miércoles, 8 de abril de 2015

Atardecer en Famara

No soy muy dado a incluir la figura humana en mis fotografías de paisaje, pero en esta ocasión creo que su inclusión funciona bastante bien. La foto está tomada en la playa de Famara en Lanzarote durante un atardecer esta pasada Semana Santa.

Mi hijo de 8 años cada vez le está cogiendo más el gusto a la fotografía y en esta ocasión, él equipado con una compacta y un pequeño trípode y yo con mi equipo habitual, réflex y trípode, nos acercamos a la orilla una hora antes del atardecer con el fin de buscar motivos y encuadres para cuando el Risco de Famara, al fondo, se tiñera de rojo con las últimas luces del día. Yo me aposté frente a unas rocas que pensé podían constituir un buen motivo. Mientras tanto, mi hijo no dejaba de fotografiar todo aquello que le llamaba la atención. Una mezcla de envidia y alegría me invadía. Alegría porque veía como el gusanillo de la fotografía le había picado. Envidia, porque disparaba sin complejos, sin prejuicios, en el que cada click era un descubrimiento personal.

Cuando el sol empezaba a acariciar el horizonte, y después de haber realizado unas cuantas tomas con el encuadre elegido, pensando ya en rematar la sesión, le pedí a mi hijo que se colocará en cierto lugar de la playa. La inclusión de la figura humana en este caso ayuda a recorrer la imagen de una manera más efectiva conectado el primer plano y el fondo. Es bien sabido que el número tres otorga a las fotografías un atractivo que no tienen ni el 2 ni el 4. En este caso, la figura humana supone la inclusión de ese tercer elemento, que confiere a la vez equilibrio y dinámismo.

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