice que el arte de pintar consiste en ir añadiendo elementos sobre un lienzo en blanco mientras que el arte fotográfico busca precisamente lo contrario, descartar todo aquello de una escena que no contribuye de forma efectiva a transmitir el mensaje del fotógrafo.

Hace tiempo que aprendí el valor que tiene en fotografía saber descartar y no sólo en lo que respecta a los elementos involucrados en una escena. Tan importante es saber simplificar una escena como saber descartar escenas en sí mismas. Cuando uno comienza a hacer fotos todo nos sorprende, pensamos que, simplemente por ese hecho, ya tenemos la mitad de la foto conseguida y que sólo falta encuadrar y disparar. Con el tiempo uno cae en la cuenta de que todo es mucho más complicado. Hay escenas que, pese a dejarnos boquiabiertos, no se prestan bien a ser fotografiadas; con otras, en cambio, sucede totalmente lo contrario, y acabamos  teniendo un mismo tipo de encuadre o motivo varias veces fotografiado en nuestros archivo por lo efectista y cómodo que nos resulta su consecución. Sea cual sea la situación, la mente del fotógrafo funciona a base de descartar primero multitud de escenas y situaciones, para, luego, y una vez da con algo que se presta a ser fotografiado, prescindir de aquellos elementos del encuadre que no contribuyen a la esencia del estimulo a transmitir.

La simplificación y limpieza visual se ha convertido en una de mis máximas desde hace algún tiempo y la búsqueda de escenas no repetidas en mi archivo casi una necesidad para sentir que no me estanco en lo fácil y cómodo.

Hace unos días se me planteó la oportunidad de subir a un lugar de la sierra madrileña que he visitado durante varios inviernos al amanecer. Esta vez quería ver qué podía traerme visitando la zona durante las últimas horas del día aprovenchando la acumulación de nieve que aún se mantenía por las bajas temperaturas. En esta ocasión no iba con ninguna idea preconcebida, quería dejarme sorprender por lo que me encontrase. Quizás uno se vuelve más exigente con el paso del tiempo, o quizás era un día en el que la musa fotográfica no quiso visitarme, sea como fuere estuve más de dos horas recorriendo un paisaje totalmente nevado entre dos lomas montañosas, salpicado de árboles merengados y con una luz que, a medida que el sol iba descenciendo, iba tornándose más y más fotogénica sin conseguir ver un sólo encuadre que me satisficiera. A pesar de todo ello y de no dejar de hundirme en la nieve hasta las rodillas y soportar cortantes ráfagas de viento me sentía afortunado de estar allí.
Con el sol ya puesto, me disponía a gastar mis últimas balas fotográficas antes de emprender el camino de vuelta. Al estudiar uno de los múltiples carámbanos de hielo que, como un colgante de brillantes, pendía de uno de los pinos cercanos al sendero, mis ojos repararon, justo detrás, en un árbol de pose especialmente fotogénica con un blanco que contrastaba con las tonalidades aún anaranjadas del cielo. La luz residual le otorgaba un brillo casi irreal que le aportaba volumen y carácter. No dudé ni un segundo. La foto que no había visto en tres horas de cansado deambular se me presentó como un regalo.

Aprender a descartar y no conformarse con lo primero que se nos presenta, esforzarse por ir más allá de lo evidente o de lo cómodo siempre tiene su recompensa aunque ésta tarde en llegar.

Aprovecho estas últimas líneas para desearos a todos unas muy Felices Fiestas y que el próximo año venga cargado de buenos propósitos cumplidos. Sed felices!


viernes, 1 de noviembre de 2013

Efímero otoño

El trabajo del artista consiste en dejarse imbuir por el entorno, supere o no sus expectativas, y tratar de extraer de él la magia que esconde adaptándose a lo que le ofrece en cada momento.

Uno siempre sale de casa con una imagen idealizada de lo que va a encontrar, con expectativas más elevadas que lo que, habitualmente, la realidad le va a revelar. Quizás sea ese el mecanismo que la naturaleza humana tiene para abandonar las comodidades y lanzarse a la aventura.

Ha sido éste un otoño más efímero que el de años anteriores. Un otoño menos colorido que me ha obligado a estrujarme la cabeza más que en otras ocasiones. No significa ello que los resultados hayan sido mejores. De hecho es posible que hayan sido peores, no sabría decir, sólo el paso del tiempo me lo revelará. Siendo sinceros, no me preocupa tanto la calidad de unas fotos en concreto como la evolución de mi visión fotográfica en el medio y largo plazo. ¿Mis fotos siguen haciendo uso de los mismos patrones estéticos? ¿Me enfrento a una escena de la misma manera sin plantearme nuevas formas de superar las dificultades que me encuentro? ¿Me vuelvo a casa con los mismos motivos que tengo en mi archivo fotografiados una y mil veces?. En definitiva, ¿siento que crezco como artista?

Creo que todo fotógrafo que aspire a retratar el mundo de una manera personal debe plantearse estas cuestiones y no preocuparse tanto por si sus fotografías llegan a la centena de comentarios. La calidad de unas fotos en una salida concreta revelan sólo un aspecto puntual condicionado por múltiples factores, desde la meteorología hasta el estado de ánimo del fotógrafo y como tal tiene sus altibajos, hay que aceptarlo. La evolución en nuestra manera de mirar el mundo y cómo trasladamos esa mirada en nuestras fotos resulta más reveladora y, por supuesto, más cautivadora, al menos para quien hace las fotos.

En esta entrada no voy a relataros las vicisitudes de mi última salida al pirineo, no quiero aburrir o ser monotemático, baste decir que, en retrospectiva, ha resultado tan estimulante como todas las que he hecho hasta la fecha, con nuevas experiencias que guardar en mi memoria y visitas a lugares que no conocía.

Os muestro a continuación una muestra del conjunto de fotos que me he traído, mi visión personal de este atípico otoño de 2013 en el pirineo occidental con una explicación de los motivos que me condujeron a realizar cada una de ellas.

Amanece entre las nubes. Circo de Lescun, P.N. de los Pirineos, Francia
Canon EOS 5D Mark II, EF 70-200mm f/4L USM, polarizador
0,5s @ f/8.0 ISO100
Un cielo encapotado no ofrecía a primera vista ninguna posibilidad de inmortalizar las luces del amanecer pero cuando salí de la cabaña donde había pasado la noche y miré hacia el este vi una fina franja anaranjada de luz sobre el horizonte. Pero lo que más me cautivó fue el volumen y plasticidad del manto nuboso con la débil luz de la mañana. No dudé en utilizar una focal larga para centrarme y enfatizar los dos aspectos que más me atraían. En este caso, el entorno que me rodeaba restaba fuerza e interés al breve y pequeño amanecer que se abría ante mis ojos.


Aguas de otoño. Circo de Lescun, P.N. de los Pirineos, Francia
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador
0,5 s @ f/7,1 ISO200
Bajando de las cabañas de Ansabere volví a encontrarme con una escena en la que había reparado la tarde anterior cuando subíamos hacia las cabañas pero esta vez de colores más saturados gracias a la lluvia de la noche anterior. El río hacia una curva en 'S' ribeteado por el verde de los musgos, líquenes y helechos sobre una alfombra de hojas ocres. Tengo claro que fue la simplicidad de los elementos que forman esta escena lo que me sedujo. Tres colores: rojos, verdes y el blanco; una forma: una curva en 'S' encajada en la escena. 


Pintado por el viento. Valle de Ansó, Huesca
Canon EOS 5D Mark II, EF 24-105mm f/4L IS USM, polarizador
2s @ f/18 ISO200 y 1/13s @ f/8 ISO 800
¿Qué hacer cuando un viento endemoniado no deja de agitar las ramas de los arboles que te rodean? fácil, sacarle partido. Esta es una de las fotos que hace tiempo tenía en la trastienda de mi cabeza esperando la ocasión para inmortalizarla. La ejecución no fue tan sencilla como puede parecer. Quería una velocidad lo suficientemente lenta como para desdibujar completamente las hojas, pero esto mismo hacía que el tronco principal no saliera nítido por la fuerza del viento. La solución hacer otra toma a una velocidad más rápida que lo registrara con total nitidez. En casa no tuve más que combinar ambas fotos.


Juegos acuáticos. Valle de Ansó, Huesca
Canon EOS 5D Mark II, EF 25-105mm f/4L IS USM, polarizador
1/8s @ f10 ISO400
En un otoño sin apenas otoño no tenía muy claro qué fotografiar. En estas situaciones me suelo abandonar a lo que mis sentidos son capaces de encontrar. Fruto de la experiencia sabía que las texturas del agua fotografiada a la velocidad adecuada no suelen defraudar pero es necesario, además, aportar un punto de interés sencillo pero llamativo que complemente la fuerza del agua.


Aguas de otoño II. Valle de Ansó, Huesca
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador
1/8s @ f/5,0 ISO400
No fue sencillo localizar una zona abierta del río Veral en la que además, la masa de vegetación tuviera un mínimo colorido otoñal. El reto de esta foto no fue tanto la composición como su ejecución. Apenas quedaba luz, y para tener todo a foco me veía obligado a utilizar velocidades de varias decenas de segundos con la resultante agua sedosa y sin texturas que no quería. Necesitaba emplear velocidades por debajo del medio segundo con lo que o bien utilizaba diafragmas muy abiertos, con la consiguiente perdida de profundidad de campo, o bien utilizaba ISOs muy altos. La opción por la que me decidí fue la primera tomando varias fotos a f/5,0 enfocando en distintos puntos que luego combiné en casa.


Peña Ezkaurre. Valle de Ansó, Huesca
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador
0,3s @ f/8,0 ISO400
No era la primera vez que tenía ocasión de fotografiar esta mole de roca calcarea. Por segundo año el sol no se dignó a vestirla con sus luces y tuve que pasar a un plan B. Sabía que los pequeños remolinos de agua eran el mejor punto de interés que podía encontrar pero si no me acercaba lo suficiente no tendrían la fuerza necesaria para ser un buen primer plano. Dicho y hecho, ahora sólo quedaba volver a utilizar la misma técnica que en "Aguas de otoño II" para inmortalizar el agua a la velocidad adecuada asegurando que toda la escena quedaba enfocada.


Explosión otoñal. Valle de Ansó, Huesca
Canon EOS 5D Mark II, EF 70-200mm f/4L USM + 1.4x, polarizador
1s @ f/22 ISO 200
Entre los cientos y cientos de árboles que cubren las riberas del río Veral en el Valle de Ansó, ver uno de colores amarillo rosáceo era como si un pintor lo hubiera colocado allí a propósito a brochazos. Esta era la típica situación en la que uno queda prendado por una escena que desde un punto de vista fotográfico no hay por donde cogerla. Estaba apunto de abandonar sin haber tirado una sola foto cuando, como una chispa en mi cabeza, vi claro lo que podría funcionar: un golpe de zoom. Tras varios intentos conseguí la foto que había imaginado.

sábado, 13 de julio de 2013

Sol y hielo en Neouvielle - 2ª parte


LA TRAVESIA


Caminando cerca del lago de Aumar (iPhone 5)
No hay cosa que alegre más el espíritu que caminar sobre un paisaje nevado una día soleado. A pesar del peso sobre nuestros hombros, fue una auténtica delicia abrirse paso sobre la nieve en manga corta dejando atrás los dos lagos que nos habían acompañado durante las últimas horas. Las raquetas que llevábamos nos hicieron más cómodo el recorrido en esta ocasión.

Nos tomamos sin prisas la travesía, con la calma de aquellos que saben que el día es largo, con la tranquilidad de quienes quieren atrapar con cada poro de su ser la esencia del lugar. Tras una hora de camino y una breve parada para tomar un tentempié iniciamos el estrecho sendero que discurría por la falda de una ladera directo a la Hourquette d'Aubert alternando entre zonas de nieve y sendero. 

Hacia la Hourquette d'Aubert (iPhone 5)
(collado en el centro de la imagen)
A medida que superábamos la cota de los últimos pinos la vista hacía el paisaje que dejábamos atrás no podía ser más hermosa. Cumbres nevadas, un cielo azul intenso donde tímidas nubes danzaban al son de una ligera brisa, y bajo nuestros pies, perdiéndose en la distancia, los lagos de Aubert y de Aumar reluciendo como dos gemas encajadas entre montañas tapizadas de una alfombra de coníferas.

En poco tiempo llegamos al punto más conflictivo de la travesía, pues un gran nevero cortaba el camino y no había huellas que indicaran que otros ya lo hubieran atravesado. Un pequeño resbalón sobre la pendiente de 45º que debíamos atravesar longitudinalmente significaría caer varias centenas de metros sobre la nieve. Convinimos que lo más sensato en esta ocasión era hacer uso de los crampones. Y así lo hicimos. Yo en primer lugar, mi hermano Carlos tras de mi, y cerrando la comitiva, Patric. Atravesar aquella lengua de nieve se nos hizo más larga y requirió más esfuerzo del que pensamos, tanto por la tensión de no cometer ningún error y clavar bien los crampones como por el peso que cargábamos, pero el esfuerzo valió la pena.

Llegando a la Hourquette d'Aubert
Lago de Aubert al fondo (iPhone 5)

Superada esta dificultad ascendimos fuera de sendero unas decenas de metros ya por roca y hierba salvado otro nevero unos metros abajo hasta llegar al collado. La vista de lo que sería nuestro lugar de pernocta no podía ser más espectacular, pues el valle, al estar orientado al norte, estaba totalmente cubierto de nieve y los lagos a penas se dejaban ver.

Descendiendo hasta lago Estagnol (iPhone 5)
Tras un merecido descanso tomamos el sendero que bajaba al valle, claramente marcado y por el momento sin nieve. ¿Hasta cuándo? A la media hora lo supimos, pues quedaba interrumpido por otra lengua de nieve. Comencé a avanzar con cuidado, sin crampones ni raquetas. Cuando me quise dar cuenta estaba con el culo sobre la nieve descendiendo a toda velocidad. El sobresalto del primer segundo dio paso al jubilo de lo que se había repentinamente convertido en una diversión y en una forma más rápida y segura de bajar al fondo del valle. Carlos y Patric, atónitos, sólo vieron como descendía rápidamente varios metros para a continuación desaparecer. Al no oír ningún grito, decidieron imitarme. Ese descenso se convirtió en la anécdota del viaje.




Llegados los tres al fondo del valle con una sonrisa dibujada en la cara, comenzamos a recorrerlo en suave descenso. Eran poco más de las tres de la tarde y lo primero que teníamos que hacer era buscar un emplazamiento para las tiendas. Mi idea era acampar cerca del Lago Nère, segundo lago según el recorrido que llevábamos. Mi hermano Carlos se había quedado prendado por las vistas que se tenían desde la Hourquette d'Aubert y estaba decidido a hacer el atardecer, por lo que lo más sensato era montar las tiendas poco antes de llegar al primer lago, Lago Estagnol (2.235 m).

La calidad de la nieve, bastante compactada, no ofreció ninguna dificultad para montar las tiendas. Unas bolsas de basura que trajo Patric, dispuestas sobre la nieve, nos sirvieron de aislante para evitar que el suelo de las tiendas se mojase si a la nieve le daba por derretirse en exceso. Las piquetas, dispuestas en forma de 'T' y bien metidas en la nieve, hicieron perfectamente su función.

Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
1/200 @ f/8.0, ISO 100

A las 6 de la tarde, tras un merecido descanso en la tienda, donde casi nos abandonamos al sueño, bajamos hasta al lago Estagnol, a 10 min de donde nos encontrábamos con la idea de reconocer el terreno de cara al amanecer. El lago estaba aún medio congelado con el Pico de Astazou (2.622 m) alzándose imponente sobre él. Formas heladas blanquecinas sobresalían sobre la superficie helada. Al contemplar la escena deformada por el gran angular dichas formas convergían cual estrella de 6 puntas. La hora se me echaba encima y no había tiempo de seguir buscando composiciones. Carlos y Patric ya estaban en las tiendas y pronto tendríamos que salir para recibir los últimos rayos de sol en la Hourquette d'Aubert. La subida hasta las tiendas fue más agotadora de lo que en un principio hubiera pensado debido al cansancio acumulado en las piernas. Una hora más tarde, mi hermano yo deshacíamos el camino del mediodía por una ruta alternativa para no tener que subir lo que de forma tan divertida habíamos descendido. Patric, decidió quedarse en las tiendas para recuperar fuerzas para el día siguiente.

A pesar de ir cargados sólo con el equipo fotográfico, la subida se me hizo eterna, pero el pensamiento de lo que podían ser las últimas luces del día sobre los lagos nevados me daba las fuerzas y las ganas necesarias para no renunciar. A nuestras espaldas las nubes bajas iban invadiendo los valles a lo lejos y no podía quitarme de la cabeza como nos quedaríamos si una vez arriba resultaba que un mar de nubes tapaba completamente los lagos. Llegamos con tiempo suficiente para comprobar que los lagos eran perfectamente visibles y buscar un buen encuadre, aunque al ser una vista elevada tampoco es que hubiera muchas opciones.

Con el devenir de los minutos las sombras iban poco a poco haciéndose dueñas del paisaje, sólo las cumbres más altas se resistían a ser engullidas por ellas. Las nubes, que tapaban los valles a lo lejos cuando llegamos, fueron avanzando de forma casi imperceptible hasta casi cubrir los lagos de Aubert y de Aumar. En este tipo de situaciones, me gusta siempre experimentar con velocidades lentas haciendo uso de filtros neutros y ver el efecto que consiguen las nubes.

Canon EOS 5D Mark II,  EF17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
filtro degradado neutro -2 transición fuerte, densidad neutra 6 pasos,
exp 1: 4s @ f/22, ISO 100 / exp 2: 30s @f/22 ISO 50
Cuando la franja de picos sobre el horizonte quedó en sombras decidimos recoger y bajar. Las nubes no daban visos de que fueran a coger mejor color y además, queríamos recorrer todo lo que pudiéramos del camino de vuelta con algo de luz. Eran poco más de las 10 de la noche cuando comenzamos a caminar no sin antes inmortalizar con las últimas luces del día el valle que era nuestro hogar.

Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L USM, polarizador, trípode
HDR de 4 exposiciones: 5s, 2s, 0.8s, 1/4s @f/22, ISO 100
La vuelta a las tiendas, donde Patric nos esperaba, transcurrió sin incidentes y no pudimos resistirnos a repetir el mismo tipo de descenso que la vez anterior con la misma sensación de euforia.

La noche iba cayendo y sólo podía imaginarme mi pasta boloñesa calentita seguida por rica una infusión.

A las once y media de la noche con la tripa llena y un cielo totalmente estrellado empezamos la sesión de nocturnas. Una de la fotos que no quería dejar de hacer era la de nuestras tiendas iluminadas con la Vía Láctea como telón de fondo. Con la ayuda de mis compañeros iluminando cada uno de ellos una tienda conseguí la foto que deseaba.

Canon EOS 5D Mark II, EF 14mm f/2.8L II USM, trípode,
exp1:30s @ f/2.8, ISO 6400 / exp2: 4min @f2.8, ISO 1600 (para detalles en las rocas)
Iluminación con frontal en el interior de la tiendas durante 4s
Tener todo el valle sólo para nosotros, con la nieve bajo nuestros pies y con las estrellas como únicos testigos de nuestra presencia, es una sensación que todo el mundo debería experimentar al menos una vez en la vida. Esa noche nos acostamos cerca de la una de la madrugada. El doble aislante bajo nuestros sacos cumplió perfectamente su función y no notamos el frío de la nieve bajo nuestros cuerpos en ningún momento. A las 5:45 sonó la alarma del reloj. El frío de la noche había endurecido la nieve por lo que nos calzamos los crampones para bajar hasta el lago con seguridad.

Llegado al lugar estudiado la tarde anterior, sólo tuve que esperar a que el sol comenzara a iluminar el Pico de Astazou para inmortalizar la escena que había visualizado.

Canon EOS 5D Mark II,  EF17-40mm f/4L USM, polarizador,
filtro degradado neutro -2 transición fuerte, trípode

2s @ f/22, ISO 100
Decidí recorrer la margen del lago para ver qué sorpresas me depararía. Había zonas que claramente no soportarían mi peso, pero en cambio otras no presentaban problemas. Avancé sobre la laguna helada cuando, para mi sorpresa, llegué a una grieta donde infinidad de pequeños universos de burbujas atrapadas en el hielo me dejaron absolutamente maravillado. La fisura no tendría más de cincuenta centímetros de ancho y a través de la fina capa de hielo se veían claramente, a los lados, los bloques de hielo bajo mis pies de varios metros de espesor. En el centro, una negrura, revelaba que en esa zona el lago era bastante profundo. La combinación de azules era increíble, desde azul más oscuro hasta el turquesa más intenso.

Canon EOS 5D Mark II, 17-40mm EF f/4L a mano alzada
1/30s @ f/5.6, ISO 200
Lo ideal hubiera sido colocar el trípode sobre la fina capa de hielo perpendicular a ella para conseguir tener enfocado mayor parte de encuadre, pero estaba seguro de que no aguantaría. Además, sólo podía hacer uso del gran angular pues había dejado el 70-200 en la tienda. No me quedó otra opción que hacer las fotos sujetando la cámara con la mano, con el brazo extendido y en el borde mismo de la fisura componiendo con el Liveview. Hice muchas fotos confiando en que alguna quedara mínimamente enfocada, pero la escasa profundidad de campo con la que jugaba hizo difícil, por no decir imposible, la tarea de conseguir una foto enfocada de esquina a esquina.

Canon EOS 5D Mark II, 17-40mm EF f/4L a mano alzada
1/40s @ f/6.3, ISO 400
Me hubiera quedado unas cuantas horas más pero no podíamos salir muy tarde pues teníamos por delante una larga jornada. De regreso, no quise desperdiciar la ocasión de componer una panorámica del lago con el pico Astazou como gran protagonista.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM, polarizador,
panorámica de 11 fotos verticales y de 4 a 2 exposiciones por encuadre
Eran casi las 9:30 cuando llegué a las tiendas. Carlos y Patric ya habían desayunado. Tomando mi café con leche y mi par de barritas con cereales, disfrutaba, por última vez, de las vistas que se abrían ante mi, entrando en calor con los rayos del sol de la mañana y preguntándome si volvería, en un futuro no muy lejano, a contemplar estos bellos parajes.

De regreso hacia la Hourquette d'Aubert
(iPhone 5)
A las 10:45 salíamos rumbo a la Hourquette d'Aubert y tras deshacer el camino del día anterior, atravesar la lengua de nieve, esta vez ya con claras huellas marcadas, llegamos al parking del Lago d'Aubert poco antes de las 13:30. Media hora más tarde el taxi de la reserva natural nos dejaba en el parking del lago Oredón junto al coche.

El fin de semana no podía haber sido más fructífero, en lo fotográfico y en lo que a la travesía se refiere. Habíamos tenido nubes, sol, nieve, hielo, estrellas y los tres habíamos acabado igual de bien que cuando comenzamos, si exceptuamos el dolor de hombros por el peso de las mochilas.

Lago Oredón desde el Parking (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
Antes de coger carretera de regreso a Madrid, quisimos darnos un buen homenaje de despedida parando en Bielsa para disfrutar de una comida que nos supo a gloria, después de dos días a base de comida liofilizada, barritas y frutos secos.

De camino a casa no podía evitar pensar en una próxima salida, quizás por otros lagos cercanos a Neouvielle pues este paraíso esconde verdaderos lugares de ensueño.


martes, 9 de julio de 2013

Sol y hielo en Neouvielle - 1ª parte


LOS PREPARATIVOS

A la vuelta de Semana Santa comencé a planificar mi escapada estival al Pirineo después de varios meses sin tocar la cámara. Esta vez deseaba ir un poco más allá respecto a salidas anteriores. Quería que la nieve fuese la protagonista de mis fotos. Una escapada a los Pirineos con equipo para dos noches durmiendo a la intemperie no es precisamente sinónimo de viaje ligero, más aún si le sumas los trastos que los fotógrafos de paisaje acostumbramos a llevar. Si además añadimos el factor nieve la cosa se complica mucho más.

Las condiciones que deseaba para mis fotos las tenía claras, pero el momento era otro cantar. Siempre me han llamado poderosamente la atención los instantes previos a los calores veraniegos cuando la nieve comienza a revelar lo que ha dejado oculto durante los meses de invierno, cuando el líquido vital de los lagos y arroyos de montaña comienza a dejarse ver y alterna con los paisajes nevados.

Ese momento de transición era el que quería presenciar, el que deseaba inmortalizar y captar con mi cámara. Así pues, tras informarme decidí que el momento preciso para la escapada sería a comienzos de mayo. El lugar elegido, tras sopesar diferentes opciones, sería la Reserva natural de Neouvielle, en el Pirineo francés. Visitar un lugar que no conoces siempre tiene su atractivo y, por qué no decirlo, sus riesgos. La configuración de dos sus lagos principales, el lago de Aumar (2.192 m) y el lago de Aubert (2.148 m), a los pies de todopoderoso pico Neouvielle (3.091 m) lo hacían especialmente atractivo. A diferencia de otros lagos del Pirineo, estos lagos no tienen la apariencia de lagos hundidos como calderas de un  volcán, en cambio los pinos adornan sus riberas y sus orillas forman pequeñas playas que hacen la delicia del fotógrafo.

La fácil accesibilidad a estos lagos, cuando las nieves dejan libres las carreteras, unido a la fotogenia del entorno determinaba que fuera el punto elegido para pasar la primera noche. Pese a la belleza de este lugar son pocas las fotografías que encontré más allá de las típicas instantáneas realizadas por excursionistas y amantes de la montaña. Pocos fotógrafos, con claro interés artístico y armados con trípode y demás enseres fotográficos, se han acercado a sus orillas, a diferencia de otros enclaves del Pirineo. Eso lo hacía más atractivo si cabe. Aún así, los alrededores de los lagos de Aumar y de Aubert son, con mucho, los lugares más fotografiados de toda la Reserva Natural y alrededores.

Quedaba elegir dónde pasaría la segunda noche. Tras estudiar los mapas de la zona me decanté por un valle orientado al norte donde varios lagos se dan cita en sucesión, como miembros de una gran familia cogidos de la mano. El acceso desde los lagos de Aubert y de Aumar sólo requería salvar un desnivel de algo más de 300 metros y unas tres horas de recorrido. Este valle, abierto hacia norte, está presidido desde lo lejos por el mítico Midi de Bigorre (2.876 m) que, con sus inconfundibles antenas, preside todo el entorno. Al sur, los grandes contrafuertes del pico Neouvielle y al este y oeste sus hermanos menores (Pic d'Astazou (2.622 m) y Pic dets Goubous (2.541 m)) envuelven el valle. Esta orientación lo hacía ideal para fotografiar el atardecer y el amanecer durante los meses centrales del año.

Esquema del recorrido y puntos de acampada
Según se aproximaba la fecha fui consciente de que las condiciones excepcionales de innivación de este año me iban a obligar a retrasar la fecha un mes. Una semana antes del 8 de junio, segunda fecha elegida para salir, había más de 3 metros de nieve en el entorno de Neouvielle y los lagos estaban totalmente tapados. No eran las condiciones que estaba buscando. Decidí, pues, retrasar el viaje un mes más. El espesor de la nieve fue bajando hasta quedar a unos escasos 2 metros. Una semana antes de partir las recientes lluvias sumadas al deshielo produjeron cortes de carreteras en todo el Pirineo, y la carretera de los lagos, que debía tomar, no fue una excepción. El buen tiempo que siguió permitió acelerar las reparaciones y el 28 de junio, junto a mi hermano Carlos y el amigo Patric salíamos rumbo a Neouvielle, con unas condiciones atmosféricas que hacían presagiar un fin de semana y una aventura inolvidable.


COMIENZA EL VIAJE

Parking del lago Oredón (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
Llegamos al parking del lago Oredón sobre las 16:00h, donde nos informaron que el acceso con vehículo particular a los lagos de Aumar y de Aubert estaba cerrado pero sí que se podía subir con el servicio de taxis previo pago (4€ ida y vuelta por persona). La alternativa era cargar cada uno de nosotros con 24kg a nuestras espaldas durante hora y media salvado un desnivel de 300 metros. Tras debatirlo, decidimos pasar por caja y ahorrar así fuerzas para los próximos días.

A tenor de la predicción meteorológica sabíamos que si llovía algo sería esa tarde, tal y como hacía presagiar el cielo cubierto que tapaba las cumbres que nos rodeaban, y que el resto del fin de semana sería soleado.

Llegados al parking situado entre los lagos de Aubert y de Aumar buscamos un lugar donde poner la tienda. La acampada entorno a estos lagos está prohibida fuera del área de vivac junto a la presa del lago de Aubert, pero dada la gran cantidad de nieve que aún quedaba nos dieron cierta flexibilidad a la hora buscar emplazamiento.

Lago de Aubert (panorámica con iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
El ambiente era tal y como me lo había imaginado, las cumbres nevadas, los lagos con bloques de hielo aún flotando y grandes extensiones de nieve primavera que alternaba en zonas con la roca húmeda y la vegetación que comenzaba a despertar de su largo letargo invernal. A los tres nos daba la sensación de haber sido teletransportados a miles de kilómetros, quizás a las Rocosas Canadienses o puede que a un paraje islandés. Estaba claro que habíamos acertado de lleno con las fechas elegidas.

Emplazamiento primera noche (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
A orillas del lago de Aumar, y a escasos minutos del lugar que tenía elegido para hacer el atardecer y el amanecer, encontramos una cabaña cerrada a cal y canto pero con una extensión plana de hierba despejada de nieve al abrigo de una de las paredes laterales, con la suficiente amplitud como para poder poner las dos tiendas que llevábamos.

Sobre las siete de la tarde, cargados únicamente con el equipo fotográfico, nos dirigimos, siguiendo el curso de la carretera (aún con 1,5 metros de nieve a los lados) a inspeccionar el extremo oriental del lago de Aumar que, a priori, ofrecía excelentes posibilidades tanto para el amanecer como para el atardecer. Un bloque de hielo medio sumergido cercano a la orilla al instante atrapó nuestra atención. No podíamos haber imaginado mejor entretenimiento para esa tarde y mejor primer plano, con el Pico Neouvielle de fondo, para nuestras fotos.
Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM
polarizador, HDR de 5 fotos (8s, 3,2s, 1s, 0,4s, 1/8s
@ f/20 ISO100)
Tener tal cantidad de nieve a finales de junio, era todo un regalo, era algo excepcional, quizás irrepetible en muchos años, y nos sentíamos auténticos privilegiados estando allí. Teníamos que aprovechar esas circunstancias como fuera. Apenas nos encontramos un alma esa tarde y la sensación de tener todo el paisaje sólo para nosotros hacía que disfrutáramos de cada instante aún con más intensidad.

Laguna helada (iPhone 5)
© Carlos A. Fdez Ferrá
Las nubes, aferradas al pico Neouvielle, no lo querían soltar y el sol tímidamente se dejaba ver muy de vez en cuando cuando la masa nubosa se lo permitía. A nuestras espaldas, escondidos entre pequeñas lomas, no lejos de la carretera que bajaba al lago Oredón, pequeños lagos escondían grandes tesoros como no tardamos en descubrir. Bloques de hielo medio sumergidos cubrían la mitad de una pequeña laguna y se dejaban entrever con un azul intenso. El perfil de hielo cubierto de nieve mostraba sugerentes formas que enseguida nos cautivaron.

El ambiente gris de la tarde, con un cielo amenazador, combinado con el toque de color azul intenso que otorgaba a nuestras fotos el hielo de formas sugerentes bajo el agua, era hipnotizador, casi surrealista.

Nos nos movimos de allí hasta pasadas las 10 de la noche, cuando la luz comenzó a escasear y el cielo aún cubierto no nos ofreció ya garantía alguna de buenas luces. Regresamos a las tiendas con la idea clara de repetir los mismos encuadres al amanecer pues el sol incidiría en la cumbres de forma lateral. La combinación de naranjas, azules intensos y el blanco de la nieve se me hacía de lo más sugerente. 

Tras una noche tranquila a las 5:15 sonó la alarma del reloj, saqué la cabeza a través de la cremallera de la tienda para constatar que no había rastros de nubes. La luz de una luna alta aportaba suficiente claridad al paisaje para ser consciente de la maravilla que teníamos ante nuestros ojos. No había tiempo que perder, en 50 minutos el sol haría acto de presencia. Según nos aproximábamos a la zona convenida comprobamos como el bloque de hielo que tanto juego nos dio la tarde anterior se había separado bastante de la orilla. Ya no podríamos incluirlo en nuestros encuadres. Tras las primeras fotos de rigor en la llamada "hora azul" con el pico Neouvielle reflejado, ahora visible en toda su magnitud, me dirigí al pequeño lago cubierto de hielo de la tarde anterior. No quedaba mucho para que el sol comenzara a incidir sobre el trío de cumbres. El encuadre estaba claro, sólo era cuestión de esperar.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM
polarizador, degradado neutro 2 pasos de transición fuerte
6s @ f/22 ISO100
Tenía una foto que realmente, por si sola, hacía merecer todo el esfuerzo de haber preparado el viaje. Me resistía a abandonar este lugar, que casi consideraba mágico, haciendo varias tomas más para montar alguna panorámica vertical incluyendo la luna.

Volví a orillas de lago de Aumar, con la intención de fotografiar el pico Neouvielle contra un cielo azul intenso y vestido con sus mejores galas, ya bañado por la luz matutina. Las composiciones desde este lugar no tienen mucho misterio, casi me atrevería a decir que son sota, caballo y rey. Quizás son las condiciones atmosféricas las que pueden conseguir que una u otra foto tenga más o menor magia.

La luz ya comenzaba a ser dura tras llenar mi tarjeta con varios encuadres que me apetecía tener, no tanto por su originalidad como por los recuerdos que me iban a suscitar.

Tras probar con el iPhone una panorámica de 180º, que me sorprendió (el iPhone ha resultado ser una pieza del equipo fotográfico, en este viaje, casi imprescindible para documentar el mismo, sobre todo con el tema de las panorámicas) decidí repetir la misma con la reflex. Tenía configurado el Magic Lantern para que me ejecutara de forma automática las exposiciones necesarias para cada encuadre, de forma que, ya en casa, podría hacer blending o HDR de cada una de ellas antes de montar la panorámica. Hacerlo así resultó de lo más cómodo, un disparo por encuadre daba lugar de forma automática a N exposiciones asegurando que cubría todo el rango dinámico de la escena.

Canon EOS 5D Mark II, EF 17-40mm f/4L USM
polarizador, panorámica de 9 fotos verticales
y de 4 a 2 exposiciones por encuadre)
Sobre las 10:00 de la mañana volvimos sobre nuestros pasos a las tiendas para desayunar y rehacer las mochilas. Nos esperaba una travesía interesante hasta el Lago Nère pasando por la Hourquette d'Aubert (2.498m), pero esta historia tendrá que esperar a una próxima entrada.

lunes, 4 de marzo de 2013

Charla sobre el Proceso Creativo en la Fotografía de Paisaje en National Geographic Store


Como parte de las charlas que FONAMAD lleva haciendo, desde hace un tiempo, en la tienda de National Geographic en Madrid, me estreno el próximo día 21 de marzo con una charla sobre El Proceso Creativo en la Fotografía de Paisaje.

Durante una hora hablaré, desde un punto de vista personal, sobre qué factores intervienen en la creación de una imagen desde el punto de vista creativo. Desde la concepción mental de una idea hasta su plasmación en un soporte pasando por el trabajo de campo, donde las técnicas de composición juegan un papel clave en el mensaje que quiere transmitir el fotógrafo.

sábado, 16 de febrero de 2013

5 consejos esenciales para mejorar tus fotografías de paisaje





El sábado pasado tuve oportunidad de impartir un taller de fotografía de paisaje a miembros la Agrupación Fotográfica Ortiz-Echague (AFOE) en la Sierra de Guadarrama.

Fruto de este taller os dejo una serie de consejos que os ayudarán a mejorar vuestra forma de enfrentarnos a la fotografía de paisaje:


1. Primero busca con la mirada, luego con la cámara en la mano y finalmente utiliza el trípode.

En cualquier libro y manual de fotografía de paisaje es habitual resaltar la importancia de utilizar un trípode para afinar la composición y evitar problemas de trepidación, pero su utilización debería dejarse siempre para el final.

El primer paso debería consistir en utilizar únicamente tus ojos buscando algo que te enganche y te atrape visualmente. Cuando lo encuentres, saca la cámara, trata de encuadrar con ella en la mano aquello que te ha seducido y verifica si la escena vista a través del rectángulo que es el visor te sigue enganchando. Agáchate, da un paso hacia adelante, cambia de formato horizontal a vertical y explora todos los posibles puntos de vista. Sólo cuando de verdad encuentres el encuadre perfecto coloca tu cámara en el trípode tratando de respetar el mismo punto de vista que habías conseguido con la cámara en la mano. Suele ser este uno de los pasos más complicados. Sólo a partir de ese momento estarás en disposición de ajustar los parámetros de exposición y hacer la foto.

No olvides nunca que el trípode, a pesar de ser una herramienta esencial para el fotógrafo, siempre nos va a limitar los movimientos y si lo primero que hacemos es colocar la cámara sobre él es posible que pasemos por alto muchos puntos de vista y encuadres que ni quiera sospechábamos.


2. No pienses de forma descriptiva, piensa de forma gráfica.

Cuando salgas a hacer fotos trata de cambiar el "chip". No pienses de forma literal, no trates de hacer una foto a ese tronco, a esas nubes o a esos carámbanos de formas curiosas, por citar unos ejemplos. Piensa de forma gráfica, déjate engatusar por el contraste de texturas, por el ritmo de patrones de cierta escena o por el juego de tonalidades. Busca repeticiones de elementos, equilibrio y similitudes de formas geométricas, recorridos agradables por la escena. La clave es ver el mundo con nuevos ojos, es ver más allá de lo que ven el común de los mortales, es ver con ojos de fotógrafo.


3. Acomoda tu equipo fotográfico a tus necesidades de forma incremental, no al contrario.

Trata de ir formando tu equipo fotográfico en función de las necesidades que precisas ir cubriendo. Sólo el paso del tiempo te dirá cuales son.

Es muy habitual, para quien se inicia en el mundillo de la fotografía, empezar a adquirir su equipo de trabajo por imitación, de compañeros de afición, de lo que lee en los foros de Internet, etc. sin realmente tener claro el tipo de fotografía que más le va a atraer. La fotografía es un hobby caro, para que lo vamos a negar, y abarca un espectro muy amplio. Incluso dentro de una misma disciplina como puede ser el Paisaje, no todos los fotógrafos se sienten atraídos por los mismos motivos ni de la misma forma. Hay quienes se decantan más por escenas con primeros planos potentes donde el gran angular es su pieza clave, otros, en cambio, se sienten más cómodos con escenas más íntimas y el teleobjetivo es su principal instrumento. Hay quienes no ven sentido a utilizar filtros degradados neutros y otros que sólo cogen la cámara en vacaciones y con su trípode de pocos euros es feliz.

Cada cual debe ir descubriendo por si mismo el tipo de fotografía que más le gusta, con la que se siente más cómodo e ir adaptado, poco a poco, su equipo a sus intereses de forma que nunca le limite. No se trata de comprar por comprar y luego buscar una necesidad a esa compra, se trata de todo lo contrario, de ir cubriendo necesidades.


4. No te obsesiones con los aspectos técnicos. Obsesiónate por los aspectos estéticos y de composición.

Si algo abunda en toda la literatura fotográfica de unos años a esta parte, ya sea en libros, revistas o webs, es todo lo que tiene que ver con los aspectos técnicos de la fotografía, desde cómo aprender a exponer o qué objetivos dan la mejor calidad óptica y en qué condiciones, hasta cuáles son las características de una nueva cámara y porqué con ella conseguiremos fotos con una calidad desconocida hasta la fecha. Quizás sea por lo fácil que resulta digerir toda esta información e incorporarla a nuestro know-how fotográfico sin mucho esfuerzo por nuestra parte. Nos obsesionamos por conseguir una fotografía con la máxima calidad técnica pero descuidamos la calidad estética. La estética y la composición son aspectos escurridizos que cuesta mucho llevar a la práctica. Ansel Adams en su famosa frase "No hay nada peor que una foto nítida de un concepto difuso" ya ponía de manifiesto que de poco sirve cuidar la técnica si el mensaje no queda claro. Olvidémonos de píxeles, curvas MTF, ruido de sensores y centrémonos más en conseguir composiciones efectivas, fotos con mensaje que hablen al espectador. Estrugémonos primero la cabeza extrayendo la belleza escondida de un paisaje (tarea nada sencilla pero la mar de reconfortante cuando se consigue) y preocupémonos más tarde por la nitidez de nuestros píxeles.


5. Simplifica, simplifica, simplifica.

No me canso nunca de repetir estas palabras, como si de un mantra se tratase, a los asistentes de mis talleres. Antes de apretar el disparador pregúntate qué quieres fotografiar, si en tu respuesta aparecen más de dos o tres cosas vuelve a pensar qué es lo que más te atrae de lo que estás viendo y trata de simplificar hasta quedarte con un elemento o dos a lo sumo. Luego, trata de quitar del encuadre todo aquello que no se corresponda con lo que quieres. Fotografiar es un acto consciente de eliminar distracciones hasta quedarte con la esencia del mensaje que quieres transmitir. Si lo que te atraen son esos carámbanos de hielo y cómo su rigidez contrasta con el movimiento del agua, ¿por qué en el encuadre aparecen también rocas y ramas? Si te gusta la forma de roca haz otra foto que centre la atención en ella pero no incluyas todo en una misma foto. Sólo conseguirás confundir al espectador. Un ejercicio muy efectivo suele ser, una vez hecha la foto, hacer zoom sobre ella para comprobar si el nuevo encuadre gana en fuerza y claridad. A veces resulta sorprendente lo que descubrimos.

Espero que estas recomendaciones os sean de utilidad y os ayuden a mejorar un poco más como fotógrafos. 




Sobre las fotos:

Foto superior: me atrajo la secuencia repetitiva de los distintos carámbanos y cómo colgaban de una roca de  aspecto metálico. El fluir el agua era otro elemento que quería incluir en el encuadre pero de forma que se plasmase su movimiento y lograr así cierta textura. Para ello era necesario utilizar una velocidad entorno al medio segundo. En esencia, sólo dos elementos (agua y hielo) eran los que debía incluir en el encuadre. El punto de vista elegido se escogió con cuidado de forma que la punta inferior del carámbano mayor no quedase tras las estela de agua y se situase según los tercios. Por último se cerró el encuadre lo suficiente para evitar introducir cualquier elemento del fondo o primer plano que distrajera logrando que los carámbanos quedasen enmarcados por arriba (por la roca) y por abajo (por el agua). Canon EOS 5D Mark II, EF70-200mm f/4L IS USM, polarizador, trípode, 0.6 s @ f/32 ISO 800.

Foto inferior: La sencillez de esta foto viene por la repetición de las formas geométricas (en este caso el triángulo) y la simetría en los dos ejes (pinos a ambos lados y reflejados). La Maliciosa, con sus tonalidades rojas, asomando entre los pinos como escoltas de un tesoro a guardar, aporta tensión y fuerza a la toma. El procesado en este caso ha jugado un papel clave para aportar volumen en el cielo y cargar de dramatismo la toma. Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L IS USM, polarizador, trípode, 0.5 s @ f/16 ISO 800.



martes, 5 de febrero de 2013

Decisiones digitales durante el proceso de captura


Hasta hace no muchos años, con el auge de la diapositiva, el proceso creativo a la hora de plasmar lo que el fotógrafo tenía ante él acababa con el clic del disparador. Ya no había más, el trabajo para esa captura había finalizado, para bien o para mal. No había espacio para decisiones posteriores, salvo descartar la foto.

Por suerte muchas cosas han cambiado desde entonces, la llegada de la fotografía digital ha abierto nuevas formas de concebir el proceso fotográfico-creativo y el clic del disparador no supone el final del proceso sino el fin de una etapa (o el comienzo de otra, según lo queramos ver).

En la actualizad el fotógrafo digital, a la hora de valorar el conjunto de decisiones que le inducirán a realizar una foto, ya no sólo debe tener en cuenta los parámetros clásicos de luz, composición y tiempo. No. Debe ir un paso más allá, y pensar, antes de apretar el disparador, los criterios de procesado que puede aplicar a la imagen. En función de ello la imagen a tomar puede cambiar drásticamente, entre hacer la foto y no hacerla, entre decantarse por un encuadre o por otro totalmente distinto.

Nota: en realidad esto ya era así en la época anterior a la dispositiva, pero parece ser que se nos había olvidado.

Este es el caso de la siguiente imagen, tomada este pasado viernes en Sierra de Guadarrama.


Canon EOS 5D Mark II, EF17-40mm f/4L IS USM, 
polarizador, trípode, 3.2 s @ f/22 ISO 100


Al ver la poca nieve que había cuando aparqué el coche, decidí cambiar de planes respecto a mi idea original e intentar fotografiar el atardecer desde la cima de la Najarra (2.199 m). Después de una hora de continuado ascenso fuera de todo sendero llegué muy justo de tiempo, sin margen para explorar el lugar como me habría gustado. Toda la zona era un raso yermo y caótico de manchas aisladas de nieve y pequeños matorrales sin ningún tipo de aliciente estético. En pocos minutos el cielo comenzó a estallar en colorido. Quería captarlo en toda su dimensión pero a la vez conferir sensación de profundidad. No quedaba otra que hacer uso del gran angular, pero ¿qué primer plano utilizar? ¿un arbusto de las decenas que allí había sin ninguna gracia? ¿un manchurrón de nieve? normalmente en este tipo de situaciones lo que hay que evitar son primeros planos caóticos muy contrastados. De repente lo vi claro, debía buscar una extensión más o menos amplia de nieve y aprovechar las suaves líneas que se forman para dirigir la mirada por el encuadre. Unas líneas que aunque muy sutiles a simple vista podría enfatizar lo suficiente durante el post-procesado. Y lo sabía porque no era la primera vez que me enfrentaba a una situación de este tipo. Poder enfatizar convenientemente esas líneas conductoras de la mirada por la imagen resultaba clave para el éxito de la fotografía.

Compositivamente hablando, las líneas del primer plano inician un camino en zig-zag ayudado por la línea del horizonte y rematado las líneas de fuga de las nubes.

Si me hubiera enfrentado a esta situación en la época de la diapositiva, estoy convencido de que no habría realizado la foto y habría buscado otro encuadre. El primer plano hubiera resultado muy soso, muy plano, carente de fuerza y atractivo. De no haber visualizando en mi mente, antes de apretar el disparador, el tratamiento que iba hacerle a la foto, es decir, cómo quería procesarla, no me habría decidido por este encuadre en particular.

Tener una idea clara de lo que se quiere plasmar y cómo se quiere mostrar es clave para orientar las distintas decisiones a las que tiene que enfrentarse el fotógrafo de paisaje, en tiempo de captura y durante el post-procesado.

Para finalizar esta entrada, os dejo unas palabras de Ansel Adams con las que me siento muy identificado:

"No puedo expresar de ninguna manera con palabras el significado interno de las fotografías. Alguno de mis amigos puede pero a un nivel místico, yo prefiero decir que, si siento algo muy fuerte, es cuando hago la fotografía, que es el equivalente de lo que vi y sentí... Cuando estoy listo para hacer una foto, creo que, de forma muy obvia, veo en mi mente algo que literalmente no está allí, en el sentido real de la palabra. Mi interés se centra más en expresar algo que se construye desde dentro que en extraerlo desde fuera."